2017 URT. 09 CRÍTICA «De-mentes criminales» La caricatura más grotesca del disfraz delictivo Mikel INSAUSTI Con “Don Verdean” (2015) Jared Hess hizo la transición del cine independiente a la comedia comercial de Hollywood, perdiendo o dejando por el camino su característico apego a la subcultura “nerd”, manifestado en “Napoleon Dynamite” (2004), “Super Nacho” (2006) y “Gentlemen Broncos” (2009). Esa renuncia significa el alejamiento consciente de sus señas de identidad creativas, dependientes del retrato de personalidades raras y asociales encarnadas por actores y actrices no profesionales que hacían de si mismos. A cada nueva película su particular galería “freak” se ha ido viendo relegada a roles secundarios o de meros figurantes, hasta desaparecer del todo con “Masterminds”, dónde se impone el elenco estelar destinado a elevar los ingresos en taquilla dentro de una carrera otrora suicida. No cabe duda de que la reconversión plantea serios problemas para un Jared Hess obligado a caricaturizar a cómicos de renombre en el papel de excéntricos perdedores, aún a riesgo del consiguiente vaciado de la autenticidad en el retrato tomado del natural. Máxime cuando “Masterminds” se basa en hechos reales protagonizados por el verdadero David Ghantt, que es algo así como El Dioni estadounidense, al tratarse de un conductor de furgones blindados que robó a la compañía Loomis Fargo para la que trabajaba 17 millones de dólares. En medio de semejante tesitura lo que aporta en definitiva Jared Hess a la comedia gamberra “mainstream” es su raro sentido del disfraz, un disfraz delictivo que en “Masterminds” no se aplica curiosamente a la figura del atracador a la hora de dar el golpe, sino a lo largo de la posterior huida a México y como método de ocultación o camuflaje. Un contexto en el que Zach Galifianakis sale favorecido gracias a su insuperable capacidad para el transformismo, digna de un Peter Sellers. Junto con la siempre divertida Kristen Wiig desmitifican a Bonnie & Clyde.