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BELLA DURMIENTE

Érase una vez, en un reino a la vuelta de la esquina


El cuento es el de siempre. El de toda la vida. Aquel que nos remite a un pasado remoto. A un tiempo en que la dicha del reino más mágico del mundo es anestesiada por las malas artes de una hechicera consumida por la envidia hacia los dos únicos tesoros que no posee: la juventud y el amor. Dichos dones estarán por siempre jamás preservados; encarcelados con recelo en lo más alto de la más alta torre... Hasta que, como ya sabemos, el beso del príncipe azul rompa el encantamiento.

En estas que Adolfo Arrieta, cineasta pionero del cine independiente, decide despertar de su largo letargo y probar suerte, de nuevo, con un largometraje. La inspiración la encuentra ahora en una monarquía imaginaria (aunque ligeramente basada en hechos reales), cuyo príncipe heredero sueña despierto con el cuento de marras. Una excusa tan buena como cualquier otra para revivir la magia de antaño y, de paso, para confeccionar un irresistible diálogo fílmico entre presente y pasado; sueño y realidad. Propuesta juguetona, quintaesencialmente francesa, pero no por ello inclasificable en su humor, su tempo y su manera de plantear una narración que encuentra la diversión en aquello que aparenta ser somnoliento. Es así como la siesta se convierte, como por arte de magia, en pura fiesta.