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Veneno


La legislación penitenciaria, que parece tan seria, es habitualmente guasona en sus expresiones. Por ejemplo, gusta mucho de utilizar la palabra «disfrute»: «los internos disfrutarán de una hora de patio al día». Lo que, dicho así, parece un jolgorio y un puro gozo, consiste en una hora de freírse al sol, congelarse hasta el alma o calarse hasta los huesos antes de volver a las restantes 23 horas diarias de celda pura y dura.

Con el mismo espíritu bromista, ha dado en denominar «permisos» a los traslados de presas y presos políticos vascos, al domicilio donde se encuentra un familiar a quién su estado de salud impide realizar un viaje de hasta 2.000 kilómetros. El «permiso», consiste en permanecer allí, generalmente tan esposados como llegaron y con presencia policial, durante una hora, que es el tiempo que las autoridades estiman suficiente para compensar las visitas de las que el alejamiento les ha privado durante años. Aprovechando el vocabulario sui géneris penitenciario, plumillas enardecidos se han lanzado a abonar terreno, disertando sobre la infamia y la injusticia de estas «vacaciones» (así, vacaciones, con todas las letras) autorizadas por los jueces. Podría pensarse que está muy feo generar opinión sin estar debidamente informados, pero no es que les falte información, es que les sobra veneno.