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Socialdemocracia en crisis


La crisis de la socialdemocracia tiene un alcance continental, cuando no global. En Europa ha perdido en pocos años la mitad del apoyo electoral (del 40% al 20%). La pasokización, en referencia al hundimiento de la socialdemocracia griega (Pasok) ya no es un fenómeno aislado y abarca a formaciones históricas de cada vez más países. Alternativas como la coalición con otros grupos de izquierda han tenido éxito en Portugal y han abierto una crisis existencial en el Estado español. El escoramiento liberal tiene sus fracasos (EEUU) y sus éxitos (Canadá), siquiera de momento (Macron).

 

Dos hipótesis para una sola y no única crisis

Dos son las explicaciones más manidas sobre las razones de la crisis que amenaza con condenar al baúl de la historia a la socialdemocracia.

Una de ellas apela a la incapacidad de los partidos socialdemócratas y progresistas para reaccionar a la vertiginosa evolución de las sociedades occidentales, con sus crecientes contradicciones, miedos e incertidumbres, lo que provoca en el electorado una suerte de autismo político que beneficia indudablemente a la (ultra) derecha y a su falso discurso de seguridad .

Esta hipótesis niega por principio la capacidad de la política para moldear –modular si se quiere– la sociedad, lo que la condena a asumir personajes «menos malos» como Macron o Remzi. «Hay que acomodarse a los nuevos tiempos...».

La otra hipótesis responsabiliza a la socialdemocracia por haber abandonado las viejas esencias y haberse entregado a una deriva liberal que la ha acabado equiparando a la derecha de siempre.

Confieso que, como teoría, es mucho más edificante pero me temo que sigue sin agotar la explicación. Sobre todo cuando en no pocos casos huele a un viejo ajuste de cuentas y apela a los orígenes puros de un cierto modo de pensar la izquierda, este sí, enterrado por la historia. Y porque sigue considerando que la política debe, no ya modular sino dirigir la sociedad, con lo que cae justo en el error contrario. Pero error, al fin y al cabo.

La crisis de la socialdemocracia, que al fin y al cabo no es más que una manifestación de la crisis de la izquierda, solo podrá conjurarse cuando pueda manejar nuevos registros y mensajes –no soflamas– y lanzar nuevas y audaces propuestas –que no viejas certidumbres– a una sociedad que –querámoslo o no–, no corre sino vuela.

 

Macron hurga en la herida mortal del histórico PS francés

Tras quedar el PS fuera de juego con un 6% en las presidenciales, un tercio de los votos que logró la plataforma de izquierda de Mélenchon, el nuevo presidente galo, el socioliberal Macron, prosigue chupando la sangre a un partido moribundo y que le lanzó a la carrera política dándole hace años la cartera de Economía.

 

Denostado, Corbyn rescata la histórica socialdemocracia

Jeremy Corbyn, líder laborista ratificado por las bases y despreciado por su grupo parlamentario, ha presentado un programa de nacionalizaciones e impuestos al más viejo estilo de la socialdemocracia histórica. Con ello busca desmentir a los sondeos, que le auguran una preocupante derrota.

 

La pasokización se conjuga en neerlandés

La «derrota» del xenófobo Geert Wilders a manos del liberal Mark Rutte ocultó lo que fue la principal noticia de las elecciones de marzo: el batacazo del PVDA, histórica formación socialdemócrata, que pasó de 38 a 9 escaños. Pagó cara su coalición con el programa de recortes de los liberales.

Un modelo nórdico de socialdemocracia con lecturas a veces tópicas

La socialdemocracia nórdica es reivindicada como modelo a imitar tanto en términos de servicios públicos comunitarios, sufragados con una alta presión fiscal, como en eficacia político-económica, en la que la corrupción es una rara avis. Sin obviar o minimizar la calidad de vida de esos países, como con todo modelo, las lecturas suelen ser parciales. Es el caso de la función pública, con menos peso que en economías del sur de Europa, o con la paradoja de que las nórdicas son sociedades individualistas, de libre mercado y con una cultura calvinista del trabajo. Para bien y para mal.

De viejos comunistas a socialdemócratas para seguir en el poder

El desplome de la URSS y del Pacto de Varsovia provocó que las viejas nomenclaturas comunistas de los partidos en el poder durante cuatro decenios de padrinazgo soviético mutaran en partidos socialdemócratas que pedían el inmediato ingreso en la Internacional Socialista. Pero, como ocurrió durante la pax soviética, el alumno volvió a superar al maestro y la gestión del poder de estos partidos ha batido récords en la asunción de agendas liberales y en la entronización sin límites de viejos esquemas de corrupción. Aquellos barros han derivado en un lodazal donde nada la extrema derecha. Como pez en el agua.

 

El modelo Trudeau, una alternativa a la canadiense

«Hijo de papá» del histórico político liberal Pierre Trudeau, y desde finales de 2015 primer ministro de un país, Canadá, muy singular en comparación con su vecino y equiparable, con matices, a las democracias nórdicas, Justin Trudeau ejemplifica como nadie, y más tras la retirada de Barack Obama, el modelo de político que combina una defensa a ultranza de los derechos humanos y de las minorías con una visión, sin complejos, liberal en economía. Todo ello aderezado con un gran talento para seducir a una sociedad cada vez más líquida y pendiente del efectismo político.

 

La deriva de los Demócratas permitió el triunfo de Trump

La derrota de Hillary Clinton en las presidenciales frente a Trump tras ocho años de Administración Obama dejó en evidencia los problemas de la deriva de un partido, el Demócrata, que llevó al extremo, y en nombre de la modernidad globalizadora, el abandono de la causa de la clase obrera blanca, cuyo escoramiento hacia los cantos de sirena proteccionistas del actual inquilino de la Casa Blanca fue decisivo para que Clinton perdiera por unos miles de votos en cuatro estados clave del cinturón industrial. El éxito meses antes en las primarias del senador por Vermont, el «socialista» Bernie Sanders ya había avisado del desastre. Sanders, que promueve una agenda política que en Europa no pasaría más que como socialdemócrata, intenta promover un cambio profundo para que el Demócrata deje de ser visto en algunos sectores como el partido de las élites de Washington.

 

El «efecto Schulz» se desvanece a meses de las legislativas

Presidente del Parlamento de la UE desde 2012, el renano Martin Schulz asumió en marzo de 2017 el liderazgo del SPD y las primeras encuestas auguraron que podría disputar la Cancillería a la democristiana Angela Merkel en setiembre. No obstante, el triple triunfo de la CDU en los comicios en tres länder, en especial la derrota histórica de los socialdemócratas en su feudo de Renania del Norte-Westfalia, ha evidenciado que el SPD necesitará más para superar la visión de un partido diluido en la Gran Coalición y, sobre todo, responsable de la Agencia 2010 con la que Schröder impulsó reformas liberales y recortes sociales. El problema es que no parece que La Izquierda (Die Linke) coseche los votos del desencanto socialdemócrata.

 

Hay alternativa y se llama «Geringonça»

En un escenario de crisis europea y mundial de la socialdemocracia, sorprende el poco eco que, desgraciadamente como siempre, tiene la experiencia de acuerdo de Gobierno entre el PS, el Bloco de Esquerda (trotskista) y el PCP. Más allá de las naturales divergencias, la «Geringonça» está dando buenos resultados, no solo para la gente sino incluso para las expectativas electorales del PS.

 

Primarias en un partido a la gresca y a la deriva sin rumbo

Tras un 2016 aciago en el que el PSOE perdió dos veces contra el PP y un golpe de Estado interno que se cargó al secretario general, Pedro Sánchez, por su negativa a permitir la formación de un nuevo Gobierno Rajoy, las primarias de hoy pueden sancionar el triunfo del aparato (Susana Díaz) o resucitar a un Sánchez con muchos apoyos en la militancia. El resultado que logre Patxi López puede inclinar la balanza. Gane quien gane, la crisis, amenaza de escisión incluida, está servida. En un partido sin rumbo claro, ni social ni territorial.

 

Renzi culmina la evolución líquida del histórico PCI

El caso italiano ejemplifica como pocos que la cuestión de la socialdemocracia y su futuro apela más que todo al pasado y al futuro de la izquierda. El histórico PCI, con la legitimidad por haber liderado la resistencia antifascista, fue bloqueado durante 40 años pese a ser la primera fuerza. En paralelo al desplome del comunismo comenzó una transformación de siglas (Partido Democrático de Izquierda, Partido Democrático, coalición de El Olivo...) cuyo último exponente es la candidatura centrista del ex primer ministro Mateo Renzi. Se podrá culpar a este último y con razón de arribista y oportunista. Así, la izquierda seguirá sin preguntarse por qué la gente prefiere votar a 5 Stelle, del cómico Beppe Grillo.