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Laboratorio de pruebas


Hay un pequeño relato en el “Manual de estilo literario para narradores” de Ángel Zapata por el que siento predilección: «En el sur de Galicia, cuando septiembre llega bueno puede ser uno de los mejores meses del año. Pero aquel año septiembre vino lluvioso y triste, y todos me compadecían por tanta mala suerte. No sé por qué todo el mundo desea para los visitantes que llegan a su casa un tiempo soleado. Emprender un viaje siempre ha traído para mí la esperanza de encontrar paisajes, personas y cosas sorprendentes, y poca sorpresa podían depararme un cielo limpio y un sol radiante».

Lo que me agrada de la historia –que interpreto en clave montañera– es el modo en que su protagonista habla del tiempo meteorológico y de las sorpresas que, al contrario de lo que muchas personas piensan, se pueden encontrar en medio de un cielo «revuelto».

Recientemente he tenido la posibilidad de realizar una misma excursión con tres situaciones meteorológicas diferentes. La primera con cielo azul; la segunda con niebla y lluvia –escampó a última hora–; y la tercera con niebla, lluvia y algo de viento que no cesaron hasta el final. Todo ello en un variado recorrido por campas, bosques de hayas, balcones-miradores y laberintos de piedra.

El primer día, como es lógico, resultó precioso. El segundo estuvo bien, aunque sobró un poco de lluvia. Y el tercero, se hizo un tanto desapacible. Sin embargo, la misteriosa luz de los hayedos envueltos en la niebla, el embrujo de los bosques de piedra y la atmósfera que reinaba en el lugar fue más espectacular el día en el que el cielo nos dio menos tregua.

Una situación así requiere, obviamente, ir bien equipado. De hecho, hay un refrán nórdico que dice que no hay mal tiempo sino ropa inadecuada. ¿Cómo saber si se está convenientemente vestido en montaña? No importa la actividad que se esté realizando; si no se suda, no se pasa frío y es posible moverse con comodidad, se lleva la ropa necesaria. No es fácil. Podemos optar por quedarnos en casa o por aprender sobre ello poniendo nuestro propio «laboratorio de pruebas» en marcha.