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Un Trump conciliador para vender una agenda «ultrarrepublicana»

En su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente de EEUU dejó a un lado los insultos y su histrionismo y apeló a la unidad para alcanzar acuerdos con los demócratas. Pero siempre en torno a una agenda extremadamente republicana, sobre todo en cuestiones migratorias y de política internacional.


Ante un Congreso al completo, el presidente de EEUU hizo un llamamiento a la unidad tras un año de mandato marcado por la profundización de la división política que atraviesa desde hace tiempo la sociedad estadounidese y por una sucesión de polémicas y escándalos.

«Juntos construiremos una América segura, fuerte y orgullosa», urgió Donald Trump en su primer discurso sobre el estado de la Unión en el que, parco en detalles o anuncios concretos, adoptó un tono conciliador en muchas cuestiones aunque, fiel a su retórica incendiaria, presentó el tema migratorio bajo el prisma de la violencia, la droga y los atentados.

«Esta noche quiero hablaros (...) del tipo de país que lograremos. Todos, juntos, como un solo equpo, como un solo pueblo y como una sola familia americana», insistió, siguiendo la estela del pragmatismo del que hizo gala recientemente en Davos.

Con la popularidad en niveles históricamente ínfimos según los sondeos, y amenazado por la investigación sobre la presunta interferencia rusa para apuntalar su campaña electoral, Trump lanzó varios recados, más o menos acertados, de cooperación con la oposicón demócrata, tanto en el ámbito de la inmigracion como en infraestructuras.

El Empire State Building

Con un crecimiento del 2,3% en 2017 frente al 1,6% de 2016,la bolsa con cifras récord y un desempleo en niveles de paro técnico, y avalado por tanto por datos macroeconómicos inapelables, –aunque herederas de la gestión de su antecesor, Barack Obama– un Trump exhuberante apeló a los demócratas y republicanos a que aprueben un plan para reconstruir las caducas infraestucturas de EEUU con billón y medio de dólares. «Somos un país de constructores. Levantamos el Empire State Bulding (de Nueva York) en un año. ¿No es una vergüenza que ahora pueda llevar hasta diez años conseguir un permiso para una simple carretera?».

Dreamers por muro

En el capítulo migratorio, segundo punto central de su intervención, el inquilino de la Casa Blanca tendió la mano «a los representantes de los dos partidos, demócratas y republicanos, para proteger a nuestros ciudadanos, sean cuales sean nuestros orígenes, color de piel o religión». Todo un ejercicio retórico para defender su propuesta de reconocer la ciudadanía estadounidense a 1,8 millones de sin papeles pero a cambio de que la oposición acceda a desviar 25.000 millones de dólares para construir –habría que decir ampliar– el muro de México, su gran promesa de campaña. El magnate presentó esa propuesta como «un compromiso justo, en el que nadie obtiene todo lo que quería pero en el que nuestro país logra la reforma esencial que necesita».

Precisamente fue su parte del discurso sobre la inmigración la que evidenció los límites de sus llamamientos a la conciliación con los demócratas. Su apelación a que «los estadounidenses también son soñadores» indignó a buena parte de los presentes, al tiempo que deleitó a las webs de los supremacistas.

Trump no rehuyó su visión de la inmigración al señalar que «durante decenios, las fronteras han permitido a la droga y a las bandas arrollar a nuestras comunidades más vulnerables. Y han permitido a millones de trabajadores mal pagados competir por los empleos y salarios con los americanos más pobres. Y, todavía más trágico, han supuesto la pérdida de muchas vidas inocentes».

En la misma línea, el máximo mandatario estadounidense pidió al Congreso que acabe con la llamada «lotería de visados para la diversidad», que asigna aleatoriamente hasta 50.000 visados a extranjeros, e instaure un sistema de méritos que sustituya al actual método de reagrupación familiar, conocido por sus detractores como «migración en cadena». Su Gobierno pretende limitar el reagrupamiento de inmigrantes a los familiares directos.

Algunos analistas aseguraron que su discurso migratorio traicionó precisamente sus llamadas a la conciliación. Sin olvidar su defensa de unos EEUU en los que «todos se ponen orgullosamente en pie cuando suena el himno nacional», una alusión a los jugadores de la NFL que no lo hacen en señal de protesta.

Lenguaje no trumpista

Pero frente a los analistas que constataron que las invitaciones al acuerdo por parte de Trump sonaron vacías, no faltan quienes destacaron que el histriónico showman «prescindió de sus tradicionales insultos, de las burlas de sus enemigos y de las caricaturas de los negros y latinos» en «el discurso más hábil que Trump ha pronunciado jamás» y que habrá «tranquilizado a muchos republicanos, aterrados ante los comicios de medio mandato de noviembre».

Fortaleza internacional

Donde Trump tampoco se permitió contemplaciones fue en su disquisición sobre política internacional.

El líder del primer imperio mundial puso en guardia contra todo tipo de «debilidad» frente a los rivales de EEUU y los «regímenes canallas», expresión popularizada en su día por George W Bush y en la que puso en primer lugar a Corea del Norte.

«En todo el mundo, nos enfrentamos a regímenes canallas, a grupos terroristas y a rivales como China y Rusia, que amenazan nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores», señaló Trump haciendo suya la histórica excusa victimista de EEUU, pero sin hacer referencia alguna al «Russiagate» con el que el establishment le persigue desde su llegada al poder hace un año.

El inquilino de la Casa Blanca prefirió centrarse en los medios para asegurar la «potencia» de EEUU y demandó al Congreso los créditos necesarios parra «modernizar y reconstruir nuestro arsenal nuclear a fin de hacerlo tan fuerte y potente que disuadirá toda agresión». Toda una ruptura con la línea de su antecesor, Obama, quien apostó por el desarme nuclear.

Trump anunció asimismo que ha ordenado mantener abierta la prisión de Guantánamo, creada por Bush hijo tras los ataques del 11-S y que Obama intentó cerrar sin éxito.

Tampoco se olvidó de denunciar a sus otras «bestias negras», desde la Cuba comunista a la Venezuela socialista –a las que presumió de haber impuesto «duras sanciones»–, pasando por Irán, sobre el que, al calor de las protestas de hace un mes, aseguró que «América está al lado del pueblo iraní en su valiente lucha por la libertad».

También hizo una referencia concreta y bien valorada por republicanos y demócratas en torno a la lucha contra el Estado Islámico, en la que se felicitó del «exito» de la campaña de bombardeos contra el califato del ISIS en Siria e Irak pero reconoció que«falta mucho por hacer».

Pero fue la crisis coreana la que centró su discurso en materia de política internacional. Así, y tras insistir en que «ningún régimen oprime a sus propios ciudadanos tan brutalmente como la cruel dictadura de Corea del Norte», advirtió de la «amplitud del desafío» y defendió «una campaña de presión máxima» contra Pyongyang. Siguiendo su lógica de que «la debilidad es la vía más segura al conflicto», puso en guardia contra «la complacencia y las concesiones», en una referencia a la política de distensión olímpica que protagoniza Corea del Sur, y en una crítica a «los errores de las Administraciones precedentes», a las que acusa de haber cerrado los ojos durante años.

Vestidas de riguroso luto o con trajes africanos como protesta

Con mariposas en las solapas, pañuelos africanos y vestidos de riguroso luto recibieron los demócratas a Trump, una protesta muda contra sus políticas migratorias y su polémico historial contra las mujeres.

Mientras los republicanos recibían con vítores al presidente a su llegada al Hemiciclo, pocos fueron los demócratas que se levantaron siquiera de su asiento, en un acto de repulsa hacia la gestión del magnate.

La mayoría de las congresistas demócratas, y muchos de sus colegas masculinos, asistieron engalanadas de negro, una manera de reivindicar delante del multimillonario, en el Capitolio y ante la mirada de todo el país, las demandas del movimiento Me too (Yo también), que busca visibilizar el acoso y la desigualdad de la mujer.

Pero ese negro que oscurecía la mitad del Hemiciclo estaba salpicado por los colores vivos del kente, un tejido tradicional originario de Ghana con el que los congresistas de los caucus negro e hispano sorprendieron a los asistentes llevándolo en forma de pañuelo, pajarita o corbata, para ensalzar las raíces de la nación.

Congresistas demócratas llevaron como invitados al discurso a dreamers (soñadores), jóvenes sin papeles a los que Trump ha retirado la protección frente a la deportación que impulsó el anterior presidente Obama

La protección de los derechos de los inmigrantes como valor fundamental del país fue el hilo conductor de la réplica en español del Partido Demócrata, por boca de la congresista por Virginia Elizabeth Guzman. Migrante peruana, Guzman comenzó a dar sus primeros pasos en política en la campaña de Obama en 2008, pero fue el candidato demócrata Bernie Sanders en 2016 quien le dio el empujón final. Parafraseando a su mentor, criticó que Trump no haya protegido a las clases trabajadoras y que haya optado por «elegir a millonarios» para la gestión pública, «para beneficiar a la clase rica».

En la réplica oficial de los demócratas, el congresista Joe Kennedy, nieto del exfiscal general Robert Kennedy, prometió a los dreamers que «vosotros sois parte de nuestra historia. Vamos a luchar por vosotros y no os vamos a abandonar».

Hubo protestas contra el discurso de Trump en el exterior del Capitolio y en otros puntos de la ciudad.GARA

Declaraciones

«Tal y como prometí al pueblo estadounidense hace once meses en este estrado, he conseguido aprobar la mayor reforma de impuestos de nuestra historia»

«Mi deber y el sagrado deber de esta Cámara es defender a los estadounidenses, su seguridad, sus familias, sus comunidades y su derecho al sueño americano, porque ellos también son soñadores»

«En todo el mundo, nos enfrentamos a regímenes canallas, a grupos terroristas y a rivales como China e India que amenazan nuestros intereses, economía y valores»

Donald TRUMP

Presidente de EEUU