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JAMES ELLROY
ESCRITOR

«Sin falsa modestia, puedo afirmar que yo soy la novela negra»

Nacido en Los Ángeles en 1948, está considerado el gran renovador de la novela negra contemporánea. Acostumbrado a agrupar sus obras en grandes series como el «Cuarteto de Los Ángeles» o la «Trilogía americana», reniega del presente y de la actualidad política sobre la que no admite preguntas. Esta semana ha sido el invitado de honor de BCN Negra donde le han concedido el Premio Pepe Carvallo.


Su metro noventa de altura y su gesto hosco imponen en las distancias cortas. También lo hace su leyenda: delincuente juvenil, adicto a todo tipo de sustancias, la literatura acudió al rescate de James Ellroy cuando ya había sobrepasado la treintena. Él mismo asume que ese carácter obsesivo que siempre le ha acompañado encuentra fiel reflejo en su prosa, tan eléctrica como áspera. Un hecho define su vida y su obra, el homicidio (nunca esclarecido) de su madre cuando él tenía diez años. Un acontecimiento traumático que le llevó a escribir “Mis rincones oscuros”, obra que acaba de reeditarse y que marca buena parte de nuestra conversación.

Usted siempre ha dicho que no le gusta profundizar en cuánto hay de real y de ficticio en sus novelas. Sin embargo, en el caso de «Mis rincones oscuros», al estar estructurada como una autobiografía, ¿cabe asumir que todo lo que se nos narra en sus páginas es cierto?

Sí, pero también es verdad que, tanto si escribes una obra de ficción como unas memorias, al final quedas supeditado a una cierta narrativa y esa narrativa puede ser precisa o no. Cualquier relato se sostiene sobre un episodio traumático, y en el caso de “Mis rincones oscuros” dicho episodio es el asesinato de mi madre de 1958. Como narrador me interesaba profundizar en lo que aconteció antes y después de dicho acontecimiento y, en este caso, al ser un suceso real que me concernía directamente, quise ceñirme a la verdad, pero la verdad es un concepto que siempre está abierto a interpretaciones.

Desde este punto de vista, el James Ellroy que se nos desvela en estas páginas, ¿es alguien real o se trata de una creación literaria?

Es una buena pregunta. Se trata de alguien real pero, qué duda cabe, que su evocación está condicionada por mi habilidad para la construcción de personajes. Cuando escribí “Mis rincones oscuros” yo ya era un novelista experimentado, por lo tanto en todo momento controlaba el retrato que estaba haciendo de mí mismo.

En «La Dalia Negra» usted ya se había aproximado al episodio traumático que supuso el asesinato de su madre, aunque fuera por personaje interpuesto. ¿Qué le empujó, en esta ocasión, a hacerlo de un modo más directo?

Bueno, yo “La Dalia negra” lo escribí en 1987, en aquél momento no había tenido acceso al informe policial sobre el asesinato de mi madre, tampoco a las fotos del atestado. Fue tras confrontarme con estos materiales cuando decidí redactar estas memorias al hilo de la investigación que llevé a cabo junto al expolicía Bill Stoner. Dicho lo cual, no creo que “Mis rincones oscuros” tenga una vinculación directa con “La Dalia Negra”. Aquella era una obra de ficción donde se narraba una investigación que culminaba satisfactoriamente mientras que “Mis rincones oscuros” es una suerte de autobiografía en el que se cuenta la frustración ante una búsqueda fallida.

La sensación que transmite en estas páginas es que usted emprendió esa búsqueda pretendiendo hallar la singularidad de un personaje, su madre, y terminó por encontrar a un ser humano. ¿Fue así?

Sí, de hecho en una fase temprana de todo ese proceso yo ya sabía que iba a ser muy difícil descubrir la identidad del asesino de mi madre. Cuarenta años después de su muerte habían desaparecido pruebas y muchos de los que estuvieron directamente implicados en la investigación del crimen o ya habían fallecido o eran muy mayores. A partir de ahí asumí que mi obligación moral y mi misión como narrador pasaba por analizar la evolución de mi relación con ella.

Y el compartir esa búsqueda íntima con los lectores, el convertir a su madre en un personaje público, ¿no le generó ningún tipo de conflicto?

No, para nada. Al escribir estas memorias yo me propuse descubrir la verdad, sentía que era algo que le debía a mi madre y también a mis editores y a mis lectores.

Se lo pregunto porque en algún momento del relato usted manifiesta que se había apropiado de la figura de su madre, casi como si se tratara de un fetiche.

Más que un fetiche, mi madre era para mí un enigma, sentía que su evocación constituía un secreto que, como tal, no me apetecía compartir con nadie. Rara vez hablaba de ella, mucho menos de las circunstancias que rodearon su muerte. Pero todo eso cambió cuando accedí al informe policial y conocí detalles que, hasta entonces, ignoraba. Sentí que ahí había un relato poderoso y también sentí que debía contarlo.

Me parece muy interesante el modo en el que vincula el asesinato de su madre con la muerte violenta de otras mujeres por la misma época, relacionando estos crímenes con el modo en que los hombres solemos ejercer nuestra autoridad.

Mientras investigábamos la muerte de mi madre, nos confrontamos con los expedientes de otros asesinatos cometidos durante aquellos años. Los crímenes eran de distinta naturaleza pero las víctimas eran siempre mujeres. Mi intención al evocar todos esos casos fue la de retratar la persistencia de ese tipo de violencia. Para mí se trata de una cuestión puramente biológica. Es cierto que también hay casos de hombres asesinados por mujeres pero estos crímenes, la mayor parte de las veces, son la respuesta a una situación de maltrato sistemático mientras que los asesinatos de mujeres a manos de hombres suelen reflejar la frustración de estos al no obtener aquello que desean de ellas.

¿Considera que este fenómeno se ha recrudecido en los últimos años? Porque lo cierto es que actualmente la violencia machista está en el centro del debate.

La verdad es que no lo sé. Carezco de información estadística para valorar el estado de dicho fenómeno a día de hoy.

Pero en el libro sí que ofrece información estadística sobre la intensificación de la violencia en Los Ángeles a lo largo de las últimas décadas…

Sí pero en ningún momento llevo a cabo una interpretación de esos datos. La verdad es que no tengo ni idea sobre cuál es la situación actual de la criminalidad en Los Ángeles. Yo cuando escribo aíslo mi curiosidad y la ciño únicamente a los años en los que transcurren mis relatos.

Es cierto que todas de sus novelas están ambientadas en el pasado pero ¿en dicha evocación no hay acaso una pretensión por comprender el presente?

No, absolutamente no. No hay ningún deseo, por mi parte, de representar ni proyectar nada en mis novelas, entre otras cosas porque los años 40 y 50 no tienen nada que ver con el momento actual. Para mí, como autor, el hoy no existe y aquel que asuma mis narraciones como un reflejo del momento actual, aparte de incurrir en un error de percepción, lo que está haciendo es restar fuerza a mi prosa pues lo que esta pretende es justamente trasladar al lector a ese período histórico que retrato.

¿Entonces qué tiene que decir frente a aquellos que manifiestan que el gran valor del género negro es, precisamente, su alcance sociológico?

Esos son chorradas, gilipolleces. Sociología, socialismo ¡Mierda! ¡mierda! (Ellroy hace el gesto soez de quien se está masturbando). Esa es la opinión que me merecen quienes afirman semejante cosa. ¿He sido lo suficientemente explícito? ¿Queda clara mi opinión?

Totalmente pero quizá, en el fondo, se trate de un argumento que lo que busca es legitimar un tipo de literatura que hasta no hace mucho carecía de prestigio, ¿no le parece?

Bueno, pero ahí el problema lo tienen quienes son presa de sus propios prejuicios. Pero ¿sabes qué? En el fondo, me la suda. Para mí la novela negra siempre ha sido alta literatura pero más allá de eso lo importante es que compren tus libros. ¿Ishiguro? Para él el Nobel. A mí me acaban de dar el Premio Pepe Carvalho que es mucho mejor (risas). Yo estoy completamente feliz con el reconocimiento que he alcanzado y con el apoyo que me han brindado los lectores.

¿En qué lugar se sitúa usted dentro de la tradición del género negro?

Yo soy la última gran voz del hard boiled en EEUU, creo que he reinventado un lenguaje específico para el género hasta conferir a la novela negra una dimensión que nadie le había dado nunca antes. De hecho, a veces pienso que mis obras están más cerca del gran relato histórico que del género policial propiamente dicho. Así que, sin falsa modestia, puedo afirmar que “le roman noir c’est moi” (yo soy la novela negra).

Y, apelando a esa misma sinceridad, ¿cómo contempla su propia evolución como autor?

Yo creo que, con el paso del tiempo, he ido mejorando. Mis novelas actuales son mucho más complejas y profundas que las primeras que escribí, mis personajes han ganado en humanidad. En definitiva, creo que soy un gran autor, pero no pienso quedarme ahí, quiero seguir mejorando. De hecho si ahora soy bueno me gusta pensar que dentro de diez años seré un escritor de la hostia (risas).