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LA SOKATIRA VASCA COTIZA AL ALZA EN EL COMPETITIVO MERCADO ASIÁTICO

Superado el jet lag y digerido el éxito deportivo –no habrán faltado las merecidas cenas y posteriores farras para celebrarlo–, los participantes vascos en el Mundial de sokatira disputado en Xuzhou tienen ahora tiempo para recrearse con las vivencias de una experiencia única.


Cuando se supo que la más importante cita de la sokatira mundial se iba a celebrar en China, quien más quien menos trató de buscarse la vida para impedir que la distancia de casi 10.000 kilómetros que separa Euskal Herria de la ciudad de Xuzhou resultase un obstáculo insalvable. No todo el mundo pudo conseguirlo –suponía un importante desembolso económico, además de compatibilizarlo con la vida laboral y familiar durante más de una semana–, pero quien lo logró puede decir que el esfuerzo mereció la pena.

Y no solo por la cifra de medallas finalmente obtenidas –16–, todo un sobresaliente bagaje para un país diminuto comparado con las potencias demográficas a las que se midió, sino por vivir un acontecimiento deportivo singular, marcado por las notables diferencias culturales y sociales, que quedará grabado en la memoria de los participantes para el resto de sus días. Itziar Ansoleaga, componente de Gaztedi, el equipo vasco más laureado tras colgarse el oro en 500 y 540 kilos, destaca la experiencia como «super positiva, pues conocimos una forma diferente de ver la sokatira».

Lo cierto es que ella y sus compañeras no emprendieron el viaje con demasiado ánimo, pues venían de haber sido derrotadas en el Campeonato de Euskadi. «Nos vino muy bien aterrizar con el suficiente tiempo como para aclimitarnos y ajustar el peso de cara a meter un equipo fuerte, además de beneficiarnos por un sorteo más favorable en las eliminatorias y amoldarnos a una goma que encaja con nuestras características», relata. Ese buen rendimiento y convivencia también se extrapoló cuando hubo que competir como Euskal Herria. «Pensamos como nación, compitiendo las mejores deportistas, independientemente del equipo que fuesen, creo que es algo extrapolable para otros ámbitos de la vida», refleja.

Garbiñe López de Uralde, tiradora experimentada de Badaiotz, conjunto que partía como favorito pero hubo de conformarse con la plata en 500 kilos, reconoce que, pese a ello, su equipo «salió muy reforzado» de la prueba, dado que «tuvimos que modificar nuestro método competitivo y conseguimos darle la vuelta». Después de más de dos décadas dedicándole muchas horas a la sokatira, resalta de este Mundial lo preparados que ya vienen los equipos asiáticos, «con maquinaria específica para entrenar, así como material deportivo fabricado para ello».

Diferente técnica

Esta decimonovena edición era la primera que se disputaba fuera de Europa y el viaje no estuvo exento de contrariedades, como pérdidas de trenes y maletas. Miriam Elorza, de Ibarra, bronce en 500 kilos, recalca el buen ambiente vivido, incluso con adversarios de otras naciones. «Los de Taipei, con los que coincidíamos en la grada, incluso intentaron animar en euskara. Las ganas de competir ha hecho todo más llevadero», relata sobre lo vivido.

Oier Aizkorbe, tirador de Berriozar Kirol Elkartea, que se colgó sendas platas en categoría sub23, augura que el gigante asiático pegará fuerte en los próximos años. «Hay deportistas que entrenan varias horas al día, se han creado escuelas y becas, e incluso se trata de un deporte universitario. Hemos visto cómo realizan tiradas más cortas, a golpe y al ataque, utilizan una técnica diferente a la nuestra», concluye.

el podio femenino de 500 kilos y las tiradoras sub23, lo más destacado

De entre todas las medallas conseguidas en estos últimos mundiales, Galder Gobantes, representante de Euskal Herria en la Federación Internacional de Sokatira, destaca el papel que han tenido las tiradoras vascas en Xuzhou.

Y, en especial, dos resultados que han brillado por encima del resto, a su juicio. Copar el podio femenino en la modalidad de 500 kilos y la plata de las sub23, «algo muy positivo y toda una sorpresa que demuestra que existe relevo generacional en esta modalidad deportiva».

Gobantes, que también participó en la cita defendiendo los colores de Sokarri (Arrigorriaga), resalta el número de preseas obtenidas –16–, «porque aunque faltaban algunos equipos que no se pudieron desplazar por motivos económicos y de tiempo, ello se compensó con la presencia asiática, que demostró tener un gran nivel».N.M.