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80 metros colgado del asta de Aguilito por el pañuelo del lauburu


Ese pañuelo con la ikurriña y el lauburu será guardado seguramente como una reliquia por el mozo de 27 años que el 14 de julio de 2018 salvó la vida en la entrada al callejón. Por ahí y por la camiseta blanca lo enganchó un Miura colorado, una bestia parda de 585 kilos, en la curva de Telefónica, y por ahí lo llevó colgado como un auténtico guiñapo, hasta que la tela se rompió ya a tres metros de entrar al ruedo. Una embestida espeluznante para cerrar un año que se ha caracterizado por la limpieza.

La secuencia hubo que reconstruirla con la ayuda de varias cámaras de televisión y fotos, dado lo inusualmente larga que fue. Llegaban los Miura lanzados a la recta final y fueron a chocar contra las tablas de esa curva, donde había una pila humana de corredores atrapados (la carrera fue quizás la más concurrida de esta feria). Este vistoso burel colorado, de nombre Aguilito, atrapó en la testuz a este corredor llegado del norte del Bidasoa y lo echó al centro de la calle sin clavarle el asta, a empujones.

En una reacción instintiva pero seguramente salvadora, el mozo se agarró del cuerno derecho para mantener la distancia, y a su vez el morlaco pilló prenda en vez de carne. Al levantar la cabeza, el toro lo cogió definitivamente y lo arrastró en la entrada al callejón zarandeándolo como si fuera una marioneta, gracias a su peso aproximadamente ocho veces mayor.

Los segundos se hicieron eternos en el túnel. Con cada zancada del toro, el mozo oscilaba arriba y abajo, golpeando con los pies contra el suelo como si estuviera saltando sobre muelles. Un brazo rodeaba al asta y con el otro, también por puro instinto, el joven intentó librarse del pañuelo por el que iba ahorcado y que amenazaba con asfixiarle.

Hubo otro golpe de fortuna, añadido al de no sufrir cornada; pareció que la cabeza del joven acabaría golpeada irremisiblemente contra la pared del callejón, pero se libró por unos centímetros.

Y ya veía Aguilito la claridad del ruedo cuando camiseta y pañuelo se rompieron al fin y el chaval se libró. Sus huesos dieron contra el suelo a escasos 25 centímetros de la gatera por la que huyen los corredores en caso de apuro.

Reconstruida la cogida en su integridad, se constata que fueron unos 80 metros los que recorrió el cuadrúpedo llevando a rastras al bípedo, una distancia inverosímil y más aún sin haber mediado cornada. Lógicamente tuvo que ser llevado a hospitales por los traumatismos producidos por la embestida, pero lo importante es que salió vivo y bastante ileso. Ahora, además de sobreponerse a los golpes tendrá que superar el susto.

Solo dos y menos graves

Este corredor y otros seis fueron llevados a hospitales, pero para mediodía ya únicamente quedaban dos ingresados, ambos declarados menos graves: un madrileño de 32 años evacuado desde Telefónica y un vecino de Oion de 21 llevado desde la Plaza del Ayuntamiento.

Igualmente por traumatismos se atendió a un tafallés de 37 años, otros dos navarros de 41 y 21, y un madrileño de 27, todos en estado leve.

Con ello acaba un ciclo sanferminero de encierros que posiblemente quede como el más limpio de la historia. Habrá que irse algunas décadas atrás, y ahí ya topamos con las dudas sobre el rigor de los datos, para encontrarse una edición con tan solo dos corneados en ocho carreras: el mozo de Sarriguren del día 7 y el joven salmantino del 13, ambos con pitonazos sin consecuencias graves.

Tampoco se han registrado grandes problemas por traumatismos y una parte muy mayoritaria de las atenciones hospitalarias han sido leves.

Aunque ello siempre sea una buena noticia, una corriente de opinión creciente a pie de calle es que el encierro está perdiendo riesgo y con ello emoción. Se señala como «culpables» principales al antideslizante, que ha funcionado a la perfección incluso en las tres carreras que se han celebrado este año con suelo mojado, y también al entrenamiento específico que cada ganadería hace en el campo con los toros escogidos para Iruñea, que hace que sigan corriendo como atletas incluso cuando se caen y se quedan descolgados del resto de sus hermanos.

Sin llegar a tres minutos

Esto provoca una circunstancia insólita hace años; ninguno de los ocho encierros de este año ha llegado siquiera a los tres minutos de duración.

En este sentido, el de Miura tenía muchos boletos para acabar siendo el más rápido, porque esta ganadería –en sus 53 presencias ya en Iruñea– tiene perfectamente acreditada su condición de manada fiable. Ello hace que siempre sea colocada en los días en que se preven más corredores (bien el domingo o bien el último día).

Dicho y hecho. Todos los toros entraron al ruedo en menos de dos minutos y el cohete que indica que ya estaban todos en chiqueros sonó dos minutos y doce segundos después del escuchado en Santo Domingo, con lo que esta última carrera del año queda efectivamente como la más vertiginosa.

También era, aunque parezca paradójico, la más pesada de la feria, otra característica intrínseca al hierro Miura: 584 kilos de media marcaron en la báscula los seis toros que ayer barrieron las calles de Iruñea y el más «ligero» se fue hasta los 565.

En cuanto a los humanos, aparentemente la de ayer fue la carrera más masiva, como suele ocurrir cuando ya la feria se acaba y encima es fin de semana. En puntos como Santo Domingo que entre lunes y viernes han estado bastante despejados ayer se vio mucha más gente e incluso alguna carrera ante las astas similar a las que se producen en Estafeta, ya en llano y con los toros más cansados. En la parte de Telefónica la aglomeración resultó ya importante. Y tuvo mucho que ver en la cogida más espectacular de este 2018 que cierra con susto morrocotudo y con la pena de siempre.