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Vox y nuestras carencias


Cuál es el problema: el resultado electoral de Vox en Andalucía y posterior auge en el Estado español o el vacío ideológico que ha dejado la izquierda a la sociedad, dejándola huérfana de argumentos potentes para, desde el prisma opuesto, explicar a la gente el por qué de sus frustraciones? Reconozco que no sé nada de segmentación de voto y de comportamientos electorales y que éstos casi siempre me sorprenden, como me sorprendió Ciudadanos en Catalunya, Macron en el estado francés o Vox este diciembre. Aunque, la verdad, visto lo visto, veo que a posteriori hay mucho experto que con anterioridad no tenía ni idea de cómo iban a ser los distintos resultados electorales.

¿Estamos asistiendo a un fenómeno realmente preocupante, a una involución de derechos nacionales y sociales, a un proceso de recorte de libertades de todo tipo hasta llegar al fascismo? ¿Algo duradero y de escala global que ha venido para quedarse haciendo frente común con Bolsonaro, Trump o Salvini o es simplemente que España es muy facha per se y se ha venido arriba tras años de tener que ocultarse bajo la manta de una derecha un poco más democrática o políticamente correcta? El tiempo lo dirá.

Pero lo que está claro es que o hay un rearme ideológico de rigor en la sociedad vasca o si no, el campo para formaciones fascistas o pensamientos fascistas ganará mucho terreno. Porque Vox puede ser un fenómeno temporal pero que acabe dejando como poso retrocesos ideológicos para años gestionados por partidos «amables» como el PNV en nuestras tierras. Esto último me tiene más preocupada que lo anterior. Y me tiene preocupada porque mientras veo a una sociedad cada vez más facha y orgullosa de serlo, veo a una izquierda cuyo objetivo es que el centro derecha-amable le homologue con un «felicidades, ya puedes ser miembro del sistema».

En los últimos días estamos asistiendo a todo tipo de actos ilustrativos de lo que digo, que supuestamente han sido realizados por fuerzas transformadoras y que lo que realmente suponen es la legitimación del actual estado de las cosas. Y así, insisto, el fascismo puede llegar a convertirse en el gran acicate para el afianzamiento del actual régimen español y sus partidos políticos clásicos (PP y PSOE) o modernos como Ciudadanos con el apoyo de la izquierda por debajo del Ebro y lo que es más grave, también por arriba (con una vuelta de UPN y un PNV eterno). Con esto no quiero decir que no debamos combatir el fascismo, faltaría, pero que combatirlo no es tanto defender el actual marco sino una propuesta radical (que no minoritaria) para explicar y a poder ser solucionar los grandes problemas que tiene o percibe la gente en su día a día.

Voy a tratar de explicarlo con un par de ejemplos. El primero se corresponde con las protestas realizadas por parte del movimiento feminista y muchos de los discursos desarrollados tras la decisión de los tribunales de mantener en libertad provisional a los miembros de «la Manada» condenados en primera instancia por la comisión de un delito de abuso sexual a una pena de 9 años y pendientes del Recurso del Tribunal Supremo.

Sé que es muy complicado hablar en estos términos cuando la sociedad pide cárcel y carnaza y que lo políticamente correcto es pedir que entren al trullo, que lo contrario es controvertido y hasta te pueden tachar de antifeminista. Pero deberíamos darle una vuelta, porque ¿de verdad creemos que el movimiento feminista debe salir defendiendo el ingreso en prisión de esta gente y debemos compararlo con los jóvenes de Altsasu? ¿No deberíamos pensar que tal vez en un sistema democrático y garantista la pena de prisión únicamente se debería aplicar a las personas con condena firme o que incluso la pena de prisión debería ser cuestionada?

El hecho de que en este país la Justicia sea totalmente vengativa, que funcione el derecho penal del enemigo, que la tortura haya sido una práctica sistemática durante décadas, que haya un abuso de la prisión preventiva, que las prisiones atenten contra los derechos fundamentales de las personas presas a diario… ¿lo vamos a acabar normalizando? ¿Vamos a acabar defendiendo la falta de libertades y garantías que todo sistema democrático debiera tener? El problema con «la Manada», en efecto, es que son unos privilegiados, porque son guardiaciviles, militares y violadores cuando esos privilegios deberían ser derechos y garantías jurídicas para todas las personas. Esto es lo que viene pidiendo la sociedad vasca para los jóvenes de Altsasu, y para las presas políticas vascas. Esto sí se sitúa en el acierto ideológico, lo otro pienso que patina mucho.

Otro ejemplo estos últimos días es la defensa que se está acabando de hacer sobre la Ley de violencia de género. El hecho de que los de Abascal la cuestionen y los de Casado hayan picado el anzuelo aunque sea de manera temporal en favor de los hombres discriminados debe preocuparnos, pero el movimiento feminista de Euskal Herria por lo menos (que esto de que la izquierda utilice constantemente marcos mentales españoles me está empezando a agotar) no debe dejar de decir que esa ley no se ajusta a las necesidades de las mujeres que padecen la violencia machista, porque es totalmente insuficiente e ineficiente y genera muchísimos problemas en la práctica: porque no garantiza la protección, porque no discrimina protocolos en función de la gravedad y el riesgo, porque no trabaja ex ante y a posteriori es muchas veces hasta ridícula.

Estos ejemplos reflejan que empezamos a aceptar el actual estado de las cosas como un «menos es nada y puede ser peor» derrotista. Esta actitud además de no ser atractiva para la gente no ayuda al cambio que pretendemos las fuerzas transformadoras. Y a la larga sería nuestra tumba política. Y es que la izquierda tiene muchos complejos a la hora de decir cosas que piensa porque en la actualidad no encajan en el sentir de la gente. ¿Pero no estamos para cambiar las cosas o qué? El aceptar el discurso de los partidos políticos imperantes y sus medios de comunicación como lo políticamente correcto y buscar su homologación o beneplácito como miembros de pleno derecho del actual sistema (sea un poquito más a la derecha o a la izquierda pero en el centro de la nada) no creo que sea un esquema válido. El acercamiento al actual centro no es en mi opinión una opción válida estratégicamente (la deslealtad táctica bien medida, empero, no debe alterarnos).

Al fascismo hay que combatirlo, pero sin dejar de combatir los discursos mayoritarios de aquellos que en la actualidad completan las esferas de poder, porque si no uno acaba siendo comido, como le ha pasado a Podemos, en un tiempo record, por cierto.

Más carga de profundidad desacomplejada y más simpleza en la comunicación. Esas creo que son las herramientas que ha utilizado Vox y que debemos utilizar nosotras. Porque a Abascal le entiende todo el mundo. ¿A nosotras? Las elecciones andaluzas han pasado pero a los vascos las que nos importan son las que vienen. Los cuatro territorios de Hego Euskal Herria y sus municipios elegirán sus gobiernos. En algunos con más opciones y en algunos como en Nafarroa, jugándonos mucho más allá de la mera gestión, debemos afrontar estos meses con mucha ilusión y fuerza. Hablemos a la gente, digámosles cosas que quizá no quieren escuchar pero que a la larga son mejores para todas, contémosles verdades como puños y no lugares comunes. En definitiva, salgamos a ganar y para ello, seamos originales, por favor, porque ser distintos no está tan mal, la verdad.