2019 OTS. 13 Un ajuar funerario de difuntos, monstruos, infantes y otras caricaturescas criaturas de guiñol El escritor, investigador y docente Fernando Iwasaki publicaba en 2004 «Ajuar Funerario» un compendio de microrrelatos de terror que se ha convertido en una especie de clásico del género y, hasta la fecha, en el libro más vendido de la editorial independiente Páginas de Espuma. El guionista y cineasta Imanol Ortiz López ha escogido 18 de estos relatos para darles forma de historieta a través de las ilustraciones del dibujante Beñat Olea. El resultado es «Ajuar Funerario», el cómic, editado también por Páginas de Espuma que intuía con acierto las posibilidades narrativas del bestseller de Iwasaki en forma de viñetas. Azken eguneraketa: 2019 OTS. 13 - 08:34h Raul BOGAJO Hay dos tipos de muertos. Los que se fueron para siempre dejándonos llenos de preguntas y los que nunca se van del todo porque regresan en busca de repuestas». Con esta especie de aforismo fúnebre abre Fernando Iwasaki “Difuntos”, la primera parte de las tres en las que se divide “Ajuar Funerario” en su versión cómic. Dice el diccionario que el ajuar funerario son aquellos objetos que se colocan junto al cuerpo de los muertos para su enterramiento o cremación con la esperanza de que alguna vez les sean de utilidad en su paso a la otra vida. Además de los difuntos, este “Ajuar Funerario” de Iwasaki, Imanol Ortiz López y Beñat Olea, contiene monstruos e infantes en su versión más inocentemente aterradora, unos y otros junto con los difuntos completan las tres partes en las que está dividido el cómic. Seis relatos con cada una de las temáticas que conforman un pequeño ajuar de píldoras de ficción contra el espanto de lo cotidiano, algo parecido a un bálsamo de miedo para tiempos no demasiado amables. Iwasaki, nacido en Perú, recuerda en sus relatos a dos líneas de la narrativa sudamericana: por un lado, el relato de Augusto Monterroso en su versión más concentrada y, por otro, los cuentos fantásticos de Borges y Bioy-Casares donde el escalofrío apela más a la sonrisilla aviesa que a la desazón. La editorial Páginas de Espuma publica en 2004 este compendio de relatos que tras quince años en catálogo ha superado todas las espectativas de lectores y ventas, y decide revisitar en 2017 la obra de Iwasaki con una versión dibujada de la misma. Un homenaje al éxito del libro a la vez que una apuesta editorial por su traducción visual y por un género, el cómic, en constante auge de lectores, ventas y, sobre todo, prestigio editorial. El guionista y cineasta gasteiztarra Imanol Ortiz López y el ilustrador de Legazpi afincado en Barcelona Beñat Olea han tardado casi un año en darle forma a su particular colección de historietas de los relatos de Iwasaki. “Ajuar Funerario”, el cómic, insiste en una estructura narrativa y de compaginación que intenta maximizar el efecto de sorpresa hacia el giro en clave de sátira que caracteriza a su hermano escrito. Los relatos “Larga distancia”, “Papilllas” y “Peter Pan” son ejemplos de un esquema de apertura a doble página ilustrada a modo de introducción y título; dos páginas centrales de desarrollo en viñetas, y un desenlace sorpresa a vuelta de página donde la ilustración vuelve a gobernar. No obstante, cada uno de los 18 relatos funcionan como entidades narrativas autónomas en cuanto al tratamiento gráfico. Comenta el dibujante Beñat Olea que este era y es uno de los principales atractivos del proyecto: tratar de ilustrar 18 cuentos que funcionen de forma independiente sin perder el hilo que los mantiene unidos en la obra original, intentando a la vez que las ilustraciones aporten dimensión al contenido y no se limiten a ser una mera cita textual del mismo. Un buen ejemplo es “Father and Son”, segundo relato del libro, que se convierte en una road movie dibujada; o el uso de la simetría como figura claustrofóbica en la jaula de viñetas del ascensor de “Familia Numerosa”. “Kruszwicy”, otro relato ambientado en el año 834, utiliza un texto en forma de códice medieval y trata las ilustraciones como las habituales miniaturas que acompañaban este tipo de escritos, otro buen ejemplo del diálogo entre ilustración y trama. Olea utiliza la caricatura y el trazo limpio y definido que recuerda al manga, y el juego entre las capas sólidas y brillantes de color mezcladas con otras más apagadas y desaturadas que le sirven para expresar diferentes voces y la permeabilidad entre el mundo de los muertos y los vivos. El cine de terror y el fantástico son claves en la inspiración del dibujante que no esconde la constantes referencias al iconismo de Tim Burton en “Eduardo Manostijeras”, guiños a películas como “El resplandor” y el “Nosferatu” de Mouranau y a los clásicos del terror de la Hammer; o, como lo hace en “El monstruo de la laguna verde”, a la historieta de estilo «creepy». Un ojo puesto en Suehiro Maruo Uno de los referentes de Olea es el autor de manga de terror japones Suehiro Maruo. En “La sonrisa del vampiro”, una de las obras claves del dibujante nipón, el escritor Hiroshi Aramata escribe un epílogo donde se fija en la conexión entre la historieta de Maruo y el Teatro del Grand Gi-gnol que se inicia ya con el espectáculo de marionetas en París a finales del siglo XIX. Escribe Aramata que el hecho de la representación con marionetas y no con actores de carne hueso hacía menos rechazable la representación de las miserias del momento y que esto tal vez ocurra de manera similar con el dibujo limpio y caricaturesco del manga. Estas representaciones de guiñol, en un principio exclusivamente de temas de caracter sociovanguardistas, viran hacia el terror en busca de un público cada vez menos complaciente y más difícil de atraer. Teniendo en cuenta que la oferta del entretenimiento de la época no deja de crecer y que el recien nacido cinematógrafo se suma al vodevil y al espectáculo de feria, el Grand Gignol busca y encuentra en la sangre, la demencia y lo monstruoso, su nicho de público y mercado. En definitiva, el sempiterno cuento de miedo del principio de los tiempos en su versión «ansiolítico social». El Grand Gignol da paso al “Teatro del terror y la atrocidad” bajo la dirección de Max Maurey y la representación de las obras de André de Lorde, conde de Lorde muy aficionado a lo oscuro. Pero a pesar de abrazar el terror como eje vertebrador de la programación, el Gignol jamás deja de ser, dice Aramata, “una ventana de la conducta humana” de la época. Como bien apuntan Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell en su obra magna “From Hell”, el siglo XIX se cierra con Jack el Destripador un personaje que, a modo de metonimia, aventura un siglo XX que se despeña hacia la destrucción y donde la demencia encuentra en Auschwitz el colofón del asesinato en serie. En el Gignol, dice Aramata, la prostitución, la mendicidad y el crimen son el telón de fondo de monstruos, bestias y científicos locos y se pregunta si “La sonrisa del vampiro” y en general la obra de Suehiro no será, al final, la obra de un dibujante de cómic de auténtico estilo grand guignol donde el terror y la violencia explícita mezclados con el sarcasmo no dejan nunca de lado la diseción sociológica de una sociedad enajenada. Una vuelta, en definitiva, al guiñol de las las marionetas en el el cómic de terror manga con su trazo caritcaturesco e inocuo como ventana de la conducta humana. Y si mezclamos en la coctelera, caricatura manga, colorido, terror, humor y un pequeño aroma de ironía sociológica, ¿podría ser “Ajuar Funerario” una obra más de este nuevo Grand Guignol dibujado? «Para no enfrentarnos al monstruo que anda dentro de cada uno», escribe Iwasaki al prologo de “Monstruos” que abre la tercera parte del cómic, «aprendemos a comer con cubiertos. Nos vacunan antes de cumplir los quince y nos aseguramos que jamás quede flotando algo en el inodoro». Otra píldora sanadora de este “Ajuar Funerario”. REFERENCIAS A lo largo de las páginas del cómic podemos encontrar numerosas referencias culturales, si miramos con atención, e incluso caricaturas de los propios autores.