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JULIAN SCHNABEL
CINEASTA

«Vincent van Gogh se merecía otra oportunidad lejos de los clichés»

En su quinto largometraje, el artista plástico devenido en cineasta explora en «Van Gogh, a las puertas de la eternidad», los últimos días del pintor neerlandés. Protagonizada por Willem Dafoe, el director advierte sin embargo que esta película no se trata de una biopic, sino más bien un autorretrato. La película acaba de llegar a nuestra cartelera.


Hay veces que a Julian Schnabel (Nueva York, 1951) le da por hacer películas. En realidad su tiempo lo ocupa con las artes plásticas, su vocación principal. Y solamente cuando está completamente convencido se pone detrás de la cámara, algo que viene haciendo intermitentemente desde 1996, al bautizarse como director con “Basquiat”.

Aquel inicio lo recuerda como una decisión no intencional, porque a pesar de la cercanía que tenía con Jean-Michel Basquiat (1960-1988), entre sus planes no estaba hacer cine. Dos décadas más tarde, como en aquella primera vez, en su quinto largometraje, “Van Gogh, a las puertas de la eternidad”, Schnabel se centra en otro pintor, uno de sus faros artísticos, a quien además ha estudiado a fondo.

Coescrita junto al guionista francés Jean-Claude Carrière (“Belle de Jour”, “El discreto encanto de la burguesía”, “Danton”), Willem Dafoe asumió el reto de interpretar a Van Gogh, lo que le valió una nominación al Óscar. «Willem estaba bastante preocupado por transmitir credibilidad, pero yo sabía que él lo podía hacer», aseguraba Julian Schnabel en el Festival de Zurich, donde se desarrolló esta entrevista, «de hecho Willem no solamente sabe cómo coger los pinceles, es él quien pinta de verdad en la película».

Consciente de que existen muchos filmes que exploran la vida de Vincent van Gogh, Schnabel no se corta al considerar la gran mayoría de ellos como “terribles”. Por eso se propuso marcar la diferencia. Rodada en Arlés y en Auvers-sur-Oise, “Van Gogh, a las puertas de la eternidad” se centra en los últimos días de vida del artista neerlandés, quien murió a los 37 años en extrañas circunstancias.

Hace años le propusieron realizar una película sobre Vincent van Gogh, ¿por qué lo rechazó y por qué cambió de idea?

Me parecía que era un imposible. Cambié de opinión con el tiempo; hace cuatro años fui con Jean-Claude Carrière (co-guionista) a una exposición en el Musée d’Orsay que se titulaba “Van Gogh/Artaud: The Man Suicided by Society”. Estábamos prácticamente solos en el museo hablando de los cuadros, yo le explicaba cómo veía las obras, y Jean-Claude dijo que nunca había tenido una experiencia como esa al ver esas pinturas, y que a sus 82 años había tenido una revelación. No decidí de inmediato hacer un filme, pero pensé que en caso de que lo hiciera, me gustaría responder las preguntas que la gente le podría hacer a van Gogh. Tener esa oportunidad me hizo sentir que podría hacer algo que sorprendería tanto a otros como a mí mismo.

¿Quiso relacionar el título de la película con el cuadro homónimo de Vincent van Gogh?

Es una obra bastante lúgubre que muestra a un hombre cubriéndose la cara con sus manos, pero no hay ninguna relación con el filme, es más bien una coincidencia. Escogí ese título porque van Gogh está próximo a su muerte, se encuentra inmerso en su trabajo, pintando aquello que le rodea, son momentos en los que está en una especie de paz.

Usted ha hablado muchas veces de su gran admiración hacia van Gogh, pero ¿cuál fue su intención con esta película?

Van Gogh se merecía otra oportunidad lejos de los clichés. Quería que los espectadores tuvieran una experiencia diferente, tal como la que experimentan cuando van a un buen restaurante. Para lograr eso me propuse un acercamiento distinto hacia sus obras, y sencillamente estar con él, de hecho gracias a la narración en primera persona, sientes que le acompañas. En ese sentido Willem hace un trabajo maravilloso. Fue una oportunidad para hablar de Vincent Van Gogh; por ejemplo mucha gente no sabe que él nunca vio un cuadro de (Francisco de) Goya ni de (Diego) Velázquez, pero sí de (Paolo) Veronese o de (Eugène) Delacroix. Van Gogh pintaba velozmente, a diferencia de muchos pintores, cuando miras de cerca sus cuadros, se ve una gran cantidad de trazos bastante abstractos, pero cuando te alejas, se pueden apreciar las formas o los rostros. Cada trazo posee una autonomía, y de hecho ese es uno de los grandes logros de Van Gogh, algo que, por ejemplo, Picasso aprendió de él. No tengo conocimiento sobre muchas cosas, pero sí sé de artes plásticas, por eso espero que esta película sirva para hablar sobre la obra de Van Gogh y mostrar el gran artista que fue.

Por lo general el interés hacia la vida de Van Gogh se centra en su desequilibrio emocional, sin embargo, usted opta por otro camino.

Entiendo que exista interés hacia esos aspectos, pero ese no es mi caso. Definitivamente atraviesa momentos perturbadores para él, en los que no sabe lo que le está sucediendo y eso le aterrorizaba. No soy sicólogo ni siquiatra y tampoco quiero darle una lectura clínica a su comportamiento; sus episodios de ansiedad a veces estaban relacionados con su hermano, con quien tenía una estrecha relación, había algo que removía su chip interno, tal vez una suerte de proyección de lo que le pasaba a él frente a la vida de su hermano. Hay una frase de van Gogh muy reveladora: «Los colores de mis cuadros no vienen de la realidad, sino de mi paleta». Esto denota que sus elecciones artísticas eran conscientes, y no porque estuviera drogado por el contacto con las pinturas o porque estuviese loco.

¿Siempre estuvo convencido de que su cine fuese una experiencia sensorial para los espectadores?

Nunca pensé en convertirme en director de cine, pero cuando Jean-Michel Basquiat murió, una persona fue a verme para hacerme preguntas sobre él, era un director polaco que estaba haciendo un documental sobre Basquiat, y le ayudé. Tiempo después compré los derechos, escribí el guión y rodé la película. Puedo decir que después de “La escafandra y la mariposa” (2007), esta es mi película más física, tienes la sensación de estar con Van Gogh todo el tiempo, porque aunque se esté en la oscuridad se sigue escuchando su voz; puede que no sea una manera fácil ni convencional de ver una película, pero cuando acaba el filme tienes la sensación de que has tenido una experiencia, y esa es una de las posibilidades que te brinda el arte. La conexión entre el sujeto y el objeto es profunda e inseparable, cuando Van Gogh dice que sus pinturas son él, pienso que Reinaldo Arenas (“Antes de que anochezca”, 2000) era sus obras, tal como Jean-Do (“La escafandra y la mariposa”) era su cuerpo.

Una vez más toma a una persona real para rodar una película, sin embargo usted ha dicho que no hace biopics.

No pienso que mis películas sean biopics, son más bien retratos y a veces intencionalmente son autorretratos. A diferencia de “Basquiat”, “A las puertas de la eternidad” es un autorretrato. Cuando haces una película sobre una persona real seleccionas fragmentos de su vida, entremezclando la realidad con la irrealidad, y muchas veces lo ficticio es mejor, porque puedes incluir cosas que sucedieron, pero también cosas que deseas que hubiesen pasado. Por ejemplo, en este filme yo escribí la carta que le envió Theo a Gauguin, y quise dar una idea de la amistad entre Gauguin y Vincent, porque tal vez no estuvieran de acuerdo en algunas cosas, y Gauguin podía ser un capullo, pero entre ellos existía un respeto mutuo. Puedes tener una amistad muy buena y sólida con alguien, pero basta con que en un momento se diga o haga algo para dañar la relación, entonces lo jodes todo.

¿Qué opina del retrato de esos dos artistas en «El loco del pelo rojo» (1956) a través de Anthony Quinn y Kirk Douglas?

Como les retratan en esa película no fue culpa de Quinn ni de Douglas, sino de (Vincent) Minnelli e Irving Stone [autor de la novela “Anhelo de vivir”, publicada en 1934, en la que se basa la película de Minnelli], ¡ese filme plantea una gran cantidad de tonterías! Me encanta Kirk Douglas, de hecho una de mis cintas favoritas es “Espartaco” (Stanley Kubrick, 1960), pero a veces los actores confían ciegamente en los directores o en los autores aunque estos no tengan ni idea del tema que están tocando.