2019 API. 09 CRÍTICA «¡Shazam!» El niño que sabía volar Koldo LANDALUZE El enconado duelo que mantienen Disney-Marvel y DC se traduce en una serie de proyectos que buscan amplificar sus respectivos universos mediante producciones de muy diverso calado. En esta oportuniad, la editorial-productora que creó a personajes como ‘Batman’ nos revela su vertiente más afable mediante un producto de consumo rápido que en todo momento tiende a no desviarse de su intención por abordar la farándula de los superhéroes desde una óptica infantil. Por activa y por pasiva, el director de “¡Shazam!” –David F. Sandberg– ha manifestado que su principal fuente de inspiración han sido las secuencias del “Superman” que rodó el artesano Richard Donner allá por el 78. Desde entonces ha llovido mucho, sobre todo en lo relativo al gobierno de los efectos digitales que han propiciado el gran auge de los justicieros enmascarados. No obstante, y en beneficio de este filme, cabría destacar su oportuno tono desenfadado lo cual abre vías para que la historia fluya por derroteros de comedia familiar y se escude en la fórmula que tan buenos resultados dio a Penny Marshall en “Big”. Una opción coherente que permite al cineasta sueco explorar vías relativas al niño que se atrinchera tras nuestra fachada adulta y los consiguientes desórdenes que puede provocar la mentalidad de un niño en el cuerpo de un adulto que, para mayor catársis, cuenta con superpoderes. En este sentido, el personaje Shazam resume a la perfección los propios orígenes de los superhéroes que nacieron en las viñetas inspirados por la mitología de los dioses y héroes griegos y que, en esta oportunidad, aglutina las virtudes de Zeus, Atlas, Hércules, Aquiles y Mercurio. Todo ello envuelto en un encadenado de situaciones en las que el adulto Shazam encarnado por Zachary Levi luce el nada discreto uniforme del protagonista dentro de una entretenida y alevosa función circense.