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SAUVAGE

El punto de ebullición de la carne humana


En la Semana de la Crítica del Festival de Cine de Cannes del año pasado, se detectó un fuerte seísmo. Un tal Camille Vidal-Naquet acababa de presentar ahí “Sauvage”, su primer largometraje como director, y a partir de entonces, ese –todavía– desconocido autor acaparó buena parte de las tertulias cinéfilas. En dicha sección, no está de menos recordarlo, solo entran, en teoría, primeros y segundos trabajos. Nos movíamos, pues, por territorios no muy distintos a los que proponen los Nuev@s Director@s de Zinemaldia, solo que en este caso, era casi imposible creerse el estatus de “novato” del susodicho realizador.

Camille Vidal-Naquet (ahora ya conocíamos su nombre) firmó un tour de force tal, que inevitablemente acabó conquistando el “premio honorífico” de aquella sección. Esto es, poner imagen a su póster promocional para el año siguiente (este en el que estamos, vaya). Y así amanecía cada día la Croisette, con la imagen desafiante y, aun así, vulnerable, de su protagonista, Félix Maritaud, otro descubrimiento para –efectivamente– enmarcar.

Director y actor forman pues una sociedad que poco tiene que envidiar al cine nervioso del Jacques Audiard primerizo, aquel director enamorado del cuerpo humano... y obsesionado, a lo mejor por esto, con llevarlo al límite. A esto mismo se dedica Vidal-Naquet, a forzar las pulsaciones de su joven protagonista. En los bosques de extraradio parisinos, un joven se gana la vida (es un decir) dedicándose en cuerpo y alma (literal) a la profesión más antigua de todas.

Un punto de partida que el debutante utiliza para acercarnos a las realidades más ignoradas de nuestra sociedad, pero sobre todo para trazar un arco dramático en el que las subidas y bajadas de ánimo a la que nos condena cualquier historia de amor, se transforman en violentas (y bastante explícitas) sacudidas. Vidal-Naquet entra y sale, durante hora y media, de unos sacos de carne que tienen los sentimientos a flor de piel. Sorprende, y mucho, el que un ejercicio de cine tan descaradamente físico encuentre la sensibilidad necesaria para alcanzar la empatía del espectador para con las criaturas de ese ecosistema siempre al borde de la ley de la jungla. Suena salvaje, y de verdad que lo es, pero esto no impide que bajo esos músculos, articulaciones y tendones a punto de quebrarse, lata un conmovedor acercamiento a los intangibles del amor y la amistad.