2019 UZT. 02 BOB DYLAN, MARTIN SCORSESE Y EL RUIDO AMBULANTE DEL VIEJO ROCK AND ROLL A dos años de ser octogenario, Bob Dylan pasó recientemente por Iruñea en el enésimo capítulo de su «Gira interminable» y vuelve a ser noticia por el estreno en Netflix del nuevo documental de Martin Scorsese «Rolling Thunder Revue». Azken eguneraketa: 2019 UZT. 02 - 08:55h Iñaki ZARATIEGI Si tras más de un centenar de actuaciones, la “Never Ending Tour” dylaniana no tiene visos de finalizar, el baúl de tesoros del viejo bardo parece también no conocer fondo. El Premio Nobel de Literatura 2016 acumula 36 discos de estudio, 10 álbumes en directo, 14 entregas de “The Bootleg Series”, numerosos recopilatorios, unos 60 singles, la saga de discos piratas, una amplia colección de libros sobre su persona y obra y varias filmaciones de culto. Y ahora hay que añadir el documental “Rolling Thunder Revue. A Bob Dylan Story”, del cineasta Martin Scorsese, y una caja de ¡14 CDs! grabados en esa gira: “The Rolling Thunder Revue. The 1975 Live Recordings”. En los años 1975-76, Robert Allen Zimmerman (Duluth, Minnesota, 1941) convirtió en realidad su sueño de remedar a los faranduleros que viajan por los pueblos. Se había empapado de joven del legado juglar de los cantantes blues y de los intérpretes blancos de canción popular y lo filtró por el tamiz de la generación beat y la nueva cultura pop. Había conocido el mundo más culto y minoritario de la canción protesta (se retiró en 1966, tras un accidente de moto) y el más comercializado boom del rock de grandes teatros y hasta estadios (retornó en 1974 con el apoyo de The Band) y volvía como trovador ambulante, pero rodeado de una amplia troupe de colaboradores e invitados. Una aventura comunitaria, en la que hasta conducía un auto caravana, pensada para lugares sociales de la América profunda. La cárcel Clinton donde entona con rabia su himno “Hurricane” en defensa de Robin Carter, boxeador supuestamente inocente. La reserva india de Tuscarora donde entona la canción de Peter La Fargue sobre Ira Hayes, malogrado héroe indígena de la guerra del Pacífico. O hasta un local de jubiladas entretenidas con el juego de mesa mahjong. Contó con un plantel de invitados (Joni Mitchell, Ronnie Hawkins, Ramblin’ Jack Elliott, Patti Smith, Bob Neuwirth…). Lo arropó una entregada banda de músicos que habían participado en el disco “Desire” más otros altos instrumentistas (Roger McGuinn, Mick Ronson, T-Bone Burnett...). Compañía Le acompañó el poeta e ideólogo Allen Ginsberg, fallecido en 1997 («Dylan ha vuelto para juntarse a improvisar como los jóvenes… viajar como los timadores o seudomédicos… ponernos a prueba juntos, en comunidad, sacar lo bello de nosotros»), con quien visita la tumba del creador beat Jack Kerouac. El escritor Sam Shepard (fallecido en 2017) ejerció de notario del diario de a bordo y guionista de una película que se fue rodando. Y el periodista de “Rolling Stone” ‘Latso’ Sloman fue cronista y crítico de la aventura. Particular relevancia tuvo el reencuentro con su ex novia Joan Baez con quien interpretó títulos como “Blowin’ in the Wind”, “I Dreamed I Saw St. Agustin” o “I Shall Be Release”. Baez se disfrazaba de Dylan y ambos protagonizan ante la cámara un diálogo sobre su ruptura. «Se trata del corazón, no de la cabeza», resume él. La cantante llegó a bailar en escena y Dylan recuerda que «podíamos cantar juntos hasta en sueños» y que Joan sigue siendo «alguien que ha caído de un meteorito». Ella asevera que jamás ha visto a otro artista con tanto carisma y escuchado unas canciones más bellas. El también avezado creador Martin Charles Scorsese (Nueva York, 1942) es conocido por “Taxi Driver”, “Toro salvaje”, “Infiltrados”, “El lobo de Wall Street” y una larga serie de filmes. Ha estado tras la cámara en algunas grandes obras musicales (“Woodstock”, “El último vals” de The Band, “George Harrison”, “Shine a Light” con The Rolling Stones) y fue responsable del notable documental sobre los primeros tiempos de Dylan “No Direction Home” (2005). Ahora ha revisado el ingente material de 1975, lo ha actualizado con entrevistas, un diálogo central con el propio Dylan y otros añadidos para estrenarlo en la plataforma Netflix. Contaba con el libro de la gira que escribió Shepard (“Rolling Thunder Logbook”, 1977, editado por Anagrama como “Con Bob Dylan en la carretera”) y quien declara que el experimento itinerante «tuvo un aire muy circense y fue rejuvenecedor, de euforia, de sentirse estar vivo». Dylan pensó titular su gira como “Moctezuma”, emperador mexicano capturado por Hernán Cortes. Pero un día oyó una tormenta y denominó la bohemia gira como “Trueno rodante”. Después descubrió que el nombre significaba para algunas tribus indias “decir la verdad”. Y más tarde supo que el gobierno del presidente Richard Nixon usó la expresión como código para bombardear Camboya. El protagonista mayor del evento explica al realizador que su idea era «una especie de extensión musical de las compañías italianas de teatro con sus carromatos». Y Scorsese ha declarado que quería capturar «la intemporalidad de su trabajo, el espíritu que reunieron para hacer ese recorrido salvaje y su resonancia en nuestra cultura actual. Era genuino, auténtico… Puedes escuchar la música o leer las letras, puede ser cantada por cualquier persona y aún significa algo para uno. Todavía está fresco, todavía es nuevo, lo que significa que podría soportar la prueba del tiempo». Crearse a sí mismo Scorsese se topó con más de 100 horas de filmación, un material que Dylan usó para dirigir “Renaldo and Clara”, cinta surrealista de hasta cuatro horas de duración, presentada con malas críticas en el Festival de Cannes de 1978. El realizador ha transformado el material en un documental de dos horas y media con entrevistas reales y de ficción. La particular ironía dylaniana no ayuda a definir la experiencia: «era una forma tradicional de espectáculo, una chorrada, no consigo saber dónde estaba el meollo, no recuerdo. Es que hace 40 años, igual ni había nacido. De aquello no queda nada, cenizas». E inquirido sobre el fondo de la intención responde que «la vida no es tratar de encontrarse a sí mismo ni de encontrar nada. Trata de crearse a sí mismo y de crear cosas». Para remarcar el ambiente teatrero el cantante y algunos músicos usaron máscaras o maquillaje en blanco. BD cuenta que «no hubo suficientes máscaras, deberíamos haber tenido para todos. Cuando alguien lleva una máscara te está diciendo la verdad, cuando no la lleva es poco probable». Shepard cuenta que Dylan le mentó la película “Les Enfans du Paradis” (Marcel Camé, 1945) como influencia para su proyecto y Scorsese incluye alguna imagen del filme. Entre otras anécdotas de la película, Sharon Stone recuerda que con 19 años su madre la llevó casi obligada a un concierto y en la aglomeración de la entrada Dylan hizo pasar a ambas. La futura actriz mostraba su rebeldía vistiendo una camiseta del grupo metálico Kiss y Dylan le preguntó si le gustaban. Sharon se hizo la interesante hablando del estilo japonés kabuki que usaba Kiss para sus maquillajes y quedó deslumbrada cuando Dylan le mentó a Okuni, creadora de ese estilo teatral. Resultó que Scarlet Rivera, notable violinista de la gira, salía con el líder de Kiss, invitó a su jefe de fila a un concierto del grupo en Nueva York y Dylan les copió la idea de pintarse la cara. Stone recuerda que Dylan le invitó a sumarse a la troupe y le dijo que había hecho una canción para ella: “Just Like a Woman”. La futura protagonista de “Instinto básico” lloró al escucharla en directo, pero luego se enteró de que el vacilón cantante había publicado la canción diez años antes. Incluye el director otras vivencias dylanianas como su visita al peregrinaje gitano en la francesa Saintes-Maries de la Mer. Dylan ha usado siempre la imaginería zíngara (“I Went to See the Gypsy”) y cuenta que esa fiesta coincide con su cumpleaños por lo que visitarla era “como ir a casa”. Relata que escuchó al tocaor Manitas de Plata durante toda una noche a la luz de una fogata y que recordó en sueños esa música como inspiración de su bella pieza “One More Cup of Coffee”. Reivindicaciones Como si fuera un cuento real Scorsese arranca su nueva obra con el corto “The Vanishing Lady” (Georges Méliès, 1896) en el que un mago hace desaparecer a una mujer con la técnica stop trick (filmar, parar, sacar el objeto del plano y reanudar el rodaje). Una lógica creativa muy dylaniana. El documento continúa con las celebraciones callejeras del bicentenario USA, mientras suena la muy apropiada “Mr Tambourine Man” y Nixon explica que los norteamericanos no actúan sólo por su país sino que tienen una misión para toda la humanidad. La ironía, la reivindicación y hasta la mala leche son visibles en la denuncia del racismo asesino («Ballad of Hollis Brown»), de la opresión del pueblo indígena (“Ballad of Ira Hayes”), de la injusticia (“Hurricane”)…Y suenan con especial fuerza y entrega títulos como “Isis”, “When I Paint My Masterpiece”, “Sister”, “A Hard Rain Is Gonna Fall”, “Romance in Durango”, “Knockin’ on Heaven’s Door”, “A Simple Twist of Fade”… El show solía acabar con la colectiva “This Land Is Your Land”, de Woody Guthrie, pero no hay constancia de ello en el documental. El promotor Jim Gianopulos cuenta que ideó la gira tras ver que espectáculos como el de Crosby, Still y Nash vendían 50.000 entradas: «había dinero por todos los lados, sólo tenías que agacharte y cogerlo. Dylan era una mina de oro». Las cuentas finales no fueron tan redondas y el balance de Gianopulos es que «la gira fue un desastre» mientras que para Dylan fue «un éxito en muchos sentidos si no lo miras solo desde el lado de la ganancia». Bob Dylan había logrado poner en marcha una original comunidad artística ambulante cuyo recuerdo es hoy bastante vigente. Fue una idea que años más tarde rondó por la cabeza de Paco Ibáñez y que consiguió realizar Manu Chao girando en Colombia en el tren “El Expreso del hielo” y en barco, con su padre Ramón Chao (fallecido hace un año) como cronista. Historias aventureras del ruidoso circo del rock and roll.