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GESTIÓN DE LAS FUNDACIONES BANCARIAS

La BBK de Sagredo se aleja de la Obra Social y flirtea con el capital

Junio se presenta como trascendente en el devenir de la Obra Social de BBK Fundazioa, pendiente del futuro del dividendo de Kutxabank congelado mientras se ha emprendido la inversión en empresas cotizadas como Iberdrola. La gestión de su presidente, Xabier Sagredo, cada vez es más cuestionada dentro y fuera de la entidad.


No son pocas las voces que hablan de cambio de paradigma tras la sacudida que ha provocado la pandemia del covid-19. Atrás quedaron muchos proyectos, que ahora van a ser revisados para tratar de responder a los nuevos retos. Si hace poco más de cinco meses el presidente de la Fundación BBK, Xabier Sagredo, anunciaba inversiones en «empresas socialmente responsables» para lograr nuevas fuentes de ingresos más allá del dividendo que le otorga el 57% de Kutxabank, ahora «sorprende» destinando más de 3,3 millones de euros a la adquisición de cerca de 400.000 acciones de Iberdrola, donde el de Trapagaran es consejero independiente.

La congelación de dividendos ordenada en marzo por el Banco Central Europeo (BCE) ha supuesto no repartir 176 millones de euros entre BBK, Kutxa y Vital, de los que 100 millones le correspondían a la antigua caja de ahorros de Bizkaia. Además, la fundación bancaria sigue aportando a razón de 25 millones anuales para completar en 2024 los 235 millones del fondo de reserva que permiten a Kutxabank no salir a bolsa. En este tiempo, el presidente y su equipo han ido dibujando los diferentes escenarios a los que pudieran tener que enfrentarse.

Lo cierto es que BBK dispone de un fondo en torno a 100 millones de euros para acometer inversiones que buscarían «ingresos alternativos» a los del dividendo ahora congelado y cuyo futuro no se despejará al menos hasta octubre. Defienden los promotores de la compra de participaciones en Iberdrola, que «encaja en los planes de diversificación» en empresas cotizadas vascas, no descartándose nuevas inversiones en la eléctrica dada la liquidez de sus titulos, que facilita una rápida desinversión. No sería la primera vez, ya que la antigua caja llegó a controlar un destacado paquete accionarial antes de la crisis financiera de 2008, de la que fue deshaciéndose.

La inversión en Iberdrola, según palabras del propio presidente, trata de «saciar» su «apetito de rentabilidad» aunque levanta suspicacias. El recelo parte del mismo modo en que se hizo la operación, publicitada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y recogida el martes por un medio digital español, que obligó a Sagredo a dar su versión a través de sus tribunas preferidas. Esa primera inversión en bolsa de la fundación bancaria, que eleva su posición en la eléctrica, recibió el plácet de los integrantes de la Comisión de Inversiones mientras otros miembros del Patronato no tenían noticia.

Que Sagredo, en su condición de presidente de BBK impulse la adquisición de participaciones de una multinacional de la que es consejero independiente, provoca rechazo en círculos de la entidad y de su partido. «Solo piensa en él, mira que no habrá maneras de invertir en Iberdrola sin meter ruido», señalaron fuentes jeltzales poco después de saber de la operación. Se apunta al «conflicto de intereses», como lo refleja que la CNMV hiciese pública la compra de acciones por los «vinculos estrechos» entre BBK e Iberdrola a través del extesorero del Bizkai Buru Batzar del PNV.

Asimismo, no son pocos los que cuestionan que la primera compañía en la que se haya decidido invertir sea Iberdrola después de que el presidente apuntase hace pocos meses a que esa política se iba a fundamentar «en objetivos de desarrollo sostenible y en valores sociales», características que no atribuyen a esta empresa. Es la primera de las operaciones pero se apunta a otras, aunque se pueden ralentizar a causa de la incertidumbre creada por la pandemia.

«Solo mira por sus intereses personales, no por los de BBK», añaden voces críticas desde la fundación bancaria. Ese mismo argumento es expuesto por fuentes próximas a la eléctrica que preside José Ignacio Sánchez Galán, donde aún colea la decisión adoptada por Sagredo, en su condición de presidente de la Comisión de Auditoría y Supervisión del Riesgo, de ordenar una «investigación interna» sobre las relaciones de la compañía con el excomisario de Policía José Manuel Villarejo, que no dejó satisfecho a nadie.

Hubo muchas críticas entre los directivos de Iberdrola a su gestión, porque nadie había solicitado esa auditoría. «Lo hizo para salvarse a si mismo dejando ‘tocadas’ a muchas personas», apuntan. Lo único cierto es que Xabier Sagredo percibió en 2019 de la eléctrica 474.000 euros frente a los 295.000 del ejercicio anterior, que se suman a los alrededor de 150.000 euros como presidente de la fundación bancaria.

La crisis del covid-19, sostienen sus detractores, «le ha venido de perlas» en su intención de mermar la Obra Social. La congelación del dividendo ha afianzado los argumentos del presidente de que hay que buscar nuevas fuentes de ingresos y ahí está la reserva de 100 millones de euros para hacerlo. «Está trabajando en planes estresadísimos que van a suponer dejar a un lado parte importante de los actuales proyectos de la Obra Social para poder seguir invirtiendo en empresas y asegurarse un puesto vitalicio en el holding», denuncian.

No son nuevas las voces que alertan de que, desde hace tiempo, Sagredo prepara su futuro cuando finalice su segundo y último mandato de cinco años. Su interés con incrementar las participaciones industriales, lo enmarcan en esa estrategia. Además, destacan que las relaciones del presidente con los responsables de Kutxabank siguen sin ser buenas, algo que preocupa.

«Atemoriza a la gente diciendo no solo que BBK va a estar 3 años sin dividendo, sino que también habla del mal futuro de Kutxabank, lo cual imposibilitará que aporte ingresos», desvelan. Sagredo, precisan, ha llegado a plantear que «en el futuro Kutxabank no podrá darnos el 50% del 57%, sino un 20%».

Un artículo publicado hace una semana en un medio de Bizkaia ha levantado ampollas en el seno de la fundación. Xabier Sagredo afirmó que BBK es «claro ejemplo» de un «nuevo paradigma de empresa competitiva». «El principal problema es que el presidente ejecutivo no quiere ser consciente de que BBK es una fundación, y como tal su único fin es hacer obra social», responden los críticos con su gestión.

La próxima reunión del Patronato, en junio, puede ser crucial para determinar el rumbo. Se advierte que será entonces cuando Sagredo anuncie los recortes, para lo que trabaja desde hace unas semanas en el argumentario que sustente esa decisión. Nadie tiene dudas sobre el apoyo de la mayoría de los 15 integrantes del órgano de gobierno de la fundación a sus tesis vista su composición. «En el anterior patronato ya adelantó diferentes escenarios y esperamos que esta vez no se limiten a asentir y alguno de los patronos se oponga a seguir vaciando la Obra Social», comentan.

Otro hecho relevante se producirá también en las próximas semanas con la presentación de un nuevo plan financiero al Banco de España, donde se tendrán que exponer las líneas de su gestión post covid-19. Es una petición planteada a todas las fundaciones después de que el BCE, por prudencia, ordenase a las entidades bancarias congelar los dividendos para reforzar el capital e impulsar el crédito.

Hace pocos meses, en febrero, el regulador aprobó el plan financiero y de gestión de la fundación que le había requerido en noviembre pasado, con vigilancia expresa al fondo de reserva que BBK sigue aprovisionando. Al fijar el supervisor que el fondo de reserva debe rondar los 250 millones de euros, el presidente destacó que se trata de una cifra que da «tranquilidad, estabilidad y nos permite seguir nuestro camino».

Sagredo no precisó mucho más sobre el objetivo que persigue. Sus detractores aseguran que BBK, al igual que las otras fundaciones bancarias vascas, tienen un papel que jugar con los activos que están bajo su control, heredados de la «rica» obra social de las cajas de ahorros ahora mermada. «Los proyectos sociales de BBK Fundazioa están parados y los nuevos no existen», se quejan.

Y mientras se aguarda a que se disipen las metas a corto y medio plazo, muchas de las personas que conforman el equipo humano de la fundación no pasan por un buen momento. «Tiene al equipo al borde del suicidio, metiendo millones de horas amenazando con aplicar un ERTE, con una plantilla sin rumbo y desubicada. Sin saber qué va a pasar con los proyectos más importantes, con un criterio que cambia cada día y sin tomar ninguna decisión», critican. Hay quien en privado dice sufrir desde hace tiempo «mobbing», aunque no formaliza una denuncia. «La gente tiene miedo. En su día ya se fueron tres directivos y ahora la situación es incluso peor», aseguran.

«Nadie le para los pies a pesar de que todo el mundo tanto dentro como fuera sabe lo que hay», añaden fuentes consultadas, que achacan la posición de Sagredo al amparo que recibe de máximos dirigentes de su partido con quienes compartió en el pasado responsabilidades. «Tiene una obsesión casi enfermiza por el control y también por descubrir a los topos que difunden cualquier tipo de noticia», desvelan. También le achacan «un afán desproporcionado» por superar a la Diputación en sus proyectos.

Pieza clave en el equipo directivo es el subdirector general. Los trabajadores de BBK no entienden que el Departamento de Recursos Humanos opte en todas las nuevas contrataciones por candidatos señalados por la consultora Deloitte. «Son los únicos trabajadores que ascienden y le bailan el agua al presidente, sin ningún interés por promover la Obra Social», explican.

A las críticas que parten del equipo humano de la fundación hay que sumar, sorprendentemente, las de militantes del PNV, que son muy duros con la gestión actual. No entienden que «un pequeño grupo, que no sabe euskara y está en las antípodas de su ideario político» lidere en los últimos años BBK. «Ese afán por liberarse de personas que llevan muchos años en el organigrama directivo de la fundación y tiene experiencia, ha hecho que el presidente se rodee de treintañeros pocos afines a la ideología jeltzale y con poca sensibilidad por Bizkaia», argumentan fuentes consultadas.

Esa «guerra de intereses» no hace sino acrecentar un ambiente enrarecido en la fundación en un tiempo convulso.