2020 EKA. 14 LA POLÍTICA MONETARIA EN LA ZONA EURO Dinero ya hay, pero en el circuito de los bancos para alimentar la especulación EL BCE mantiene desde hace años una estrategia de expansión cuantitativa, o lo que es lo mismo de imprimir dinero, cuyo único resultado palpable es que aumenta el beneficio de la banca. Es necesario cambiar las reglas para que los fondos puedan llegar a la economía real. Isidro Esnaola Cuando una crisis interrumpe el habitual flujo de las cosas, lo primero que desaparece es el dinero. Comienza una cadena de fallidos: no se cobran las deudas ajenas, lo que provoca que tampoco se puedan devolver las propias. A partir de ahí el germen de la desconfianza arraiga, nadie se fía de nadie y los préstamos terminan, y con ellos la posibilidad de poder gestionar los retrasos de cobros y pagos. Es por esta razón que al primer síntoma de crisis, que esta vez fueron los decretos del estado de alarma, tanto los bancos centrales como los gobiernos estatales decidieron asegurar el flujo de dinero. Nuevas emisiones y avales para que el crédito no se detuviera y la cadena de impagos no provocara un colapso. Algunos países, como Portugal por ejemplo, también prohibieron a los bancos que cancelaran préstamos. Un movimiento inusual ante el reverencial respeto que se profesa a la banca, pero cargado de sentido, en tanto en cuanto deben servir al interés general. La mayor parte de los medios los puso el BCE, que habilitó líneas de efectivo para los bancos tanto en euros como en dólares, y prácticamente sin límite: las más demandadas se conocen como Operaciones de Financiación a Largo Plazo o LTRO. Una vez superado el pánico inicial llega la gestión de la recuperación que suele recaer en los Estados a los que se les pide que estimulen la economía tanto con ayudas directas como también con inversiones y compras. Una receta en abierta contradicción con las políticas de recortes que se han impuesto en la Unión Europea: antes de la pandemia había que devolver la deuda, ahora es más importante estimular la economía. En ambos casos había urgencias sociales y económicas que atender, pero entonces no se podía y ahora sí. «La cuestión es saber quién es el que manda…, eso es todo», como dijo Humpty Dumpty a Alicia. En esta tesitura, los Estados también necesitan dinero extra para gastar pero, a diferencia de los bancos, el BCE no se lo puede prestar, básicamente porque el que manda lo ha decidido así, ya que otros bancos centrales sí financian directamente a sus respectivos Gobiernos. Es lo que se conoce como monetarizar el déficit o de manera más gráfica imprimir billetes para tapar el agujero en el presupuesto. Una práctica que en el pasado se llegó a descontrolar con efectos catastróficos. Algo que, por otra parte, no está escrito que deba ser siempre así. En consecuencia, los Estados de la zona euro se financian recurriendo al mercado, es decir, se les obliga a pedir dinero a los bancos y a los especuladores, cuyo único fin es aumentar sus ganancias. Así, dependiendo del país, los intereses que se pagan por los préstamos pueden ser muy diferentes. Es lo que se conoce como prima de riesgo y que se evitaría si el BCE pudiera comprar directamente esa deuda pública a los Estados. Si los bancos se dedican a especular con la deuda soberana difícilmente financiarán la actividad económica. Para que el crédito también fluya hacia la economía el Banco Central Europeo decidió comprar a los bancos los créditos que tienen concedidos pagando con dinero en efectivo para que puedan dar nuevos préstamos a la economía. Así, el regulador empezó un programa de compras de activos en manos de los bancos (APP por sus siglas en inglés) que se amplió a partir de 2015. Es lo que se conoce como expansión cuantitativa y consiste básicamente en aumentar la cantidad de dinero en circulación. Para hacerse una idea del esfuerzo invertido en esta tarea, he aquí la lista de programas del BCE. El primero es el llamado CBPP (Covered Bonds Purchase Programme o Programa de Compras de Cédulas Hipotecarias o bonos garantizados) por el que el BCE compraba créditos hipotecarios a los bancos. Está también el programa ABSPP (Asset Backed Securities Purchase Programme o Programa de Compras de Activos Respaldados por Activos), es decir,, compra de deuda respaldada por préstamos en general. Luego llegó, en marzo de 2015, el PSPP (Public Sector Purchase Programme o Programa de Compras del Sector Público). El BCE no puede comprar deuda pública a los Estados, pero sí la deuda pública que tienen los bancos en su balance. Otra sutileza más de la zona euro. Por cierto, los riesgos derivados de dichas adquisiciones son compartidos, ya que el 80% lo asumen los bancos centrales estatales y el 20% restante se comparte entre el BCE y banco central nacional de cada país. Por tanto, los nuevo programas para hacer frente a la pandemia, que tanto han entusiasmado a los europeístas, no aportan novedades a lo que ya estaba haciendo el BCE. A partir de 2016 añadió un nuevo programa, el CSPP (Corporate Sector Purchase Programme o Programa de compra del Sector de las Corporaciones) con el que compraba deuda emitida por las grandes compañías multinacionales. Todos estos programas no han sido capaces de reactivar la economía por la sencilla razón: lo único que estimulan es la especulación; a la economía real no llega ni un euro, porque las reglas fiscales no permiten a los Estados gastar y los bancos no tienen ningún aliciente: ya ganan bastante en este tráfico de papel entre el mercado y el BCE. Por si todo esto era poco, el BCE ha inventado un nuevo programa para hacer frente a la covid-19 que ha llamado PEPP (Pandemic Emergency Purchase Programme o Programa de compra de emergencia pandémica). En él se incluye una dotación temporal de 120.000 millones aprobada el 12 de marzo. A finales de ese mes se añadieron 750.000 y a principios de junio otros 600.000 millones. Hay, sin embargo, algunos pequeños cambios. El BCE no solo puede seguir comprando todo lo que ya estaba adquiriendo, sino que ahora también puede comprar valores del Gobierno griego y deuda de las grandes compañías con calificación high yield, o lo que es lo mismo bonos de alto rendimiento y por tanto de baja calificación crediticia. Vamos, que el regulador compra casi cualquier cosa que tenga un banco en su balance. Como reconoce el propio BCE en su web, la deuda pública que renta intereses negativos, tarde o temprano termina en su balance porque su objetivo «no es maximizar ganancias sino la estabilidad de precios». Eso sí, la deuda griega, italiana o española con intereses del 7% o superiores, esa sigue en manos de los bancos comerciales. En conjunto todas estas compras ha elevado el balance del BCE –o lo que es lo mismo el dinero en circulación– por encima de los 5 billones de euros para engrasar un PIB que en la eurozona ronda los 11 billones. Por comparación, durante la anterior crisis la Reserva Federal no pasó de los 4 billones para un PIB de 19 billones. Y ni la economía despega ni la inflación sube. Algo está fallando estrepitosamente. Conviene no olvidar los programas de liquidez dirigidos a los bancos (LTRO), aquellos que se ponen en marcha a principios de la crisis para que el dinero fluya. Esos también se han modificado para hacerlos más atractivos. Ahora se llaman Operaciones de Refinanciación a Largo Plazo de Emergencia Pandémica (PELTRO) y también son más accesibles. Si antes el dinero que se podía pedir estaba limitado por la masa de créditos que tuviera el banco ahora ya ni eso cuenta, barra libre. Además tampoco tienen que cumplir ningún tipo de condiciones, ni siquiera dar créditos con los fondos que han pedido. Y por pedir dinero, no solo no pagan intereses sino que cobran –hasta un 0,5%– al ser el tipo de interés del dinero negativo. Pero si además los bancos dan créditos con ese dinero, el BCE puede subir esa remuneración hasta el 1%. No es extraño que los bancos europeos hayan pedido ya más de 360.000 millones haciendo uso de este programa, de los que no tendrán que devolver al menos el 0,5%, esto hace una cantidad que ronda los 1.800 millones de euros que van a sacar los bancos por pedir dinero prestado. Dinero hay a espuertas, lo que ocurre que los caminos para que llegue hasta la economía real están completamente bloqueados: toda la emisión de dinero se queda en el ámbito de las finanzas y para lo único que sirve en esa esfera es para seguir alimentando la especulación. Esta misma semana ‘‘Financial Times’’ informaba de que los índices de la Bolsa de Nueva York ya han recuperado todo lo que habían perdido desde que se decretó la pandemia por covid-19 a mediados de marzo. Existe cierta preocupación sobre de dónde pueden salir los recursos para afrontar la recuperación de la economía. Está claro que el BCE tiene capacidad para crear esos recursos, como hacen otros bancos centrales, pero para que sean realmente efectivos y lleguen a la actividad económica deben cambiar profundamente las reglas de funcionamiento del euro. El BCE está comprando todo tipo de activos para reactivar la economía, sin embargo, lo único que prospera son los bancos. Algo falla estrepitosamente El BCE reconoce en su página web que está pagando intereses por prestar dinero a los bancos, pero su fin no es maximizar ganancias, sino la estabilidad de precios