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DE REOJO

Huracanes


Vivir en una zona del planeta en donde cada temporada aparecen huracanes, ciclones, tormentas de esas que hacen saltar los bancos de los paseos y obligan a resguardar todas las puertas y ventanas, además de hacer provisión de alimentos para largos días, debe crear un carácter de resistencia y rutina ante la adversidad que puede preparar a los que allí viven para otras grandes empresas. Sin entrar a matizar lo de los nombres femeninos, masculinos o neutros de los mismos, lo cierto es que al igual que los incendios, los huracanes llegan de manera más violenta y con una estacionalidad variable lo que les hace más peligrosos.

Ese país que tiene la manía sus propagandistas de considerar como una gran democracia, un Estado federal que mantiene el mayor gasto militar del mundo, que implanta regímenes amigos a golpe de dinero o servicios secretos que arman a los golpistas, está viviendo un huracán de esos que cuesta entender desde la física o desde la química. El huracán Trump es un despropósito de unas magnitudes que los analistas se dedican a tentarse las ropas ya que está todo preparado para la Gran Desgracia. Es un anuncio meteorológico que tiene rango de hecatombe: La involución democrática definitiva.

Esa proclamación cesarista como candidato de los republicanos es la mayor fantochada vista hace décadas. La puesta en escena, utilizando la Casa Blanca, el símbolo de todos los americanos, como sede central del lanzamiento tuvo estética de república centroafricana del siglo pasado, al igual que su vestuario, el de su esposa Melania que dio un discurso colonialista, arropados por un equipo de asesores que parecen sacados de una escuela radical del jansenismo más ortodoxo y que prometen la barbarie. Lo realmente demoledor es que puede volver a ganar. Por los votos o por la fuerza.