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IñAKI DIÉGUEZ
ACORDEONISTA

«Nos hemos ceñido más a lo clásico y de algún modo hemos perdido la calle»

Veterano activista del instrumento a fuelle desde el Bidasoa, Iñaki Diéguez se ha labrado una personal andadura como intérprete autónomo o acompañando a conocidas voces euskaldunes. En su nueva etapa apuesta por reducir la influencia del jazz o lo contemporáneo para retornar más al folk y lo popular.


El sonido callejero fue la escuela para Iñaki Diéguez Gutiérrez (Irun, 1973) que tuvo de influencia mayor a Enrike Zelaia o Pepe Yanci. Después vendrían los ecos renovadores de Kepa Junkera o Joseba Tapia, a quienes grababa en casete en los encuentros de trikitixa en el velódromo de Anoeta. Ha acompañado a notables nombres de la canción euskaldun (Amaia Zubiria, Pantxoa eta Peio, Gontzal Mendibil…), trabajó durante años con el internacional Circo del Sol, recibió lecciones de serios maestros (Max Bonnay, Viatseslav Semionov, Mogens Ellegard…) y se labró una reputación como instrumentista clásico.

Acumula cinco discos autónomos (“Iñaki Diéguez” -1996-, “Collage” -1998-, “Historias de Patrick Busseil” -2000-, “Crossing Time-Denboraren gurutzea” -2007-, “Birak” -2012-) y el año pasado dio un requiebro con la propuesta Iñaki Dieguez Akustik Trio, junto a la guitarra y bouzouki de Ángel Unzu y el set de percusiones de Iker Telleria. Una apuesta que reduce bagaje creativo y acompañante y escora hacia la raíz popular.

¿Por qué y cómo se decidió por el acordeón?

Empecé con 9 años porque en aquella época aquí en Irun no había otra cosa. Y a día de hoy, tiras una piedra y te salen ocho acordeonistas, aunque hay menos gente que entonces.  

¿Cómo llama al acordeón grande? ¿Melódico, unisonoro…?

Para mí es simplemente kordiona. En Navarra suelen decir ‘akordiona’.

¿Cuál es la diferencia entre el acordeón a piano o teclas y el de botones?

Ninguna. Cambia el teclado, pero el sistema es igual. Sí son diferentes en lo sonoro el acordeón cromático de teclas o botones y el diatónico de la triki. Yo ando sobre todo con el grande, pero soy también trikitilari y me manejo igual con ambos. El grande tiene más recursos a nivel de tonalidades, puedes hacer más cosas con la mano izquierda. La triki es un poco más limitada, más folclórica, pero al final el límite no lo pone el instrumento sino el ‘tokalari’.  

Dice que es «un instrumento humilde, pero con una gran capacidad expresiva».

Tiene muchos recursos a nivel sonoro y acompaña muy bien porque es muy expresivo, ocupa su sitio en un grupo o funciona como solista. Yo lo he usado como instrumento solista, como ahora con el trío, pero el noventa por cien de lo que he tocado ha sido acompañando a diferentes cantantes.

 

¿El primer acordeón fue diatónico como los que trajeron de Italia Juan Bautista Busca Pretto y los trabajadores alpinos que construyeron el trazado del tren bajo el Aitzgorri?

Sí, el primer acordeón que se inventó fue diatónico y efectivamente lo trajeron a Euskal Herria aquellos trabajadores. Aquí, con la triki de músicos como Kepa Junkera o Joseba Tapia, el diatónico se hizo súper popular en los años ochenta.

¿Las grandes competiciones (particularmente en el velódromo donostiarra), la evolución hacia el trikipop y el trikimex, esa influencia de músicos como Junkera o Tapia… dieron más fuerza popular al diatónico?

Así fue, sí. Pero son muy compatibles ambos. Ya hemos hablado de que tienen diferencias (en textura, en sonido…), pero no creo que existan rivalidad ni fronteras entre los dos instrumentos. Al final es lo mismo.

¿La menor vinculación con la música popular y tradicional ha ido relegando socialmente al acordeón grande?

Eso es cierto porque los acordeonistas nos hemos ceñido más al mundo clásico o al contemporáneo y de algún modo hemos perdido la calle. Fíjate cuando estaban Enrike Zelaia, Pepito Yanci, Pepe Andoain, Kike Ugarte, Kaxiano, Sagastune… gente muy popular que vendía discos como rosquillas. Nuestro toque un poco estilista ha sido fuelle y lo reivindico porque aprendí a tocar así y me parece que hay que salir con el acordeón a la calle.   

Forma parte de una segunda o tercera generación con Goikoetxea, Muguruza, Furundarena, Hermosa, Telleria, Idareta…

Ha habido bastante gente, pero en realidad no somos tantos. Falta renovar, recuperar el punch de bastante gente joven que se ha dedicado mucho a lo clásico, que está muy bien, pero ha perdido la referencia de la música popular. Mis discos han sido más de jazz o así y ahora hago más fusión con el folk. Hemos explotado menos ese campo que en otros países, aunque tenemos un potencial brutal a nivel técnico. Cuando toco fuera no flipan porque haga la obra de un compositor finlandés sino con la música de aquí. Te dicen: «Ostra, ¿eso qué es?».

¿Hay ahora menos presencia de academias o escuelas?

Antes te las encontrabas en cualquier pueblo o barrio y la influencia de profesores como Zelaia era muy fuerte

Es un cambio total, sí. Nosotros aprendimos con Enrike Zelaia o Pepito Yanci, que eran unos referentes muy claros. Pero insisto en que nos hemos ido a un tipo de música más sesuda y hemos perdido esa relación con lo popular. Cuando yo era crío iba a un concierto de Zelaia o Ugarte y estaba a tope de gente. Y ahora ni siquiera hay conciertos.

No han aparecido mujeres en esta conversación, pero hoy ¿se nota más su presencia?

Es que hoy en día las mujeres son mayoría en el acordeón. Lo que ocurre quizás es que con una carrera entera en solitario estamos más hombres.

Hablando de carrera, usted recibió clases de importantes profesores de fuera y ha realizado muchos conciertos internacionales. ¿Ha tenido casi más eco fuera que aquí?

Hasta hace unos años sí me moví más fuera (Alemania, Estado francés, Portugal, Estados Unidos…), quizás porque aquí he sido más conocido como ‘músico de’ por acompañar a cantantes, lo que te limita como solista y creador autónomo.

El acordeón tendría origen chino, se fabricó en Alemania o ha sido un símbolo cultural francés, pero ¿el este europeo sigue siendo el gran referente?

Así es. Sobre todo en Rusia, Polonia, Checoslovaquia y por ahí. Pero es un instrumento popular en cualquier sitio. Yo estuve tres años en Estados Unidos y en cuanto ibas a cualquier pueblo te encontrabas con un club de acordeón.

¿De qué forma se viaja con un instrumento tan grande y delicado; a la espalda y reservando un asiento extra?

Pues es bastante jodido, sí. Tienes que echarle morro y subirlo contigo porque si te lo meten abajo se lo cargan. Yo hice el viaje Mineápolis-Chicago-Madrid sin poder llevarlo conmigo y cuando llegó aquí estaba hecho puré.

Esta propuesta que presenta es como Iñaki Diéguez Akustik Trio. ¿Qué hay de nuevo o de cambio?

El repertorio es con las canciones de los últimos discos, más media docena de temas nuevos, pero en formato más reducido porque en el último disco hubo hasta veinticinco músicos de todo el mundo. Aunque suena como un avión, porque está el guitarrista Ángel Unzu, que toca la tira, y las percusiones de Iker Telleria con un set muy curioso con una batería de panderos, txalaparta… Si lo anterior era más jazzy, ahora le damos un punto más folki, con toques también de pop, celta, tecno… Una mezcla de todo bastante curiosa que está funcionando muy bien.

¿Un viaje en clave de folk (vals,tango…), con los obligados ecos de músicos como Piazzolla?

El sonido está ahí, pero no es eso. Son composiciones mías dentro de lo que es la música euskaldun: fandangos, ezpatadantzak, cosas de Zuberoa..., pero dándole un toque más moderno.

¿Con Junkera o Tapia siempre como referentes?

Cuando comentabas lo de los concursos en Anoeta recuerdo que iba con mi casete para grabarles y para la noche siguiente ya había sacado algún tema. Son mis referentes, sí. Aparte de tocar muchísimo, son grandes músicos.

Acumula cinco discos, el último es de 2012. ¿Habrá nueva grabación con el trío?

Hay otro par de grabaciones por ahí como la primera, que fue en casete. Y alguna cosilla que hice con 15 añitos en la discográfica IZ, con Kaki Arkarazo en el papel de técnico. Ahora tenemos 17 temas para los conciertos, con esa media docena de nuevos, pero estamos haciendo la vuelta al revés: en vez de grabar nuevas canciones y luego tocarlas, las estamos presentando, dándoles vueltas y, cuando veamos que han cogido poso y se han asentado, las grabaremos. Quizás a final de año.

¿Hay que seguir haciendo discos físicos a pesar de la poca importancia que tienen hoy?

Es que no sabemos hacer otra cosa que no sea esto. ¿Lo vas a dejar porque no se venden y todo está en las redes? Las plataformas están bien, pero nosotros estamos ahí, es nuestro trabajo y me gusta tener una obra en mis manos, bien presentada y explicada.

Ahora he empezado a grabar con Pantxoa Carrère y te pueden decir, «¿para qué grabar un disco?». Para que quede ahí, para que perdure, para que no se pierda. Hay que seguir teniendo pasión por esto y haciéndolo bien, siguiendo grabando discos. Si no, apaga y vámonos. El cariño que pones en un disco físico nunca se lo darás a unas plataformas como Spotify o YouTube.