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DE REOJO

Disecados


A pesar de todas las prevenciones que se puedan tomar, leer una noticia en donde se informa de manera detallada que la Policía ha descubierto un almacén con numerosos animales disecados no deja de provocar una sensación de desubicación geo-ética. Se trata, claro está, de animales ilegales, es decir que no se pueden cazar, y que en las fotos que se nos ofrecen se demuestra que existe una parte de la especie humana que está muy mal de la cabeza y de la estética. Es de suponer que está calificada esta manía o desorden de poner en el salón de tu casa la cabeza de un animal que vivía de manera natural y salvaje hasta que un escopetero le pegó un tiro, como enfermedad, además, de delito.

Dentro de la cabecita de esos señores que se llaman cazadores y que pegan tiros a discreción en dehesas, cotos y sabanas, puede entenderse como lógica que aumente su goce perverso que tras entregar su trofeo a un taxidermista, ponga la cabeza coronada de cuernos de un animal que ha abatido en una sala de su casa o mansión, pero que alguien compre un animal disecado que no sabe la procedencia para convertir su jardín en un sepulcro al aire libre debería ser considerado una parafilia demasiado extravagante. Porque si existen quien vende esos esqueletos llenos de serrín es porque hay quien los compra. Y hasta hay quien los colecciona.

Y se trata por lo visto de animales de gran envergadura, además de muchos cuernos de elefante, es decir, lo peor de lo peor. Porque en los aeropuertos internacionales existen almacenes, que consideran museos, y que exhiben lo incautado para advertir a los viajeros de lo que no se debe comprar, casi siempre manufacturas de calzado o bolsos, además del marfil que tanto daño causa a la fauna allá donde los safaris forman parte de la diversión de unas elites sin escrúpulos.