GARA Euskal Herriko egunkaria
CRÍTICA «En su punto»

50 chuletas de buey


Una película de amor carnívora habría resultado muy controvertida en estos tiempos de corrección política, por lo que “Tendre et saignant” (2020) consigue ser una comedia romántica sin pretender ofender al sector vegano o al animalista. ¿Por qué no puede surgir el amor entre chuletones? He ahí la cuestión, y la fórmula mágica de Christopher Thompson, al que se le presupone como conocedor del oficio cinematográfico por ser hijo de la directora Danièle Thompson y nieto del maestro Gérard Oury, consiste en aunar el romance entre seres opuestos con la defensa apasionada y contagiosa de la carnicería artesanal y del producto de cercanía o de kilómetro cero.

Thompson y su colaborador en el guion, Fabrice Roger-Lacan, utilizan a modo de gancho un truco que les funciona muy bien y mediante el cual consiguen que una mujer urbanita que odia la charcutería acabe enamorándose de la profesión por la que en principio siente tanto rechazo. Hay una cita preliminar con un hombre que le mentirá sobre su condición real de carnicero, aunque sus manos le delatan, y con el que no tendrá más remedio después que entenderse y algo más, porque va asociado a la herencia paterna. Su padre le ha dejado en herencia el negocio familiar de la carne, y su última voluntad es que lo matenga junto al encargado en el que confía para ello, que no es otro que el tipo del encuentro previo. La primera reacción de ella es la de vender, pero él irá convenciéndola para que haga todo lo contrario.

De esta manera, el improbable emparejamiento entre la sofisticada editora de una revista de moda y el rudo artesano que se dedica a despedazar animales enteros se hace posible en la ficción, gracias a la buena química existente entre la actriz Géraldine Pailhas y el actor Arnaud Ducret, secundados por Stéphane De Groodt como el chef, y con el recordado Jean-François Stevenin en el rol paterno.