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LOS CARTÓGRAFOS DEL GIGANTE GASEOSO Y SU ATMÓSFERA ARREMOLINADA

El Planetario de Iruñea, con la colaboración de la UPV/EHU, ha cartografiado la superficie de Júpiter, estableciendo la latitud y longitud de sus principales estructuras meteorológicas, para lo que ha utilizado imágenes de una cámara de la misión Juno de la NASA.


El 5 de agosto de 2011, la nave espacial Juno de la NASA fue lanzada desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. La sonda se embarcó en un viaje de cinco años hacia el gigante gaseoso Júpiter con la pretensión de estudiar su atmósfera, su origen, su estructura y su campo magnético.

A la nave, que entró en la órbita de Júpiter el 4 de julio de 2018, se le incorporó un telescopio-cámara de luz visible denominada Junocam, y no ha dejado de enviar imágenes desde entonces. Todas ellas, sin embargo, tenían hasta ahora un carácter puramente estético dado que la cámara estaba pensada para la divulgación y para acercar el planeta al público en general.

No obstante, gracias los trabajos del Planetario de Iruñea y el grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU, liderados por Agustín Sánchez de la Vega, se han procesado más de 2.000 imágenes desde el servidor PVOL del GCP que permiten su uso en el ámbito científico e investigador. En resumen, «nos ha permitido hacer ciencia», señaló ayer en rueda de prensa Iñaki Ordóñez, responsable de investigación, desarrollo e innovación del Planetario de Iruñea, acompañado del astrofísico Fernando Jáuregui.

Una atmósfera cambiante

Júpiter es un planeta muy ovalado, «achatado» por los polos, y el proceso que ha permitido calcular la latitud y longitud de cada estructura observada en las imágenes enviadas ha sido complejo. «Son imágenes procesadas, porque si no lo fuera, las veríamos con deformación esférica. Hay que reproyectar esas imágenes, asignarles las coordinadas geográficas para poder obtener con precisión sus verdaderas dimensiones»,detalló Ordóñez. Algo así como cartografiar la superficie terrestre en un mapa, pero con el hándicap de que Júpiter está formado por gases, por nubes que se desplazan y que provocan que entre una imagen y otra algo cambie o nada sea igual.

La sonda completa una órbita cada 1,5 o 2 meses y cada 4 meses la NASA hace públicas las imágenes captadas en dos órbitas. Cuando Juno alcanza su vista más cercana de Júpiter, la nave espacial captura imágenes al detalle. Este punto o concepto astronómico llamado «perijove» dura unas pocas horas, por lo que «medimos con mucha precisión los tiempos en los que se ha tomado cada imagen para poder determinar qué movimientos se han podido dar entre una imagen y otra», explicó Ordóñez.

La investigación del Planetario con las imágenes de la Junocam han permitido, asimismo, hacer otras mediciones, como la de la altura de las nubes de Júpiter, por las sombras que proyectan. Todo ello ha ocasionado que la NASA se haya puesto en contacto con el Planetario de Iruñea para conocer la forma en que lleva a cabo el procesado de las imágenes y también ha colaborado en la elaboración de varios artículos científicos.

La Gran Mancha Roja

Júpiter se encuentra a 750 millones de kilómetros del Sol, su volumen es equivalente a 1.300 Tierras y tarda solamente unas 10 horas en girar sobre sí mismo. Se considera que todo el planeta está formado por gases, por hidrógeno y helio mayoritariamente, por lo que no tiene superficie sólida. Todo ello desencadena en que sea escenario de majestuosas tormentas. Realmente, la mayor tormenta conocida en nuestro sistema solar se encuentra en el planeta joviano, la Gran Mancha Roja, un gigantesco anticiclón que lleva por los menos 400 años paseándose por la atmósfera de Júpiter y en cuyo tamaño duplica la Tierra.

Además de proporcionar imágenes de mejor resolución disponibles hasta la fecha, el proceso de imágenes que llegan desde Juno están dando interesantes artículos científicos, según Ordoñez, entre ellos uno que analiza la Gran Mancha Roja. En los «mentideros científicos», apuntó Ordóñez, se decía que la mancha se estaba reduciendo y que podría llegar a desaparecer, pero en el artículo se concluye que se trata solo de una variación de tamaño superficial y que en sus capas interiores la tormenta mantiene sus dimensiones originales.

Otro de los artículos analiza el Clyde Spot, una tormenta llamada así por su descubridor, el astrónomo amateur Clyde Foster, que la descubrió con su telescopio en Sudáfrica en 2000. Ordóñez destacó, además, que esta investigación es interesante para comprender los procesos de cambio climático, ya que Júpiter es como un «laboratorio más simple» que el de la Tierra y permite analizar de una manera más sencilla las interacciones y evolución de su atmósfera.

Los resultados de estas mediciones permiten al Planetario proyectar en su cúpula las estructuras visibles de Júpiter en su ubicación correcta y sus proporciones reales en el disco del planeta, y para ello han organizado una sesión especial este sábado.