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Ley Mordaza: Zapatero pide que se reforme y Marlaska niega ser el obstáculo

El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero indicó que la Ley Mordaza «necesita» ser modificada y aseguró ser optimista con que salga adelante, mientras que el ministro de Interior respondió así a GARA: «Vamos a hacer una ley que va a satisfacer a todos».

Protesta contra la Ley Mordaza ante la comisaría de la Ertzaintza en Donostia. (Juan Carlos RUIZ | FOKU)

El pasado viernes se cumplieron siete largos años desde la entrada en vigor de la Ley de Protección de Seguridad Ciudadana, conocida como ley Mordaza, aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy, que tenía mayoría absoluta, y que hizo caso omiso a las quejas de Bruselas, la ONU, Amnistía Internacional y toda la oposición política española.

A pesar de que su reforma fue promesa de campaña tanto del PSOE como de Unidas Podemos, y tras cuatro años de una mayoría legislativa que podría haber aprobado cambios, ese marco normativo oprobioso para una democracia moderna europea sigue vigente y su modificación está atascada.

Tal es así que se han suspendido las ponencias en la comisión de Interior -a cargo del debate del proyecto que habría que enviar al Hemiciclo- y hay negociaciones discretas para encauzar la situación. Cabe recordar que los aliados parlamentarios EH Bildu, PNV y ERC apoyan, con matices diferentes cada uno, la reforma.

Pero la polémica ley también abre heridas dentro del PSOE, ya que GARA pudo constatar de fuentes del Congreso que algunos diputados del PSOE culpan al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de trabar unos cambios más ambiciosos.

Con oportunidad de unas jornadas parlamentarias sobre la actualidad LGBTI y sus retos, el ministro se hizo ayer presente en la Sala Ernest Lluch para clausurar las conferencias, en un panel compartido con el también vasco Ander Gil (presidente del Senado) y la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra.

«Se pretende que todos queden contentos».

Al concluir la ponencia, GARA -único medio que quedaba presente- se acercó a preguntar a Marlaska por los cambios y su presunta responsabilidad en el dique al avance de la ley. En la conversación, el ministro del Interior respondió que «no es así» y que no está bloqueando una reforma más profunda: «Estamos trabajando seriamente, tenemos cerrado un texto con Unidas Podemos».

Repreguntado sobre ese texto, que es calificado de muy poco ambicioso por los colectivos sociales y por los grupos soberanistas, añadió: «Bueno... quiero decir que estamos trabajando seriamente, es un compromiso de todos nosotros. Va a salir adelante, todos van a quedar contentos, es lo que se pretende».

La polémica se centra en cinco de los más de sesenta artículos y disposiciones adicionales de la ley, los vinculados a la actuación policial y que convierte a sus efectivos en jueces y parte a la hora de aplicar una multa (que no es delito penal sino falta administrativa, es decir, sin decisión de juez ni necesidad de demostrar culpabilidad del multado).

«Vamos a hacer una ley que va a satisfacer a todo el mundo. Es necesario y es un compromiso», recalcó Marlaska a GARA antes de retirarse. Lo cierto es que diputados han dicho a este medio fuera de micrófono que una reforma que trascienda el mero maquillaje era obstruida por presiones de Interior a Moncloa.

También cabe recordar que los sindicatos de fuerzas de seguridad han pedido que no haya cambios en la ley, amparados por la derecha española y algunos medios e ignorando las críticas de Bruselas y organizaciones internacionales.

El sector más conservador de los efectivos, vertebrado alrededor de la asociación Justicia Salarial Policial (Jusapol) y de sus dos marcas electorales -el sindicato Justicia Policial (Jupol), en la Policía Nacional española, y la asociación Justicia para la Guardia Civil (Jucil)-, han hecho sentir su disconformidad. Y Marlaska no es indiferente a esas demandas.

En tanto, también estuvo presente en estas jornadas LGBTI, sólo que en su inauguración, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. También preguntado por GARA a su salida, respondió: «Pienso que las leyes del PP que supusieron un paso atrás necesitan ser reformadas. Se ha hecho una tarea muy importante en varias leyes y creo que esta también será objeto de una reforma».

Repreguntado por las trabas y la lentitud del proceso, Zapatero respondió un contundente «sí» a la posibilidad de que finalmente acabe aprobándose la reforma, que cuenta ya con el rechazo tajante del PP, de la ultraderecha de Vox y de Ciudadanos.

La clave de las divergencias está en ítems que tienen que ver con las multas por desobediencia y falta de respeto a la autoridad, con la negativa a identificarse, con los límites a la grabación y difusión de actuaciones policiales en vía pública, a la regulación de manifestaciones y reuniones, y a las disposiciones adicionales sobre los funcionarios de prisiones y sobre las llamadas devoluciones en caliente.