2022 UZT. 27 Joyas del Atlàntida (I) Fotograma de «Atlantide», de Yuri Ancarani. (GARA) Víctor ESQUIROL Crítico cinematográfico La 12ª edición del Atlàntida Film Fest nos va a acercar el próximo mes algunos de los títulos y voces más relevantes del panorama europeo. Una de las propuestas que mejor encarna esta capacidad que el séptimo arte sigue teniendo para cogernos a contrapié, la encontramos en la sección Atlàntida Premiere. “Atlantide”, de Yuri Ancarani. Se trata de una extraña y súper-hipnótica mezcla entre ficción y documental que, sobre el papel, podríamos definir como la respuesta veneciana al fenómeno “A todo gas”. Tal como suena, tal como se ve, tal como se oye. Después de “The Challenge”, este director italiano se confirma como uno de los valores más sólidos no solo dentro de su cinematografía, sino directamente del panorama mundial. Lo hace siguiendo los pasos de unos jóvenes que sueñan con tener las lanchas más rápidas de la laguna de la ciudad de los canales. Chavales que, como todos los demás, entran en la edad adulta con serios reparos a desprenderse del niño que llevan dentro… pero también deseosos de explorar aquellos placeres que les promete esa nueva vida que se mueve más rápido, con más intensidad, y desde luego, con mucho más peligro. Así, lo que empieza moviéndonos por los territorios de las no-ficciones observacionales de Roberto Minervini (uno de los grandes retratistas de los Estados Unidos más marginales), poco a poco se va acercando al frenesí de las fantasías (arraigadas en la realidad) de Sean Baker o Harmony Korine. La paleta de colores intensa que acostumbra a marcar los trabajos de estos dos últimos autores se deja notar en unas aguas ahora revueltas, que lo mismo son testigo de una persecución policial que bien podría haber filmado Michael Bay, como de un encuentro sexual que parece salido de la mente alucinada de Nicolas Winding Refn. En “Atlantide”, ya se ve, todo cabe; todo vale. La revolución hormonal / emocional / espiritual que se produce dentro de los cuerpos filmados, cala en un estallido sensorial diseñado para aturdirnos a nosotros, igualmente… y para que al terminar la experiencia, ya no sepamos si estamos en Venecia o en la mismísima Laguna Estigia. Entre la vida y la muerte; entre la infancia y la adolescencia: Yuri Ancarani, suerte de Caronte cinematográfico, conjuga el poder mágico de las imágenes y los sonidos para llevarnos a esa otra orilla, donde la lógica con la que nos relacionábamos con el mundo, ha perdido completamente su sentido. Para recuperarnos de dicho trance, ahí está, por ejemplo, “Girl Picture”, de la finlandesa Alli Haapasalo. La cámara se fija en tres jóvenes amigas, y en los altibajos que experimentan a lo largo de tres viernes consecutivos. Esto es, una trilogía de inicios de fin de semana, en la que la búsqueda del amor, el placer y la identidad va a repercutir no solo en cada una de las chicas, sino también en los lazos que las unen a sus seres queridos. Si antes Ancarani se acababa librando al virtuosismo formal, ahora Haapasalo apuesta por la luminosidad, no solo en un trabajo de dirección de fotografía memorable, sino más bien en el dibujo ≠sicológico de unos personajes que respiran con total autonomía, y que más allá de cualquier bache que puedan encontrar por el camino, hacen todo lo que está en su mano para recomponerse; para afrontar la semana que está a punto de comenzar con mejores ánimos y con más conocimiento de los que se tenían en la anterior. De la tempestad pasamos a la calma; a reconfortarnos con la calidez de una energía bondadosa que entiende los riesgos de la exploración… pero que sobre todo premia la valentía, la honradez y la consideración con las que se afronta tan estimulante proceso. «Yuri Ancaraniren