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DE REOJO

Atención al cliente


Estoy bastante de acuerdo con ustedes, Alberto Garzón es uno de los ministros del actual gobierno de coalición que menos aparece en las fotos, los vídeos, las intrigas o las quinielas electorales. Su manera de entrar en la cola de la actualidad política es diciendo verdades sobre la carne o las macro granjas que sirve de excusa para que la extrema derecha bicéfala española entre al trapo de manera irracional y no reciba ni siquiera un apoyo logístico de su presidente de gobierno que cuando aquello de comer menos carne roja lo solucionó todo con una frase de calendario de bomberos: «a mi encanta un buen chuletón en su punto».

Un ministerio de Consumo es, por enunciado y competencias, un marrón. Abarca tanto o tan poco que choca en cada acción con ministerios colindantes o puestos enfrente. Se entiende su discreta vida pública, pero lo que ha sucedido estos días es puro bullying político. Parece un asunto invisible, secreto, pero se acaba aprobar algo que si se puede aplicar se merece un monumento a este Garzón que se proclama todavía comunista.

Nada menos que una Ley de Atención al Cliente que ordena el tiempo de contestación, la manera en la que no se pueden derivar las llamadas a lugares remotos, la precisión con la que se debe atender. ¿Se imaginan? Insisto, ¿se imaginan lo que puede ser llamar para pedir cita médica, consultar factura del gas, solucionar problemas con la tarjeta de crédito, un recibo municipal y que te contesten a la primera, con una demora máxima de tres minutos? Tres minutos como máximo es una utopía. Una auténtica revolución.