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AZKEN PUNTUA

¡Qué importa... si podemos entonar un reguetón!


Ante unas elecciones lo más desilusionante es percibir la frivolidad del debate político. La frivolidad es como un deslumbrante fuego de artificio. Con ella se aparcan las ideas, se disimula la mediocridad y se evita la disputa seria de proyectos y alternativas. En los días previos a la campaña electoral del 28M, el debate estrella en las redes sociales se ha centrado en la foto y el podcast de una cantante de reguetón con la aspirante del PNV a la alcaldía de Gasteiz. A la hora de opinar, a favor o en contra, no ha faltado nadie. Ni candidatos ni ciudadanas de a pie. Hasta el dirigente jeltzale Andoni Ortuzar ha dejado su acostumbrada impronta contra el entorno de la izquierda abertzale. Todo perfecto para soslayar la realidad de la Gasteiz que deja el PNV. Una ciudad donde los alquileres suben vertiginosamente; donde los derechos sociales han caído en picado y se alimenta a las empresas «amigas» con la privatización de cualquier servicio público. Una ciudad sin apenas comercio de proximidad, más bien sucia y mal iluminada, con la Policía acusada de maltrato y un alto índice de desigualdad y segregación escolar. En Gasteiz todavía se prohíben conciertos, se oculta la pobreza y se expulsa a los emigrantes con un billete de autobús. Pero eso qué importa si podemos entonar un reguetón.