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LA REAL, EN LA FINAL DE COPA

No hay ilusión que pueda con un Barcelona de leyenda

La Real no pudo reeditar el éxito de su debut y cayó de forma contundente en la final de Copa disputada en Zaragoza ante un Barcelona intratable. El equipo catalán suma su décimo título copero con una goleada incontestable. Las donostiarras solo se ilusionaron por el gol en la recta final, arropadas por más de 6.000 aficionados que no dejaron de animar.

Cuerpo técnico y plantilla de la Real posan con las medallas y el trofeo de subcampeonas de Copa. (Aitor KARASATORRE | FOKU)

El Barcelona de Jonathan Giráldez es una máquina perfecta de hacer fútbol que todos los aficionados deberían intentar ver jugar en directo antes de que acabe su época. Que acabará algún día, para alivio de sus rivales. Porque es fácil disfrutar con el espectáculo cuando el damnificado es otro, y posiblemente ni siquera así si el castigo es excesivo, pero no tanto cuando es uno mismo la china bajo el zapato del tirano culé.

De eso sabe un rato la Real, que nunca en toda su historia ha sido capaz de ganar al Barcelona y menos aún en estos últimos años en los que sobran dedos de las manos para contar los equipos ante los que han sucumbido las catalanas, que en el último lustro han conquistado 15 de los 19 torneos que han disputado, a la espera de lo que hagan el próximo sábado en Bilbo en la final de Champions League contra el Olympique de Lyon, el único equipo que hoy en día parece capaz de doblegarles.

El problema de la Real no es que haya convertido esas derrotas ante el Barcelona en costumbre, como tantos otros, es que además en esa lista interminable se acumulan golpes dolorosísimos. Lo fue el de Salamanca, quizá porque las donostiarras, habiendo ganado apenas unos meses atrás su primera final, llegaron a aquella Supercopa con una ilusión que rozaba la candidez. Lo han sido algunas de las goleadas igualmente escandalosas que han encajado estos años. Y lo fue el que encajaron ayer en La Romareda. Porque pese a ir contra toda lógica y contar con una experiencia que obligaba a la cautela, igualmente había ilusión ahora. La ilusión que siempre ampara la imprevisibilidad de la competición. Y también la convicción de que la Real vendería cara su piel.

Por eso el golpe fue tremendo y doble. Porque no hay ilusión que pueda con la superioridad del Barcelona ni personalidad que aguante indemne un marcador como el de La Romareda muy por muy grande que sea el rival y porque, aunque apretó en busca de un gol para dedicar a su incansable afición en los últimos minutos con todo sentenciado, la Real ni siquiera aprobó su propio examen. Las catalanas entraron mejor al partido y jugaron con más intensidad, dos de los pocos, quizá únicos, apartados en los que se les puede al menos igualar.

DESDE EL PRINCIPIO

La calidad y la voracidad de un Barcelona que nunca se cansa de marcar ni de ganar hicieron el resto. De poco sirvió que Natalia Arroyo quisiera resguardarse un poco colocando una línea de cinco atrás porque el equipo de su buen amigo Jonathan Giráldez, que había salido con todo -y todo en este caso es mucho decir-, se adelantó nada más empezar el partido. Con suspense porque estuvo a punto de parar Lete y hubo revisión del VAR por posible fuera de juego pero en el minuto cinco llegaba el 1-0 con la firma de Ona Batlle.

Para el descanso, las catalanas ya ganaban de cinco. Paralluelo de cabeza, Graham Hansen atenta para aprovechar un rechace, de nuevo la noruega con asistencia de Paralluelo y otea vez Ona Batlle culminando una acción coral de dibujos animados llevaban la manita al marcador. Desbordada en defensa, la Real tampoco era capaz de recuperar el balón y llevarlo arriba con peligro aunque lo intentó las contadísimas veces que tuvo la ocasión. Y vaya cómo se vinieron arriba los más de 6.000 aficionados txuri-urdines que arroparon al equipo, aunque solo fuera con un centro de Franssi que atrapó Paños, un disparo lejano de Andreia que se fue alto o una carrera de Bernabé por banda, la única del partido, cuyo centro despejó Engen y remató alto Franssi.

Ver a Alexia, Rolfo y Walsh -campeona del mundo, medallista olímpica y mundial, campeona de Europa- calentando en el descanso hacía temer que el Barcelona no levantaría el pie en la segunda parte y, efectivamente, así fue. Mariona por partida doble y Pina, que no había dejado de buscar el gol desde el pitido inicial, completaron la goleada.

En la recta final del choque, empujada por una afición que no dejó de animar en ningún momento -así se lo agradeció el equipo, con pancarta incluida-, la Real pudo dar un paso adelante e ilusionarse al menos con la posibilidad de marcar un gol que no llegó.



«El cómo nos ha destrozado y nos duele»

Si fue un trago duro para el equipo aguantar sobre el campo con semejante marcador, también lo fue para Natalia Arroyo comparecer ante la prensa tras el encuentro. Reconoció que la derrota y, sobre todo, cómo se produjo, había «destrozado» al equipo.

«Estamos fastidiadas -admitió-. Siento que demasiadas jugadoras han estado sufriendo y sintiéndose superadas. Eso me deja mal, no he sido capaz de prepararles lo suficiente para que no se sintieran tan desbordadas en algún momento. Me molestan las lágrimas de todo el mundo. Nos han pasado por encima desde el primer segundo. Habíamos imaginado otra cosa y no hemos podido dárselo ni a la afición ni a las jugadoras». Y la consecuencia es que las donostiarras acabaron «muy fastidiadas, nos va a costar digerirlo. Dentro de unos días empezaremos a disfrutar de lo que también es meritorio y es que somos subcampeonas. Pero el cómo hoy nos ha destrozado y nos duele».

Admitió Arroyo que encajar el primer gol a los cinco minutos afectó, pero no fue lo único que condenó al equipo. «No hemos sido capaces de llegar a todo y se nos ha juntado esa frustración y vernos con el 0-1 tan pronto. Hemos sufrido mucho defensivamente, el balón nos quemaba y hemos estado totalmente superadas. Creo que ha sido lo peor. Ir viendo el marcador, cuánto queda y no sé dónde ponerme. Ha sido lo más frustrante. Hemos intentado durante el primer tiempo ser más agresivas, pero es que la eficacia del Barça ha sido altísima, fruto muchas veces de nuestra falta de contundencia. Tenemos que mejorar si queremos ser competitivas».

Arroyo se dirigió a la afición para decirle «que lo siento y que eskerrik asko por haber estado animando, por dedicar su tiempo y recursos a darnos apoyo. Lo siento, hemos planteado algo que no ha salido bien, no hemos estado a la altura de lo que ellos ofrecían. Han sido una afición ganadora de la Copa». A.U.L