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EL INFIERNO EN GAZA INCENDIA ORIENTE MEDIO

Netanyahu envía negociadores, pero se enroca en mantener la guerra

Israel envió una delegación negociadora a Doha para discutir un posible alto el fuego tras las nuevas ideas que planteó Hamas para reanudar las conversaciones. Las declaraciones sobre la posibilidad de acercarse a un acuerdo contrastaron con la insistencia del primer ministro, Benjamin Netanyahu, en que no detendrá «la guerra hasta alcanzar todos sus objetivos».

Una pareja palestina, con sus dos hijos, entre las ruinas de Jan Yunis. (Bashar TALEB | AFP)

Después de que Hamas enviara su última propuesta para una posible tregua en Gaza, Benjamin Netanyahu aprobó enviar a Qatar un equipo negociador, en el que incluyó al jefe del Mossad, David Barnea.

Pero al mismo tiempo insistió en que «la guerra solo terminará después de alcanzar sus metas, y no un momento antes», en referencia a la liberación de los cautivos israelíes, eliminar las capacidades militares y de gobierno de Hama,s y garantizar el retorno de los evacuados en el norte y sur del país.

Así se lo transmitió a su principal aliado, el presidente de EEUU, Joe Biden, a pesar de que Hamas ha flexibilizado su postura con «nuevas ideas» «con el ánimo de llegar a un acuerdo que ponga fin a la brutal agresión».

Los cambios se refieren a las etapas de negociación, que en una primera fase planteaba un plazo de seis semanas con una retirada de las tropas israelíes de la Franja de Gaza y un primer intercambio de prisioneros, y una segunda que encaminara el alto el fuego permanente.

Para Israel -y para EEUU- se plantea la contradicción de presentarse en una negociación sin otro plan que la destrucción de Gaza, la limpieza étnica y la ocupación.

La derrota política de Hamas está fuera de su alcance y, a pesar de la destrucción masiva durante nueve meses, Israel no ha conseguido localizar a los principales líderes del movimiento y solo ha liberado a algunos rehenes durante el cese el fuego de noviembre o con la matanza de Nuseirat.

Medidas de «seguridad» como la eliminación de las infraestructuras, zonas «tapón» en la que los bulldóceres israelíes han destruido todos los edificios y corredores que aislan la Franja preparan una estrategia de ocupación a largo plazo. Cómo gestionar esta ocupación parece aún una tarea pendiente para el Gobierno israelí.

Esa ambición de Netanyahu va más allá del propio interés del primer ministro en alargar la guerra y es compartida por el sionismo en general, incluidos sus rivales, como el opositor Benny Gantz o el ministro de Defensa, Yoav Gallant, que parecen tener su propia conexión con Washington.

Gadi Eisenkot, exmiembro del disuelto gabinete de guerra, opinó que, aunque con la nueva propuesta de Hamas, las negociaciones están «más cerca que nunca» de llegar a buen término, «encuentro difícil ver a Netanyahu en un nivel de liderazgo estratégico y tomar una decisión muy difícil de detener la guerra».

Mientras tanto, el Ejército israelí siguió atacando la ciudad de Gaza, donde lleva más de una semana golpeando con una incursión terrestre el barrio de Shujaiya, del que ha provocado la huida de unas 85.000 personas.

También de Jan Yunis han escapado 250.000 palestinos. Muchos tuvieron que regresar ayer al no encontrar ningún lugar en las zonas supuestamente «seguras», saturadas y sin infraestructuras mínimas.

En el último día, Israel mató a 58 palestinos más, cinco de ellos en el bombardeo de dos escuelas de la Unrwa.