2024 AZA. 30 DE REOJO Geolocalizadores Raimundo FITERO Una famosa e internacional ONG ha presentado un informe sobre veintitrés prendas ropa de segunda mano, a las que les incrustaron geolocalizadores para saber qué sucedía con ellas. Varias de esas prensa recorrieron nueve mil setecientos once kilómetros y no está claro si acabaron siendo utilizadas por personas necesitadas o fueron mercancía con la que se alivia la conciencia de los consumidores convulsos del primer mundo. La conclusión más inmediata es que si dejamos esa prenda en un contendor público o lo llevamos a tiendas especializadas o franquicias de marcas muy promocionadas, nuestro gesto solidario se puede convertir en un micronegocio para algunas personas o formar parte de una gesticulación absurda que es difícil controlar. Es obvio que han crecido de manera exponencial las tiendas que venden ropa de segunda mano, pero están en barrios y calles a los que parece que acuden los mismos que hace unos meses las habían comprado recién llegada de Asia con el precinto sin estrenar. Está demostrado que la industria de la confección de la ropa que usamos es muy contaminante, que hay marcas que las producen en lugares donde los salarios son ridículos y la explotación de personas de corta edad es habitual y las condiciones de protección del medio ambiente son escasos, por lo que genera problemas globales. La segunda mano, la reutilización parece un mero alivio, aunque de efectos desconocidos. O nulos. Y no parece que después de haber instaurado este consumo masivo de ropa de usar y tirar, sea fácil volver al consumo responsable.