GARA Euskal Herriko egunkaria
DE REOJO

Apagón total


El noventa y nueve por ciento de Chile sin suministro eléctrico es una catástrofe. Los militares en la calle añaden dramatismo a una circunstancia que nos debe alertar sobre la privatización de estos servicios esenciales. Una avería (se supone) de estas características crea terror en la población. Empezó el corte siendo de día y sus efectos son importantes porque somos dependientes de la electricidad de una manera absoluta. Todos los hospitales tienen soluciones de autogestión a base de combustibles fósiles para estas eventualidades. Otros puntos neurálgicos del sistema, se supone que también. En oficinas y casas particulares hay unos acumuladores de emergencia, pero por un tiempo limitado.

La noche sin electricidad en una ciudad es algo fantasmagórico. Los autos alumbrado las calles a oscuras crean sensaciones terribles, proyectando sombras y figuras tintineantes asombrosas. Y a partir de ciertas horas sin luz, las neveras, los frigoríficos, la inmensa mayoría de nuestros electrodomésticos y utensilios de uso cotidiano no existen. Y se nos acaba la carga del propio teléfono sin posibilidad de recargar, lo que provoca ansiedad. Y no tenemos wifi. Es decir, un caos. Sin transporte público subterráneo, el de superficie sin el control de los semáforos, las televisiones en negro, las velas vuelven a formar parte de nuestra subsistencia y no de decoración.

Recuperar la normalidad es una tarea técnica pero esas horas de apagón total siempre tienen consecuencias políticas en el medio plazo mientras se delimitan las responsabilidades de quienes debían mantener el funcionamiento.