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DE REOJO

La Luna y el dedo


El dedo señala a un lugar que conocimos como la Luna donde soñábamos y hasta le hacíamos poesías y que hoy parece haberse convertido en un apreciado territorio a colonizar. ¿Entre la Tierra y la Luna, cuántos cientos o miles de satélites pululan con intereses militares o comerciales? Hay una estación orbital con dos pasajeros atrapados varios meses. Los multimillonarios globales envían cohetes con pasajeros mirones al espacio exterior. La inocencia y el verso se apartan en busca del capitalismo extraterrestre.

Pero el dedo también señala paradojas como que se celebre el 9M día Mundial de la tortilla de patatas, con o sin cebolla y que, en cada pueblo, cabecera comarcal, capital de provincia exista, por lo menos, un lugar donde juran que se hace la mejor del lugar, de la región, del Estado, de Europa o del Mundo. Un orgullo. Una gran satisfacción. Una seña de identidad, una propaganda y hasta, es posible, que sea un placer a nuestro alcance el degustarla.

Sobre todo en el día después de 8M, donde manifestaciones, declaraciones de un calado extravagante que despistan y provocaciones de las extremas derechas van tejiendo una sensación de estar en el momento justo de rearmarse en los principios básicos y luchar para que no se den pasos atrás, que parece ser el camino que se está propiciando con tantos aranceles mentales que se están superponiendo con imágenes tan contundentes como que la corrupta Díaz Ayuso premie en esta fecha señalada a una madre de quince hijos que da gracias a su dios. Otra propaganda que nos remite al franquismo de nuestra infancia y juventud.