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Callar


Conforme pasa el tiempo, la necesidad de silencio y privacidad se convierten en algo más imperativo que nunca», escribió Patrick Leigh Fermor (Londres, 1911- Grecia, 2011) en el prólogo para una reedición de “Un tiempo para callar”. Un libro con ese título ha de ser tomado en consideración, y si además nos lleva a descubrir a semejante escritor, entonces estamos de suerte. Publicado en 1957, narra la experiencia del autor en tres abadías benedictinas y trapenses en Francia y en los arcaicos monasterios rocosos de Capadocia. «En la reclusión de una celda las turbulentas aguas de la mente se apaciguan y clarifican», escribe, y eso a pesar de su «simple incapacidad para la fe».

Tras una infancia asilvestrada y una disipada adolescencia, a los 18 años decidió ir caminando hasta Estambul, adonde llegó dos años después; y de allí a la gran conmoción del descubrimiento de Grecia. Una existencia nómada y desbordantemente vitalista, y una perdida península del Peloponeso donde construyó su casa.

Su prosa es rica y compleja, elaborada y morosa, culta pero en absoluto exhibicionista, sin concesiones al lector, ya que fue un celoso amante de las palabras y de la música del lenguaje. Su obra completa se limita a ocho libros. Mejor no perdérselos.