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DE REOJO

La famillia y uno menos


A estas alturas del primer cuarto del siglo veintiuno, la familia es un organismo dinámico que se presenta en multitud de formas, como número primo, duplas, trípticos, múltiples, con variedad de géneros predominantes y con mascotas que forman núcleo dependiente. Por lo tanto, cada vez que se escribe o se pronuncia familia, o haces una adenda explicativa del modelo al que te refieres, o te expones a críticas y excomuniones laicas.

Probablemente su valor simbólico exceda a sus atribuciones pragmáticas, pese a que todos los códigos por acción u omisión protegen y premian la familia tradicional y bien bendecida, pero como es bastante difícil desentrañar sin una creencia mágica el nombre de los programas de televisión, la primera estatal, que lleva unos meses buscando audiencias desesperadamente, ha incluido en las tardes de los días de labor “La familia de la tele”, que es, sin ningún pudor, una versión de “Sálvame”, pero sin Jorge Javier Vázquez.

Los datos de audiencia son malos, lo que mediatiza cualquier opinión, aunque abre un debate que se arrastra por décadas y es sobre la función de las televisiones públicas, y en este caso de TVE, que no tiene publicidad, de momento. Es un programa popular, con los mismos intervinientes que en su vida anterior en Tele5, con la misma fórmula de críticas, bulos, gritos, rumores para meterse en la vida privada de la fauna mediática de tercera división. Irrumpe en una franja horaria que tenía series de producción propia para una audiencia muy concreta y algún concurso. ¿Este tipo de televisión abrasiva tiene cabida en la pública? Abro consultas.