GARA Euskal Herriko egunkaria
EL REGRESO DE ULISES

La Odisea del héroe que sangra por dentro


La historia de “El regreso de Ulises” arranca con un Odiseo irreconocible, devastado física y emocionalmente, emergiendo en la costa como un extraño en su propia casa. Esta aproximación intimista convierte el regreso épico en un viaje interno, un descenso al alma del personaje.

Ralph Fiennes encarna a Odiseo con una presencia física intensa y una carga psicológica brutal: su cuerpo muestra cicatrices de guerra y su alma evidencia el peso del silencio y la culpa. Juliette Binoche, como Penélope, despliega una fuerza contenida: sus silencios, miradas y la tensión de su espera reflejan un dolor y una dignidad que trascienden lo convencional.

“El regreso de Ulises” es una versión descarnada e introspectiva de un mito gigantesco. Es una Odisea amputada, pero consciente. Tiene la densidad emocional y la virtud escénica para recordarnos que los héroes también sangran por dentro. Al mismo tiempo, abraza un intimismo tan cerebral que deja un poso de frialdad.

El problema es que la austeridad con la que Uberto Pasolini recubre su película rara vez la sentimos como un gesto artístico; más bien, como un presupuesto limitado disfrazado de estilo. El ascetismo formal termina por dejarnos fríos. No emociona ni molesta: se queda en un ejercicio pulcro, académico, que acaricia la superficie del mito sin dejar demasiado poso en la memoria del espectador.

Olvídese de la epopeya y sus prodigios: aquí no hay cíclopes, ni dioses, ni rayos lanzados desde el Olimpo. Pasolini arranca el barniz mítico y lo sustituye por conflictos terrenales. Pero para quien quiera ver las ruinas del mito, el vasallaje del dolor y la culpa sobreviviendo al regreso… Pasolini ofrece exactamente eso.

Una propuesta curiosa e interesante, sí, pero demasiado solemne.