2025 URR. 26 FRANKENSTEIN Cuando la perfección técnica eclipsa la emoción Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Guillermo del Toro se sumerge de lleno en su universo gótico y monstruoso con “Frankenstein”, un despliegue de recursos técnicos y artísticos llevado a su máxima expresión. Desde la primera escena queda patente que estamos ante un proyecto colosal; sin embargo, Del Toro siente una necesidad desmedida de explicarlo todo y, emocionalmente, nos deja fríos. En esta historia, el doctor Pretorious se ve obligado a localizar al mítico monstruo de Frankenstein -se creía muerto en un incendio ocurrido cuarenta años atrás- con el fin de continuar los experimentos iniciados por el propio doctorFrankenstein. Cada personaje, cada engranaje visual y cada pieza de vestuario parecen diseñados para dejarnos boquiabiertos, y lo logran. En ese sentido, “Frankenstein” es un triunfo absoluto: imposible no perderse en la riqueza de su mundo, un universo que Del Toro construye con la maestría de quien domina la atmósfera hasta en el último detalle. La música y el diseño sonoro refuerzan esta sensación. Pero aquí surge la paradoja: toda esta perfección técnica y visual, irónicamente, enfría la emoción. “Frankenstein” deslumbra, pero no conmueve. Los actores, en especial Jacob Elordi y Oscar Isaac, realizan un trabajo excelente, pero los personajes -e incluso los dilemas morales que deberían desgarrar al espectador- terminan por dejarnos fríos. El problema no radica en la forma, impecable en todos sus detalles, sino en la manera en que se administra el contenido. Es un logro técnico indiscutible y una muestra del poderío de la superproducción moderna, pero quien en esta versión del clásico busque conmoción o emoción podría marcharse con la impresión de haber contemplado una obra magnífica, aunque emocionalmente distante.