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Un poco de por favor


En diversos foros se escucha una suerte de lamento o denuncia sobre la inflación existente en las programaciones de obras unipersonales. Lo que antes se llama monólogo provoca en muchos sectores de la programación recelos que vienen inducidos por los públicos que tienen reticencias para ver una obra con un cuerpo único, una misma voz, un texto que en demasiadas ocasiones es una narración sin apenas acciones escénicas.En pocos días he visto varios monólogos procedentes de diferentes lugares y con temáticas diversas. Podría encontrar en muchos algunas coincidencias, como es la falta en la mayoría de ellos de un antagonista claro. ¿A quién se dirige el personaje que habla? También un exceso de recuerdo personal, de esa trampa llamada autoficción, como si ese tejido liberara de usar la teatralidad como un elemento importante. La inspiración en narrativas literarias también empieza a ser una constante que coarta desarrollos dramatúrgicos.En el Teatro del Barrio, he visto seguidos dos unipersonales: el valenciano Xavi Castillo, cada vez más directo, con sarcasmo político bien fallero y contagioso y a Juan Mayorga, la contención, el texto bien armado para contar una historia inspirada en Goethe. Un poco de por favor, hay unipersonales que parecen una ópera.