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Guggenheim: Una colección propia para mirar al mundo y al propio museo

La tercera planta del Museo Guggenheim de Bilbo, finalizada la obra de readecuación de la iluminación, acoge una exposición con sus últimas adquisiciones y cesiones; una muestra que, en realidad, son cinco y un viaje por el arte de la segunda mitad del siglo XX que habla de conflictos, espacio, mercado y memoria.

Una de las nuevas obras de la colección del Guggenheim que se expone en la tercera planta del museo. (Marisol RAMIREZ | FOKU)

En una misma planta, la tercera del museo, y según vas discurriendo de una sala a otra, pasas de una reflexión sobre los conflictos armados -los “sarcófagos-mueble” de la colombiana Doris Salcedo; los testimonios de los torturados en Siria, en un LED de Jenny Holzer; las fosas comunes del franquismo, en una fotografía del navarro Clemente Bernad-...-, al punto lúdico del Pop Art -un Warhol grandísimo, el perro esculpido por Jeff Koons...- y luego llegas a la profunda espectacularidad de un Tàpies o Rothko... ¿Pero qué vemos al fondo? ¿Un Basquiat, la banderola contra la central nuclear de Lemoiz y una instalación que te dice “Rechaza el trabajo, recrea la procreación”?

Todo esto y mucho más, contiene ahora la tercera planta del Guggenheim bilbaino, que abre hoy “Obras de la colección del Museo Guggenheim Bilbao”, una muestra que se quedará de forma permanente. Comisariada por la catalana Marta Blàvia, se puede decir que contiene en sí, en realidad, cinco exposiciones, ya que las obras han sido agrupadas temáticamente en cinco salas. Y en cada una de ellas se cuenta una historia.

La exposición responde al deseo de mostrar al público las adquisiciones recientes para la colección propia de la pinacoteca bilbaina, así como las donaciones recibidas de D. Daskalopoulos Collection -la fundación creada por el coleccionista y mecenas griego Dimitri Daskalopoulos-, la Fundación Al Held -que gestiona la obra del artista neoyorquino Al Hed (1928-2005)-, y el depósito a largo plazo de la coleccionista austriaca Inge Rodenstock.

Anualmente, la Tenedora del Guggenheim de Bilbo dedica una parte de su presupuesto a la compra de arte. Como apuntó ayer gráficamente Marta Blàvia, «en el caso hipotético de que se separaran el Guggenheim de Nueva York y el de Bilbo, para que nos entendamos, estas son las obras que son nuestras, las de los vascos. Esta exposición persigue dos objetivos primordiales -añadió-, por una parte, compartir con nuestros visitantes las nuevas incorporaciones a los fondos y, por otra parte, y sobre todo, mostrar la riqueza y variedad de nuestra colección».

PLAN ESTRATÉGICO

Miren Arzalluz, directora del museo, explicó también que, en cuanto a los contenidos, la colección «arranca en la segunda mitad del siglo XX, en la postguerra, a partir del año 45, y llega hasta la actualidad. En un principio, el marco es Europa y Norteamérica y, en la medida en que la política de adquisiciones ha ido evolucionando, también el marco geográfico y otros marcos se han ido ampliando. Se han establecido criterios con la presencia de obras maestras de la historia del arte de la segunda mitad del siglo XX, profundizando también en una serie de artistas que han tenido un papel fundamental en este periodo y, por supuesto, está el arte vasco. La colección incluye, a su vez, encargos de obras específicamente realizadas para localizaciones en este museo. Luego, con ese afán de ir construyendo una colección más representativa, más diversa y más global, también se han ido incorporando otros criterios geográficos y cuestiones de diversidad o de género».

«Nosotros ahora -añadió-, a lo largo del año 2026, tenemos la ocasión de realizar una reflexión interna, porque vamos a elaborar el nuevo Plan Estratégico con el horizonte 2027-2030, y ese también será un momento de considerar si vamos a actualizar la política de adquisiciones y algunos de los ejes que han definido esa política, para ver en qué sentido queremos que vaya evolucionando la colección».

Esta exposición se ha realizado también tras la nueva configuración de la tercera planta, consecuencia de una importante obra de readecuación de la iluminación de varias de las salas diseñadas por Gehry, con el fin de no dañar a las obras de arte. El cambio, iniciado en 2022 y que ha terminado en septiembre, ha implicado la reapertura de los lucernarios del edificio -se abren y cierran depende de la luz- con el objetivo de recuperar la configuración original, combinando de manera automatizada la luz solar y las nuevas luminarias LED.

Y, empezamos el viaje al atravesar la imponente valla de Kendell Geers, que recuerda a las que se levantan contra los migrantes. A partir de ahí, un viaje que nos lleva por grandes nombres como Helen Frankenthaler, Kiefer, Warhol, Rothko, Ryman, Al Held, Palazuelo, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, Basquiat...