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TORTURA

Colectivos feministas respaldan a Sorzabal y denuncian la tortura

Diversos colectivos feministas, sociales y sindicales denunciaron ayer la «tortura sexista» ejercida durante años en Euskal Herria y expresaron su solidaridad con Iratxe Sorzabal, que ha solicitado reabrir su caso tras el reconocimiento de la Audiencia Nacional española de que sus autoinculpaciones fueron obtenidas bajo tortura infligida por la Guardia Civil.

Comparecencia celebrada ayer en Katakrak. (Iñigo URIZ | FOKU)

Euskal Herriko Bilgune Feminista, junto a una decena de agentes feministas, sociales y sindicales, compareció ayer en la librería Katakrak de Iruñea para denunciar la «tortura sexista» ejercida durante años en Euskal Herria y mostrar su apoyo a Iratxe Sorzabal, después de que la presa vasca haya solicitado reabrir su caso de torturas tras el reconocimiento judicial obtenido este año.

La comparecencia se produce tras la decisión de Sorzabal de interponer una denuncia para que se investigue a los agentes responsables de las torturas que sufrió en 2001 en dependencias de l Guardia Civil. Una sentencia de la Audiencia Nacional, dictada mayo, declaró nulas sus autoinculpaciones al considerar acreditado que fueron obtenidas bajo tortura y le absolvió. Según recordaron los colectivos convocantes, era la primera vez que un tribunal español reconocía de forma tan explícita torturas en un caso relacionado con militancia política.

A juicio de las organizaciones feministas, resulta «inadmisible» que, reconocido judicialmente el uso de métodos de tortura, no se haya abierto ninguna investigación penal para depurar responsabilidades. De esta manera, citaron a Naciones Unidas para recordar que los delitos de tortura no prescriben porque «los efectos de la tortura son permanentes y, por tanto, el delito que los motivó también lo es».

En la declaración, las portavoces afirmaron que la violencia machista «tiene un sinfín de caras» y situaron la tortura ejercida por cuerpos policiales españoles y franceses «bajo el paraguas de la violencia machista».

Así, criticaron la «negación y tergiversación» de ambos Estados respecto a estas denuncias y aseguraron que la tortura se aplicó «sistemáticamente contra las mujeres acosadas por motivos políticos».

«CONTROL PATRIARCAL»

Las portavoces de los colectivos presentes denunciaron que la tortura contra mujeres y militantes independentistas de izquierdas ha sido una «estrategia de control político y patriarcal» y que las mujeres presas sufren una «doble violencia»: por ser mujeres y por disidencia política.

Estas dos variables, añadieron, han estado presentes en las manifestaciones de la tortura política sexual. Así, describieron las formas de tortura ejercidas durante periodos de incomunicación, como «amenazas de agresiones sexuales, interrogatorios desnudos, tocamientos, cuestionamiento de la orientación sexual, violaciones, torturas psicológicas, vejaciones o menosprecios sufridos como militantes».

De acuerdo con los colectivos, estas agresiones tienen como objetivo «reforzar la discriminación sexual, base del patriarcado, y afectan directamente a la integridad física y psicológica de las mujeres».

«La tortura es una manifestación más de la violencia machista contra las mujeres, apoyada durante años por los Estados», subrayaron, algo que tiene que ver con «el sentido patriarcal de la justicia», manifestado en procesos, detenciones, condenas y juicios.

Para los colectivos, la tortura se utiliza como herramienta para alejar a las mujeres de la participación sociopolítica. En el independentismo de izquierda, agregaron, las mujeres han adquirido «un compromiso político», y esta participación ha sido castigada «específica y especialmente en el caso de las mujeres»

De esta manera, recordaron que las declaraciones realizadas bajo tortura han servido de prueba en numerosos juicios, lo que ha alargado los procesos en la mayoría de los casos. «Al fin y al cabo, esa también es otra forma de aplicar la tortura. Lejos de ser un fantasma del pasado, hoy en día las consecuencias de la tortura siguen siendo bastante evidentes en Euskal Herria».

Así, reclamaron que las mujeres que han sufrido «torturas políticas sexuales» sean tenidas en cuenta en la lucha por la paz y la justicia, y subrayaron que es necesario que el movimiento feminista incorpore esta cuestión en la construcción de una memoria colectiva y en el futuro de Euskal Herria. «Las consecuencias que nos deja la tortura son variadas y tenemos que disponer de los medios para combatirlas y posibilitar los procesos de recuperación», afirmaron.