2026 URT. 02 GAURKOA Caza de brujas Eli SANCHEZ RODRIGUEZ {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Sorgin ehiza berriak datoz helburu zaharrei jarraitzeko… Caza de brujas. En tierra de brujas abundan las brujas. Ya no llevan gorro ni escoba, ni las queman en la hoguera, pero todavía hoy continúan siendo buscadas, encontradas, perseguidas, acosadas, denunciadas, humilladas, repudiadas… Y no precisamente por participar en akelarres. Nací en tierra de brujas, pero yo no soy bruja. Soy más bien de sangre azul, con nombre de princesa (como me dice mi madre), apellidos castellanos, y educada como señorita. Bien peinada, vestiditos con hombreras y zapatos de charol. Envidiaba a las brujas. Pelos sueltos, ropa cómoda, pies descalzos y mucho más. Sabiduría: sobre la Tierra, sobre los cuerpos. Soberanía: sobre la salud, la sexualidad. Sororidad: relaciones tejidas sosteniendo la vida misma. Yo tenía otras muchas cosas, pero nada de eso. Hasta que enfermé. Sabiduría. La nutricionista me preguntaba cosas que yo no entendía qué relación podían tener con mi enfermedad digestiva. Si el problema estaba en el intestino, por qué me preguntaba sobre mi piel, a qué hora cenaba, qué árboles había cerca de mi casa o si estornudaba los días de ovulación. Tampoco veía que mis hábitos de comida, descanso, higiene… pudieran tener mucho que ver en el diagnóstico. Ni qué hablar de mi relación con el entorno, o reconocerme como un ser biológico (y social) y cíclico más allá del día y la noche. Mi cuerpo, mi sexualidad, mi salud… Eran territorios que nunca me habían pertenecido, una expropiación que no obtuvo resistencia por mi parte, porque se realizó algunas generaciones antes de mi nacimiento. Y varias generaciones de patriarcado llevamos acumuladas en nuestros cuerpos que hoy gritan colectivamente sobre el diagnóstico de: enfermedad autoinmune, cánceres varios, Crohn, colitis ulcerosa, lupus, artritis reumatoide… y más. Ella es pura intuición e instinto (y un currículum de varias hojas). Sus manos son, para nuestra limitada comprensión del potencial humano, simplemente mágicas. Te toca y sanas. Soberanía. Poder decidir qué, cuándo, cómo, cuánto… y con quién. Conocer tus propios límites, tener recursos para gestionar tus necesidades. Necesidades fisiológicas, emocionales, mentales, sociales, económicas… todo un proceso de crecimiento, empoderamiento, libertad. Relacionarme así, vivir mi sexualidad desde ahí, parir con todo esto, amamantar y poder criar así. Me siento afortunada por todas y cada una de las mujeres y aliados que me he topado en el camino. Aprender a conocerme y aceptarme con mis pelos, pecas, arrugas, canas, chichas, estrías… aprender a decidir, generar recursos y gestionarlos, compartir, escuchar, alzar la voz, respetar la voz de otres, decir que NO. Ni me imagino lo que debe ser nacer así, respetada. Crecer así, con voz propia y cuerpo habitado. Soberanía para identificar y desafiar los mandatos de la vida moderna, capitalismo y patriarcado en envolturas de brilli-brilli. Ni qué decir que las brujas, como las que me han inspirado y acompañado, acompañan a las criaturas (también mis txikis) en el idioma de su tierra y se lavan los cuerpos en duchas mixtas. Sororidad. Las relaciones se tejen en lo cotidiano y dibujamos así nuestro concepto de vida. A veces una mirada basta. A menudo no hace falta hilar muy fino para percibir que una amiga simplemente no está bien, y quedarte a su lado. Sin dudarlo. Sin poner en duda su palabra, y sin dudar de la necesidad de tu presencia, apoyo y acompañamiento. La sororidad desafía los límites del espacio y tiempo, puede que no nos conozcamos personalmente, pero un «yo te creo» sincero y virtual, también es. La sororidad no es delito, pero… Sorgin ehiza berriak. Nuevas cazas de brujas. A Itziar le han hecho la vida imposible dentro y fuera del trabajo, por mujer, por curandera, por sabia. Nada nuevo, solo que hoy es la bruja la que se va de caza. El equipo de udalekus de Bernedo ha sido denunciado por acompañar desde y en la soberanía de los cuerpos, y los medios de comunicación han pretendido hacernos creer que son ellas las agresoras. Y de ahí a Zestoa, un desliz judicial que ha permitido sentar en el banquillo de las acusadas a las que tuvieron los ovarios de estar dónde, cuándo y cómo había que estar, intolerantes ante la violencia. Tres casos sin precedentes. Son tiempos interesantes, percibimos con mayor claridad cómo confluyen en nosotras mismas realidades adversas. Reconocemos que vivimos en un sistema capitalista y patriarcal. Identificamos que las instituciones oficiales de salud, educación, economía, justicia, comunicación… se basan en ese mismo paradigma. Admitimos que los servicios que ofrecen están desfasados y no se adaptan a nuestras necesidades reales. Y aun así, seguimos delegando y confiando en la buena praxis de todas ellas. Están cambiando, sí. Estamos cambiando. Nuestros cuerpos ya no ingieren sin protestar. Todas lo sentimos, todas estamos enfermas (depresión y ansiedad también cuentan). Así están las cosas. No confío en el sistema judicial, ni en los medios de comunicación. Pero ahora mismo son el terreno de juego. Nos queda confiar en las personas que participan desde dentro. Confiar en su sabiduría interna para discernir el oro de la paja; en la soberanía de sus actos dentro de estas instituciones, aunque sea disidencia controlada; y en la sororidad que resuene del reconocer, que esas mismas brujas, son las que estarían para nosotras si lo necesitáramos. Unas cuantas ya han sido quemadas, algunas están esperando al veredicto, y otras siguen testificando. Pero las que han resurgido de sus propias cenizas han vuelto sin miedo, y aunque el terreno de juego sea arcaico y el partido esté amañado antes de empezar, toca jugar. Y si es contra el Real Madrid, que se llenen las plazas para ver el show. Herria zuekin. Son tiempos interesantes, percibimos con mayor claridad cómo confluyen en nosotras mismas realidades adversas