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DE REOJO

En busca del relato


Cuando el agresor lo deja meridianamente claro: fueron a controlar el petróleo y otros recursos sustanciales, todos aquellos que pensaron que la historia se escribe a base de rezos y proyecciones sicológicas inspiradas en ideologías magnéticas, reaccionan de una manera tan torpe que deben buscar ellos el discurso recargado de suspicacias, oraciones a los dioses más conspicuos y a las tablas de la ley del fascismo más neolítico y ciego.

Ahora resulta que el mono color crema de Nicolás Maduro y esposa, rodeados de uniformes de la DEA de la prisión al edifico judicial forma parte de la película guionizada retransmitida en directo. Esa caravana por las calles neoyorkinas con una furgoneta con las puertas abiertas para que se viera a los secuestrados es paradigmática. Parece que la primera fase o capítulo se cerrará cuando salgan imputados del juzgado federal de Manhattan por un juez de noventa y tres años. Ojo al dato.

Leo tantas versiones de los motivos y los objetivos de esta secuencia televisada de terrorismo internacional que no puedo acabar las arepas sin regurgitar sapos y culebras. Crece la impresión de que existe un pacto con una parte del gobierno de Maduro (puede que hasta con el propio presidente secuestrado) que ya está funcionando y que se ha plegado a la colaboración con las empresas petrolíferas norteamericanas para que revivan la industria en los pozos venezolanos que, al parecer, se han quedado algo obsoletos por falta de inversión. Así que hay que estar atentos a los viajes en avión de Trump para saber que va a pasar. Nada parece que tengo como fin proteger a la democracia.