2026 URT. 08 DE REOJO Jugando a los barcos Raimundo FITERO {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Estamos asistiendo a algo tan extraño que cuesta colocarlo en su nicho distintivo. Es excesiva la presencia en los medios de Donald Trump, de tal modo que puede que estemos ante un hecho insólito: todo es fruto de un gran programa de televisión. Nada de lo que sucede en nuestras pantallas tiene que ver con ninguna realidad tangible, todo es virtual, es lo que en otros géneros se diría autoficción. Su narcisismo patológico es autodestructivo. Es posible que tras esta experiencia sea internado en una institución siquiátrica y con camisa de fuerza bien apretada firme decretos con la punta la nariz. Cada intervención pública, ante un atril, en avión o en los sofás y/o despacho de la Casa Blanca, el personaje se va convirtiendo en una parodia de sí mismo. Delira, miente, se inventa cifras y situaciones. ¿Le mienten sus bufones o es fruto de un desequilibrio mental? Cincuenta millones de barriles de petróleo es una cifra descomunal. Asegura que en Venezuela el pueblo salió a celebrar el secuestro de Maduro. Se burla de Macron de una manera cruel. Dice que los venezolanos que no están con su mamarrachada son feos. Debe tener un espejito mágico. Lo que asusta es que a su alrededor hay otros actores secundarios que le aplauden y que le dan iniciativas. Son los peligrosos. Los que asaltan petroleros de bandera rusa con sus tropas. Los que amenazan a Groenlandia con comprarla o invadirla. Ubú Trump no está solo en su reality televisivo, aunque es el protagonista. ¿Hasta cuándo este ruidoso silencio internacional? ¿Es miedo, prudencia o sabia estrategia? Jugando a los barcos se puede liar una muy gorda.