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Los ricos también sangran


The housemaid” (“La asistenta”), dirigida por Paul Feig, está basada en la novela homónima de Frieda McFadden. La cinta comienza con planos aéreos de una lujosa villa en la periferia de Nueva York. Como si de una casa de muñecas se tratara, la realización nos introduce en el universo aparentemente ideal de una pareja blanca adinerada. Todo es perfecto: sus cuerpos, sus coches, sus caras, su vajilla, incluso la asistenta que acaban de contratar y el jardinero italiano que deambula por el jardín. Es aquí donde comienza y acaba la historia, probablemente no como esperan los espectadores. Sydney Sweeney y Amanda Seyfried son las protagonistas de este drama que juega con los lugares comunes de las películas de los domingos por la tarde, pero que se transforma poco a poco a través de la narración, desde los distintos puntos de vista de ambas mujeres, en algo más grotesco si cabe. Hay quien calificaría a la película de thriller gótico, como deseen. La cinta es entretenida a pesar de ser un mar de tópicos (lo es incluso cuando pretende llevarnos a supuestas conclusiones feministas). Afortunadamente, hemos visto ya demasiadas sátiras acerca de las costumbres sociales de las clases pudientes norteamericanas mejor realizadas. Eso sí, la buena noticia es que había mucha ‘gente joven’ en la sala un día cualquiera en un horario marginal.