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MEMORIA HISTÓRICA

Un libro recopila la difusa huella de la Legión Cóndor en Nafarroa

La difusa huella en Nafarroa de la Legión Cóndor de la Alemania nazi y la Aviazione Legionaria de la ItalIa fascista durante la guerra del 36 ha sido recopilada por los hermanos Manuel y Miguel Ángel Torres en un libro que ha publicado el Gobierno navarro. Buñuel, Ablitas, Fitero y Cortes fueron la trastienda de esas fuerzas leales a Franco.

Un Do-17 alemán sobrevuela la Ribera de Nafarroa. (LA LEGIÓN CÓNDOR EN NAVARRA)

El propósito de “La Legión Cóndor en Navarra: la Guerra en el Aire 1936-1939”, según explican los hermanos Torres Mateos, consiste en «desempolvar ese pasado y extraer quiénes fueron aquellos legionarios alemanes que estuvieron en Navarra combatiendo al lado del bando rebelde, en qué frentes participaron, cómo fueron sus experiencias en retaguardia, en qué empleaban su tiempo libre, qué opinión tenían de la población autóctona o cómo fueron recibidos por los lugareños». Y utilizando para ello «documentos, expedientes, infografías, planos de los aeródromos y las ciento cincuenta fotografías de la época».

No ha sido tarea fácil, ya que, como reconocen, «nos costó Dios y ayuda encontrar la guerra, esto es, localizar los testimonios, informes, registros, actas militares o reseñas de prensa que dieran voz a esos mudos retratos que habíamos ido recopilando».

FUERZA VOLUNTARIA DE ÉLITE

La presencia de la Legión Cóndor en la península se debió a que «Hitler necesitaba una guerra para poner a punto su nuevo arsenal y en la que sus soldados pudieran adquirir experiencia en combate». Por ese motivo, terminó enviando «una fuerza expedicionaria de élite».

La ayuda alemana a Franco recibió el visto bueno de Hitler el 25 de julio de 1936 después de que atendiera a una delegación del general sublevado, que necesitaba trasladar sus tropas del Protectorado africano a la península para aplastar a los fieles a la República.

Tras esa primera asistencia a los sublevados, la misión de la Legión Cóndor comenzó oficialmente el 30 de octubre de 1936 y suponía pasar de unas operaciones de apoyo sin entrar en combate, a poner a disposición de Franco «una fuerza voluntaria de élite legionaria o mercenaria con un claro objetivo de luchar».

La estancia de sus miembros en el Estado oscilaba entre los seis meses y el año de duración, según rango o responsabilidad, y aunque se desconoce el número total de sus integrantes, la cifra podría estar en torno a los 19.000, llegados en tandas de unos 5.000 efectivos. Al término del conflicto, las bajas alemanas se estimaron en 317 hombres.

Era «una tropa cerrada, avituallada por personal técnico y auxiliar alemán y un Estado Mayor que solo debía rendir cuentas a Franco». Por lo tanto, era «una unidad autónoma con cadena de mando propia», destacan los Torres.

Los pilotos de la Legión Cóndor vivieron su paso por la guerra del 36 como una aventura en la que vivían «bien surtidos de suministros de su patria, con rápidos ascensos en el escalafón militar, salarios altos y la plena disposición de los anfitriones a complacer a sus invitados».

EL PRIMO DEL BARÓN ROJO

Uno de los oficiales de la Legión Cóndor fue Wolfram von Richthofen, as de la aviación alemana durante la Primera Guerra Mundial, como su primo, el famoso Barón Rojo. Fue uno de los responsables de los bombardeos de Durango y Gernika, y ya en la Segunda Guerra Mundial, de Varsovia o Coventry.

Fue enviado como jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor y posteriormente como comandante en jefe.

El 29 de marzo de 1937, Richthofen domiciliaba su Estado Mayor en Gasteiz, en el Gran Frontón Hotel. Poco después llegó su superior jerárquico y comandante en jefe, Hugo Sperrle, para coordinar la Campaña del Norte junto a Mola y Vigón.

Los oficiales, la tropa y el personal auxiliar alemán fueron distribuidos por fondas y domicilios particulares en las cercanías del campo de Salburua, ubicado al sureste de la capital alavesa.

Junto al aeródromo se habilitaron un hospital de campaña, un economato con género de Alemania y «un burdel privativo del personal alemán, bajo control sanitario de su Estado Mayor», un esquema que se repetiría en otros lugares.

Salburua albergó a la escuadrilla experimental de bombarderos VB/88, además de a las fuerzas de la Aviazione Legionaria italiana.

LA TRASTIENDA NAVARRA

Nafarroa también fue escenario de la trastienda de la Legión Cóndor, ya que en su territorio fueron emplazados efectivos de esa fuerza aérea. Incluso antes de que se instalaran, hubo una formación de Junkers denominada “Escuadrilla Navarra”, creada en diciembre de 1936 y comandada por José Larrauri y Gil Mendizábal.

La escuadrilla de reconocimiento A/88 estaba acantonada en Buñuel y en algunas localidades navarras, estaban alojados soldados del grupo de bombardeo K/88. Por su parte, el batallón de artillería antiaérea F/88 se encargó de la defensa del aeródromo de Buñuel, Cortes y seguramente de Ablitas.

En el paraje conocido como El Montecarlo, a 5 kilómetros de Buñuel, se asentó un aeródromo de la Cóndor entre octubre de 1937 y el umbral de 1939.

Las infraestructuras eran «rudimentarias», con un cuerpo de guardia, un edificio para la tropa y otro para los oficiales. Algunos miembros de la Legión Cóndor fueron alojados en el aeródromo, otros en locales municipales y también en viviendas particulares.

Contaba con un sistema de defensa propio integrado por tres baterías antiaéreas FlaK-18 de 88 mm.

En origen, tenía una dotación de unos treinta alemanes entre mandos, pilotos, mecánicos, personal de vuelo y mantenimiento, y una veintena de franquistas del cuerpo de guardia. Al final de la campaña y con la llegada de los aparatos Dornier Do-17, la plantilla se duplicó.

Otro de los emplazamientos clave de la Legión Cóndor era el Balneario Nuevo de Baños de Fitero, donde fue instalado su Estado Mayor desde principios de 1937 hasta la primavera de 1938, salvo la temporada oficial de baños, cuando fue trasladado a Alfaro.

La mayor parte de los legionarios se instalaron en la Casa del Tío Jabonero, la mansión del industrial Manuel Alfaro, con muchos de ellos haciendo instrucción militar en el paseo de San Raimundo de la localidad.

También hubo alemanes alojados en Tutera, en concreto en el antiguo seminario, ubicado en el actual Centro de Salud Oeste. Y lo mismo sucedió en poblaciones como Cintruénigo, Corella o Cascante.

Otro lugar en el que la Legión Cóndor desplegó una guarnición fue Cortes. La jefatura se instaló en el castillo, mientras que la tropa fue ubicada en casas particulares, así como en la Azucarera de la Compañía del Ebro.

ITALIANOS EN ABLITAS

Por su parte, el aeródromo de Ablitas fue puesto en funcionamiento en 1937 y sirvió de base a la Aviazione Legionaria de Mussolini. Disponía de cinco pabellones para oficiales, con dos dormitorios, un descansillo y un edificio utilizado como cocina-comedor. Los suboficiales contaban con unas instalaciones similares, al igual que la tropa. Su construcción fue llevada a cabo por esclavos del franquismo.

Como en el caso de sus colegas alemanes, los italianos se instalaron en la Ribera navarra cuando sus objetivos se encontraban en los frentes de Teruel y Aragón. Al terminar la batalla del Ebro, las escuadrillas de Savoia-Marchetti SM-81 asentadas en la península se disolvieron, incluyendo la de Ablitas. Pero este aeródromo sigue actualmente en funcionamiento para complementar al polígono de tiro de Bardenas.

Curiosamente, Noain, donde se asienta el único aeropuerto del herrialde, no fue utilizado como base por la complejidad de la orografía circundante, su pista era entonces muy corta y porque las condiciones de visibilidad y meteorología solo eran óptimas en verano.

Aunque sin aeródromo, Iruñea debió de contar con una escuela de oficiales, dentro de lo que se conocía como Gruppe Imker, aunque «su estela se difumina», reconocen los Torres. Según algunos testimonios, unos 16 altos mandos alemanes estaban instalados y daban instrucción en el chalet de los Muguiro, que estaba situado cerca del antiguo campo de fútbol de Osasuna, en el barrio de Donibane.

UNA ESTELA DE DESTRUCCIÓN

Esas fuerzas aéreas dejaron a su paso una estela de brutal destrucción en Durango y Gernika, como se recuerda en el libro. En el primer caso, el bombardeo ejecutado por la Aviazione Legionaria el 31 de marzo de 1937 se saldó con 336 muertos y 950 heridos, y 300 edificios dañados, 70 de ellos totalmente destruidos.

Menos de un mes después, el 26 de abril de 1937, tuvo lugar el bombardeo de Gernika, que se cobró unas 300 víctimas, aunque algunos historiadores elevan esa cifra a 2.000. El grado de destrucción de la villa fue próximo al 75%, con un volumen de lanzamiento de 31.000 kilos de bombas, el doble que en Durango. Un total de 271 edificios terminaron arrasados en su totalidad y el resto de inmuebles, dañado parcialmente.

Una vez finalizada la guerra, la Legión Cóndor y la Aviazione Legionaria se despidieron de los lugares donde habían estado acantonadas. En Nafarroa, Iruñea fue escenario de una parada militar con las principales autoridades que se celebró en el Bosquecillo de la Taconera.

Así terminaba el papel jugado por esos pilotos nazis y fascistas, que contribuyeron desde el aire con sus bombardeos de terror a la victoria franquista en la guerra del 36 y que dejaron su particular huella en Nafarroa.