2026 URT. 27 RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN MUNDIAL Elkarrizketa Juan hernández zubizarreta Investigador de OMAL «La única certeza es que el realismo de Trump nos lleva a la destrucción» Juan Hernández (Bilbao, 1958) es probablemente uno de los analistas más destacados de los sistemas normativos en la globalización económica que hay en Europa. Coautor de libros como “Contra la lex mercatoria”, es miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos y también investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL). (Gorka CASTILLO) Gorka CASTILLO {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Donald Trump acaba de proclamar el fin del multilateralismo y el principio de una nueva era. ¿Qué tipo de orden mundial está emergiendo entre las ruinas del neoliberalismo global? Se está imponiendo un unilateralismo autoritario que ya no solo emplea la guerra comercial, sino un intervencionismo militar claramente imperial destinado a establecer nuevas reglas mediante la expansión del miedo y la creación de enemigos funcionales. Lo hace a nivel interno, con los colectivos de migrantes a los que considera obligatorio disciplinar, y en el plano internacional, con coacciones y amenazas a países soberanos para ejercer un control directo. Y lo ejecuta con impunidad, bien sea interviniendo en Venezuela, imponiendo aranceles o buscando una confrontación como sucede con China, su gran enemigo. Su política es una mutación del bilateralismo asimétrico neocolonial que ha presidido las relaciones internacionales en las últimas décadas y que tan buen servicio prestó a las élites transnacionales y tantos destrozos causó a los derechos de muchos pueblos y al medio ambiente. Recientemente escribió que este desmontaje «trumpista» opera mediante la «paralegalidad». ¿Qué significa este término? Tiene que ver con una serie de prácticas de dominación en el ámbito global, nacional y también regional practicadas contra personas a las que no consideran acreedoras de derechos. Me refiero a esa idea del ‘desecho humano’ que explica Zygmunt Bauman. Son actuaciones pseudonormativas de corte neofascista que tratan de legitimar su propia reinterpretación de los derechos humanos. Es un proceso que ya venía realizándose antes de la llegada de Trump a través de la precariedad, la desigualdad, la idea de explotación y una necropolítica centrada en la eliminación de la gente que no produce o no consume. Esos procesos de dominación, ¿no lo ejercían ya las grandes transnacionales frente a los Estados soberanos? Esos procesos siguen existiendo. Lo que ocurre ahora en Gaza o Venezuela es un nuevo giro de tuerca, pero ahora sin el sometimiento a estructuras institucionales ni legales que puedan obstaculizar su deseo de apuntalar un supremacismo manifiesto. De esta manera, la ‘paralegalidad’ taladra el derecho internacional y los derechos humanos construyendo de manera absolutamente arbitraria una lógica de actuación y un espacio de funcionamiento paralelo. Todo esto es muy peligroso porque solo es rentable para la extrema derecha y para el orden de competitividad en el que se manejan las élites. La «Junta de Paz» para Gaza presentado por Trump, ¿lo enmarca en esa «paralegalidad» de la que habla? Absolutamente. De hecho, es la constatación nítida de la ‘paralegalidad’. Trump pretende levantar su propio imperio cuyo texto jurídico fundacional ha sido elaborado por un equipo de asesores a su servicio y donde él se coloca como el gran emperador y el único capacitado para resolver conflictos como si fuera un gestor de empresa. ¿Ha dinamitado definitivamente la ONU? No lo sé, pero ladea por completo a una organización multilateral, con sus contradicciones e incompetencias. Trump ha señalado que el camino a seguir a partir de ahora va a estar delimitado por un nuevo espacio normativo que funcionará al margen de los tratados internacionales. Por si fuera poco, ha invitado a dictadores a sumarse a su causa y a esa ‘Junta de paz’, entre ellos Netanyahu. Les pide dinero y amenaza a quien rechace su proyecto. Trump ha mostrado sus intenciones y numerosas empresas de Turquía, la UE y EEUU ya han empezado a salivar con el botín de la reconstrucción. Pero lo más grave es que no tiene en cuenta al pueblo palestino. ¿Cómo contrarrestar un poder que impone su fuerza bruta y la amenaza? Es difícil, pero mantengo la esperanza. Creo que hay resquicios para la actuación de la sociedad civil organizada. No podemos limitarnos a mirar con perplejidad lo que sucede. Vivimos un momento donde han saltado todas las costuras del derecho internacional, pero existe una resistencia activa dispuesta a reconfigurarlo desde abajo, con propuestas que pongan los derechos de los pueblos en el centro y hagan un uso alternativo de los tratados internacionales para subordinar la especulación, la propiedad privada y la desigualdad. ¿No suena un poco utópico? Sí, pero la única certeza que tenemos es que el realismo embrutecido de Trump nos lleva a la destrucción. Por lo tanto, solo nos queda construir una utopía jurídica desde abajo en respuesta a esa ‘paralegalidad’ que solo admite la lucha de las élites por la hegemonía mundial. La única forma de avanzar es disputar las normas que avalan las locuras del ‘trumpismo’. Hablo incluso de proponer una reconstrucción de las ONU sin vetos del Consejo de Seguridad y con la presencia de organizaciones sociales y sindicales internacionales. Ya sé que todo esto puede sonar a utopía jurídica, pero me parece que en estos momentos es lo único que nos queda. Nuestras armas son la desobediencia, la confrontación y el boicot. ¿Augura un periodo de agitación y enfrentamientos? Sí, porque el escenario es muy complejo. Fíjese, yo preveo hasta confrontaciones militares entre Estados que pertenecen a espacios geopolíticos distintos. El tema del petróleo de Venezuela, por ejemplo, es un punto de fricción que acaba de comenzar. Trump ya ha dejado caer que cierra todas las vías de venta a Rusia y China. ¿Cómo puede terminar eso? Aunque Pekín no está en la posición del conflicto directo con EEUU, queda la duda de si acabarán retirándose de América Latina sin más. Evidentemente, no creo que entre en una confrontación bélica con Washington, pero tensionará las relaciones internacionales hasta el límite. Canadá, también en el radar de Trump, acaba de firmar un tratado comercial con China. Esta puede ser una nueva semilla de enfrentamiento porque EEUU, como potencia en declive, ha empezado a golpear a todos los lados. Por lo tanto, preveo conflictos geopolíticos de alta intensidad y quienes más lo sufrirán, lamentablemente, serán los pueblos. Por eso es tan importante la resistencia. Esta semana hemos visto cómo dos comunidades indígenas de lugares tan distantes como Suecia y Colombia están plantando cara a la papelera más grande del mundo, la irlandesa Smurf Westrock. El primer ministro canadiense, Mark Carney, acaba de dar por finiquitado el orden mundial y ha pedido una reacción internacional contra el autoritarismo. ¿Es la extrema derecha la más beneficiada de este cambio de era? Lo que es perceptible es que las élites tienen dificultades para aumentar su tasa de beneficios y han optado por atacar abiertamente los derechos colectivos apelando a criterios privados como la propiedad o la especulación. Esto encaja con el concepto de dominación donde una serie de valores que solo benefician a las élites son asumidos por los sectores oprimidos. Y en esa dinámica de dominación nos encontramos que la derecha extrema y la extrema derecha, aunque también sectores de izquierda moderada, han aceptado unas reglas de juego que convierten la seguridad y las guerras en elementos de acumulación necesario. Esto es gravísimo porque normaliza la existencia de un capital inversor que acepta la pura destrucción como un mecanismo de lograr beneficios mediante la reconstrucción posterior. Lo estamos viendo con el proyecto de Trump en Gaza. Este es un terreno abonado no solo para que las extremas derechas crezcan, sino para dejar atrapada a la socialdemocracia en una maraña de valores neoliberales como el crecimiento, la rentabilidad, la desigualdad y el poder corporativo claramente jerárquico. La UE ha anunciado que aplicará provisionalmente el acuerdo con Mercosur pese a que la Eurocámara ha remitido el texto al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) para que evalúe su legalidad. ¿Qué opina? Sorprende que los mismos Estados que dicen defender la separación de poderes como el signo de pureza del sistema democrático respalden ahora esa fórmula. Es cierto que la UE tiene mecanismos para aplicarlo de manera provisional hasta tener la sentencia del TJUE, pero siempre lo ha hecho con el aval preliminar del Parlamento Europeo. Creo que la ansiedad por construir mercados al margen de las garantías judiciales se aleja de los procedimientos democráticos. En OMAL consideramos que estos tratados no benefician al conjunto de trabajadores y trabajadoras ni fomentan un desarrollo positivo del medio ambiente. Menoscaban la soberanía alimentaria y no contribuyen a una redistribución de la rentabilidad. Los grandes beneficiarios son las estructuras transnacionales porque ellas son, realmente, el objeto central de estos tratados. Desde el punto de vista jurídico, las referencias a los derechos humanos y los derechos colectivos o medioambientales son pura retórica mientras que la armadura legal para proteger la inversión y la ganancia empresarial es muy alta. Hay sectores de la izquierda que dicen que el contexto ha cambiado y que habría que apoyar este tipo de acuerdos. No estoy de acuerdo. Algunos analistas defienden que Mercosur puede frenar el colonialismo de Trump. Me parece un argumento especulativo, una hipótesis que probablemente tenga visos de realidad aunque a tenor de la agenda autoritaria y cortoplacista de Trump quizá reaccione con amenazas si no suspenden un tratado que cumple a rajatabla los principios neoliberales de crecimiento. ÉLITES«La ‘paralegalidad’ solo es rentable para la extrema derecha y para el orden de competitividad en el que se manejan las élites» MERCOSUR«Sorprende que los Estados que dicen defender la separación de poderes quieran aplicar Mercosur sin el aval de TJUE» ALTA INTENSIDAD«Preveo conflictos geopolíticos de alta intensidad y quienes más lo sufrirán serán los pueblos»