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DE REOJO

El deber conyugal


La Asamblea francesa acaba de aprobar por ley la eliminación del denominado «deber conyugal», por lo que instaura el consentimiento en las relaciones sexuales en el matrimonio y no la obligación como se entendía hasta ahora. Sin entrar en profundidades, la inmensa mayoría de ustedes han entendido que se trata de algo que ayuda a eliminar los actos de violación o abuso cometidos por los varones. A nadie se le puede ocurrir que la esposa, por muy fogosa que sea, obligue al marido a tener relaciones sexuales si por cualquier razón se niega o no le apetece.

La familia tradicional se fundamentó siempre en esa sumisión de la mujer a los deseos y frecuencias del hombre. La sexualidad de las mujeres no existía, debían estar a disposición del cafre de turno cuando le apeteciese, aunque fuera de madrugada y el gachó llegase con una borrachera descomunal. Sin ninguna atención previa, de manera automática, las más de las veces no sintiendo nada y, además, debiendo disimular o hasta fingir. Un calvario que sufrieron muchas generaciones y que se escudaba en concepciones patriarcales del rancio catolicismo imperante.

En el derecho francés se incluía en el matrimonio la fidelidad como obligación, asunto mucho más controvertido, pero que en la iniciativa legislativa actual también se ha intentado eliminar. Además de los efectos cotidianos en la vida de las mujeres, estos avances ayudan a los conflictos de divorcio, ya no se podrá alegar incumplimiento del deber conyugal. Paradojas de nuestros tiempos, en materias de estructura social y familiar, estamos con leyes del XIX en pleno siglo XXI.