2026 OTS. 07 JOPUNTUA Pragmatismo no es conformismo Arturo PUENTE Periodista {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} La mayoría de izquierdas europeas que no han perdido el oremus y que son capaces de hacer una lectura compleja y responsable del mundo han abrazado alguna suerte de pragmatismo antifascista. En Francia eso puede significar diluirse en un frente popular; en España, contar en la suma precaria para investir a Pedro Sánchez; en Alemania, quizás, abrazar la opción menos mala de la gran coalición. Ninguna de estas opciones puede entusiasmar a quien crea en la izquierda como fuerza transformadora, pero la mayoría entendemos que en la actual coyuntura los grandes avances sociales solo serán posibles si logramos que las fuerzas reaccionarias no asalten las instituciones. El peligro es tan grave, real y cercano que ni siquiera podemos elegir nuestros propios objetivos, porque ese deber nos interpela con máxima urgencia. Ante eso solo puede haber coaliciones monstruosas, respuestas híbridas, traición ideológica, mínimos comunes y pactos con el diablo. Hubo antes que nosotros quien cogió el tren del káiser. Pero, igual que se abraza el pragmatismo sin reservas y sin enrojecer al proclamarlo, también hay que señalar que esa apuesta debe ponerse siempre en antagonía con el conformismo. El mal menor es siempre el menor, por lo que debemos elegirlo, pero sin olvidar jamás que es mal. Eso genera el compromiso y la obligación de crear opciones buenas o, al menos, males mejores. Una interpretación mínimamente atinada de la realidad política solo puede insuflar pesimismo. Es necesario para pensar con claridad y descartar atajos inviables, pero tiene como efecto secundario hacernos olvidar que ninguna alternativa preexiste. No está ahí esperando para aparecer de forma mágica ante nosotros. Las posibilidades se construyen o no existen. Se imaginan colectivamente antes de lograrlas. Se contagian, se cree en ellas. Se sudan y se luchan. Elegir el mal menor y no conformarnos con él es el único programa que no nos avergonzará mañana. Ninguna alternativa preexiste. No está ahí esperando para aparecer de forma mágica ante nosotros. Las posibilidades se construyen o no existen