2026 OTS. 08 JOPUNTUA Idiotas virtuales Fede de los RÍOS {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} Decía Rafael Argullol, hace dos décadas, «los necios nunca saben que lo son y los canallas nunca lo declaran». Hoy, los necios siguen sin saber que lo son y los canallas, sin embargo, anuncian sus intenciones a los cuatro vientos, orgullosos de su maldad. Así, los Trump, Musk, Netanyahu, Epstein y demás ralea. Por eso la necedad de los necios se ha incrementado exponencialmente. Necios y canallas, una simbiosis perfecta para el desarrollo del fascismo; individuos de la peor catadura encumbrados como modelos a imitar por una juventud adocenada en las denominadas redes sociales; redes que actúan como patrones de comportamiento al compás de un algoritmo determinista y en absoluto aleatorio, convirtiendo a sus usuarios en eternos adolescentes, es decir, en individuos reacios a asumir responsabilidades. El «me gusta» o «no me gusta» como criterio onanista de actuación. Una sociedad virtual dividida entre influencers (nuevo concepto) y seguidores ¿Existe algo más parecido al fascismo? ¿Y la sociedad real dividida en clases sociales? «¡Qué dices bro, no me seas boomer!» Al parecer todos queremos lo mismo y, por lo tanto, aun diferentes, el deseo nos hace iguales en la nube. Así caminamos con la vista pegada a la pantalla del smartphone y los oídos protegidos de la realidad circundante por auriculares que evitan sus desagradables sonidos. No es de extrañar el actual auge del fentanilo y el retorno de la heroína como drogas de la individualidad de los nuevos sujetos. Se trata simplemente de estar bien y no depender de nadie. Solo hay que acercarse al patio de una escuela durante el recreo para vislumbrar el futuro un tanto desolador: adolescentes atentos a sus pantallas y ajenos a sus iguales en idéntica actitud. Y algunos se preguntan por el «déficit de atención». ¿Cómo si no entender que individuos a todas luces dañinos para con los demás, que en otras sociedades hubieran sido condenados al ostracismo, determinen nuestras vidas? No existen canallas sin necios, es la dialéctica del amo y el esclavo. No existen canallas sin necios, es la dialéctica del amo y el esclavo