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Dos penas en observación


Mientras la niña hacía los deberes, observaba cómo su madre abandonaba la labor sobre el regazo y alzaba los ojos para mirar, ensoñadora, por la ventana. Parecía fugarse, irse de viaje, y a la niña le daban luego ganas de preguntarle, y que le contara los lugares en los que había estado.

María Gaite murió en 1978, y su hija, Carmen Martín Gaite, escribió “De su ventana a la mía”, un cuento tan breve como intenso que parte de aquel recuerdo infantil. Y convierte su emocionado in memorian en una reivindicación de todas las mujeres, que han necesitado escapar con ese gesto. Su madre le enseñó a coser, y también a fugarse -“tejido” y “texto” tienen la misma raíz-, así que se metió a novelista.

En 1985, a los 29 años, murió Marta, la hija de una devastada Carmen Martín Gaite. Aquel mismo año se fue a dar un curso al Vassar College, cerca de Nueva York, e intentó allí poner orden en el dolor. Escribió el bellísimo “El otoño en Poughkeepsie”; su hija es una ausencia omnipresente. “No se nombra lo secreto, se cuenta”, escribió; y en efecto “De hija a madre, de madre a hija” responde a la necesidad de articular el duelo distanciándose de lo impostado. Un breve volumen que vale su peso en oro.