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TRAS LAS ELECCIONES EN ARAGÓN

Fracasa la táctica del PP: Vox lo captura, tal como quiere Sánchez

La extrema derecha dobla los resultados y los «populares», pierden votos y escaños. El PSOE cae a su suelo histórico y las estrategias para las generales asfixian a las filiales regionales. El soberanismo se consolida como refugio y la izquierda confederal sigue sin tomar nota. Feijóo advierte a Abascal por las negociaciones por venir.

(Ramón COMET | EUROPA PRESS)

Los resultados han sido casi calcados a las predicciones aunque un poco peor para el PP. El PSOE se ha desplomado, Vox casi ha duplicado sus votos, al igual que la soberanista Chunta. La fragmentación castiga a la izquierda confederal, que sigue esclava de sus pleitos en Madrid. La participación ha mejorado un punto con respecto a 2023, por tanto sin cambios en ese horizonte que puedan justificar que el PSOE empate en escaños su debacle de 2015 (18), aunque tiene tres puntos más que en aquella oportunidad.

El mapa que han dibujado los 663.000 aragoneses que votaron deja tres opciones posibles para un pacto de investidura: PP con Vox, PP con PSOE, o PSOE con Vox y Chunta. Siendo la tercera un realismo mágico y la segunda muy improbable debido a las cuitas en Madrid, todo se encamina a una negociación dura entre las derechas, con cuestiones inasumibles sobre la mesa y la amenaza de una repetición electoral. Tal como era el anhelo de Pedro Sánchez.

Da la impresión, tras los comicios en Extremadura y Aragón, y lo que ya se vislumbra que será Castilla y León, que los partidos estatales tienen asfixiadas a sus filiales regionales. La estrategia diseñada para la disputa en las próximas generales es un corsé para las baronías. Génova pidió a sus barones que exhiban «coherencia» y convoquen elecciones allí donde la ultraderecha se negaba a pactar presupuestos, según han confirmado delante y fuera de micrófono desde la cúpula del partido. Era el camino para una hoja de ruta de desgaste para Moncloa ya que, por las comunidades de las que se trata, las derrotas del PSOE estaban y están casi aseguradas. Un vía crucis para Sánchez pero también para los barones territoriales que ven a un Vox crecido que los captura. Y que además les retrata que ganan perdiendo: tanto la presidenta extremeña María Guardiola como el aragonés Jorge Azcón han visto bajar sus votos absolutos (y en el caso del segundo, perdido incluso dos escaños). Con el partido de Abascal en auge, lo que demandarán para investir será más difícil.

Los socialistas no quieren perder y preferirían ganar, es obvio. Pero dentro del escenario negativo, Ferraz quiere agudizar las contradicciones de Feijóo con Abascal pensando en el retrato que le sirva a él, como en 2023. Un Vox que tenga de rehén al PP y lo haga abdicar de algunos principios beneficia a Sánchez, que parece estar pensando a largo plazo al entregar a piezas de su confianza a una derrota asegurada (como son Pilar Alegría, Oscar López y María Jesús Montero).

En tanto, la izquierda confederal se desangra por sus desacuerdos, que vienen también desde Madrid en mayor medida. La imposibilidad de sentarse en una mesa a acordar sin vetos y con generosidad tiene más que ver con el conflicto de liderazgo en el plano estatal que con divergencias en los territorios. Podemos veta a Sumar, IU quiere liderar la reconstrucción del espacio y los soberanismos no quieren entrar en ese fango. Las conversaciones entre las partes fracasaron en Aragón y Podemos ha quedado fuera de las Cortes e Izquerida Unida solo ha obetnido un escaño.

En esa mesa estuvo la Chunta que al acudir en solitario, se ha beneficiado: ha doblado escaños y votantes. Ha tenido el candidato a presidente más joven de la historia, Jorge Pueyo, que tuvo un discurso de país, propositivo e interpelando a los jóvenes. Su éxito consolida una tendencia: frente a la riña y caos de la izquierda confederal, el votante busca el refugio territorial, formaciones con raigambre y muchos años de calado.

¿Y LA EXTREMA DERECHA?

Crece a base de tres pilares: quedarse con votantes del PP y, en menor medida, del PSOE; gracias a gente que antes se abstenía; y por los nuevos votantes. Vox canaliza el enfado, da respuestas populistas y básicas a un tiempo histórico signado por el caos y su paradigma cuenta con el tobogán de las grandes plataformas tecnológicas. Pero no todo es una debacle. El voto sumado en Aragón de la Chunta, IU, Podemos y Teruel Existe (partidos antifascistas y que han pactado con el PSOE la investidura de Sánchez) es de 17,2%, muy cerca de los 17,9% de Vox. Si hubiera habido un frente amplio la foto y debate del día después sería distinta.

La pregunta que surge con esta aritmética parlamentaria es doble. Si el PP ni PSOE quieren gobernar con Vox, con una izquierda confederal fragmentada, solo queda la opción del pacto bipartidista, y que hablen entre sí, al estilo alemán. Por otro lado, la caída del PSOE es tal que no es irracional preguntarse si el mantra del miedo a la ultraderecha ya no ha dejado de funcionar.

Aragón es el Ohio español, dicen muchos analistas, porque su tendencia suele ser la de las generales. Pero en unas autonómicas no es homologable. Y también ese axioma estatal queda más oxidado porque el hecho diferencial en las últimas generales, y según las encuestas así lo seguirá siendo, son que en esa ocasión votan vascos y catalanes.