2026 OTS. 12 TRES ADIOSES El cuerpo como territorio del duelo Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} Artikulu hau irakurtzeko erregistratu doan edo harpidetu Dagoeneko erregistratuta edo harpideduna? Saioa hasi ERREGISTRATU IRAKURTZEKO {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Klikik gabe gelditu zara Harpidetu {{/data.noClicksRemaining}} El punto de partida de la nueva película de Isabel Coixet es, irónicamente, un final. Tras siete años juntos, Marta y Antonio rompen, pero es ella quien absorbe el golpe con mayor crudeza. La ruptura no solo altera su vida emocional, sino también su relación con la comida, convirtiendo el malestar afectivo en un problema físico. A partir de ahí, la película se desmarca del relato clásico de desamor para reflexionar sobre la vida, la ausencia y el propio cuerpo. Coixet filma desde un territorio que le es muy propio. Primeros planos, silencios prolongados y una mirada insistente hacia lo pequeño, lo sensorial. La cámara se aproxima a la piel y a los gestos, sobre todo a los de Marta, acompañando su lento proceso de reconexión física y emocional. El núcleo afectivo de la película descansa en Alba Rohrwacher, que construye una Marta frágil y profundamente física. En el plano visual, “Tres adioses” despliega una fotografía delicada que envuelve a los personajes. Roma aparece despojada de cualquier tentación turística y funciona más bien como un estado de ánimo. Pero esta devoción por la atmósfera acaba pasando factura y el conflicto queda en segundo plano. La narración se apoya más en la elegancia formal que en una tensión dramática capaz de sostener todo el recorrido. Es una película muy recomendable, pero que deja un poso un tanto extraño. Los ingredientes del cine de Coixet están todos presentes: sensibilidad, intimidad, poesía de lo cotidiano. Pero algunos de esos elementos no terminan de mezclarse, y el conjunto, como su protagonista frente al plato, se queda demasiado tiempo contemplando la escena sin decidirse a dar el primer bocado.